La Gaceta Jurídica

Práctica de una muchedumbre

Queda claro que los linchamientos son un fenómeno colectivo, que no puede ser reducido a la  suma de comportamientos personales, sino más bien es el resultado de una acción colectiva. Todos los expertos –psicólogos, sociólogos o juristas– confluyen sobre esta característica del fenómeno.

El linchamientos es fruto de la acción de una muchedumbre, que muchas veces hace advertencias.

El linchamientos es fruto de la acción de una muchedumbre, que muchas veces hace advertencias. Foto: Archivo La Razón

Elise Gadea

00:00 / 21 de octubre de 2015

El carácter grupal de los linchamientos es reconocido desde las primeras ejecuciones de carácter racista que se perpetraron, sin proceso legal, sobre personas afrodescendientes en Estados Unidos desde el siglo XVIII.

Cuando se produce un linchamiento no hay autoridad elegida con mandato para decidir la condena de alguien a una muerta violenta, sino, más bien, una muchedumbre que, ocasionalmente, se reúne y, al calor del momento, causa a una persona lesiones de efectos mortales en la mayoría de los casos. No parece haber una meta claramente establecida cuando ocurren dichos actos, sino la de expresar rabia y descontento respeto a una situación.

La práctica y las políticas públicas

Entonces, podemos interrogarnos sobre la representación que se tiene respeto a esta práctica como un acto individual. En Bolivia, durante la etapa de investigación de un linchamiento, se trata de identificar a las cabezas del movimiento que hubieran podido cometer este asesinato público.

¿Cuál es el sustento epistemológico al concebir este tipo de crimen como un acto individual? ¿Sobre todo en un país que reconoce desde la Nueva Constitución Política de Estado (cpe) de 2009 el carácter colectivo del derecho (artículo 30) así como de las formas de vivencias (artículo 8)?

El Estado Plurinacional empezó hace varios años ciertas políticas de lucha contra las prácticas de linchamiento. En el artículo 5 punto V, la ley de Deslinde Ju- risdiccional estipula que “el linchamiento es una violación a los Derechos Humanos, no está permitido en ninguna jurisdicción y debe ser prevenido y sancionado”. Ninguna política pública de erradicación de dichas prácticas podrá llegar a ser eficaz si el planteamiento inicial esta truncado. Ninguna cura puede ser eficaz sino proviene del buen diagnóstico.

Se mejoraría el impacto de la sanción de dichas prácticas al considerar los linchamientos como fruto de la acción de una muchedumbre, pero, al igual, se simplificaría mucho la etapa de investigación. Además, es muy arriesgado tratar de romper la omertá (ley del silencio) acerca de un acto de linchamiento, dado que fragiliza los mecanismos de dilución de la culpabilidad. Sin el efecto de muchedumbre, casi nadie se atrevería a hacer lo mismo en forma solitaria o con un número reducido de personas. Así, es importante que el grupo entero sea considerado como el autor de los hechos.

Al igual que para las víctimas de crímenes, el carácter colectivo de la violencia que sufrieron puede ser un factor agravante del trauma. En esta perspectiva, en Francia se cambió textos jurídicos para considerar como un factor agravante el carácter grupal del crimen cometido en las tournantes (o violaciones colectivas).

Se consideró que el impacto de la violación de una persona sobre otra no es de la misma intensidad que el de varias personas sobre una sola. Al igual, la imposición de una lógica individual puede parecer rigorosa y amenazante para grupos, a lo cual se está subsistiendo una lógica plural.

Lejos de ser anecdótico, el paradigma que sustenta el análisis de los linchamientos permite ver cuál es el grado de importancia que queremos dedicar a los lugares donde ocurren. Por lo visto, lo colectivo se volvió una característica difícilmente cuestionable en Bolivia.

Es antropóloga y candidata a doctorado, actualmente trabaja en investigaciones sobre el Pluralismo Jurídico.

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