La Gaceta Jurídica

Prejuicios de una junta escolar

…respetando los derechos de las personas en todo sentido, pues si esto no sucede y persiste el entramado machista, colonial, pseudocultural y de abuso de poder y fuerza ninguna persona estará segura en la calle, en el colegio o en su casa, como lo confirman los índices de violencia contra la mujer y otros delitos como el abuso de menores y la trata de personas de cualquier condición y edad.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 20 de enero de 2015

Pese a los avances logrados mediante normativa y a través de la difusión de los medios de comunicación, en algunos sectores del país persiste el comportamiento colonial en cuanto a factores educativos y de relacionamiento social. Por lo menos así podría verse la actitud de padres y madres de familia del Liceo La Paz, ubicado en la sede gobierno, institución formativa que por 67 años permaneció solamente con alumnado femenino y que, a partir de esta gestión, se convertirá en mixto.

En años recientes se registró el mismo tipo de comportamiento de progenitores que tenían a sus hijos e hijas en establecimientos educativos que desde sus inicios funcionaron con pupilos de solo uno de los dos sexos, pero que, de acuerdo a las nuevas tendencias de la educación y al avance normal de la sociedad, tuvieron que modificar su peculiaridad e inscribir a mujeres y hombres para que sean formados y formadas indistintamente en sus aulas. En estos casos fue absurdo e incoherente –cuando se trata de personas jóvenes– que también los alumnos se opusieran a esta evolución que convierte a los colegios en mixtos.

Si bien los padres y madres son repetitivos al intentar convertir en verdad sus alegatos para no aceptar en esas unidades educativas a personas jóvenes e infantes de otro sexo, llama la atención la construcción misma de estos argumentos, pues se llegó al extremo de sostener que es un “peligro” el ingreso de varones a ese liceo que hasta el año pasado solo era de mujeres. Según publicaciones de prensa, ese argumento proviene nada menos que de la presidenta de junta escolar del turno de la tarde del liceo, esta posición, además, incluye la creencia de que ese cambio implicaría una distracción para sus hijas porque están acostumbradas a ver aulas con solo mujeres.

El tema se agrava debido a que la escuela Argentina que se encuentra frente a la anterior solo funciona con el ciclo primario, por lo que debe transferir parte de su alumnado a una institución que ofrezca el ciclo secundario, en este caso se trata de una nómina –ya conocida por la Dirección Distrital de Educción– de 21 alumnos varones y que debe ser entregada a la directora del Liceo, quien no podrá actuar en forma discriminatoria como lo pretenden hacer algunos padres y madres de familia.

Por otra parte, más allá del ejemplo que pueda significar este acto arcaico de esa junta escolar, debemos puntualizar que en el país se requiere formas más naturales y, si se quiere, adelantadas y humanas de convivencia entre los habitantes, pues el aislamiento, el prejuicio, el resquemor y la discriminación, entre otros desatinos, no han sido de ayuda para superar problemas en ningún nivel.

En este caso la seguridad o integridad de las estudiantes no dependerá de que compartan los estudios con varones, sino de que aprendamos a convivir respetando los derechos de las personas en todo sentido, pues si esto no sucede y persiste el entramado machista, colonial, pseudocultural y de abuso de poder y fuerza ninguna persona estará segura en la calle, en el colegio o en su casa, como lo confirman los índices de violencia contra la mujer y otros delitos como el abuso de menores y la trata de personas de cualquier condición y edad.

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