La Gaceta Jurídica

Principios consuetudinarios del Derecho Internacional Humanitario

(Parte final)

Foto: elgrancapitan.org

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La Gaceta Jurídica / Juan Herminio García Zeballos

00:00 / 03 de julio de 2012

Ejemplos en la Historia Constitucional Argentina

Luego de haber abordado de manera teórica los principios del dih y de mencionar ejemplos europeos respecto a tales principios, en la última parte de este trabajo exponemos cuatro casos ocurridos durante las compañas militares que se vivieron en Sudamérica en el siglo xix, sea por la independencia contra los ejércitos realistas en lo que fuera el territorio de los virreinatos del Río de La Plata y de Perú o a título de guerra civil en Argentina, entre unitarios y federales.

Dichos acontecimientos referidos a normas de costumbre en materia humanitaria y la represión de los mismos por constituir su transgresión un crimen de guerra o infracción grave al Derecho Internacional Humanitario (dih), moldearon la realidad política nacional.

El primero de ellos ocurre en diciembre de 1810, en el Alto Perú (actual Estado Plurinacional de Bolivia). Una de las misiones militares que ordenara la Primera Junta de Gobierno, surgida en Buenos Aires el 25 de mayo de 1810 (1), fue la de lograr que las provincias del Alto Perú, por ese entonces parte del Virreinato del Río de la Plata, se plegaran a la causa juntista; con tal fin, fue enviado a esa región el Ejército del Norte, en lo que sería la Primera Expedición Auxiliadora al Alto Perú, a cuyo mando político se encontraba uno de los vocales de la Primera Junta, el abogado Juan José Castelli. Formaban parte del contingente los militares Eustaquio Díaz Vélez y Antonio González Balcarce.

La suerte de estas huestes fue dispar, después de haber sido obligadas a retroceder en Santiago de Cotagaita (2) sobrevino el primer triunfo favorable a la causa patriota: la victoria en Suipacha (3), pero finalmente las fuerzas de la Junta fueron arrasadas en el desastre de Huaqui (4), donde las tropas enemigas se recuperaron de Suipacha.

A los pocos días de esa batalla se produjo la captura de los jefes militares realistas Vicente Nieto y José Córdova y del gobernador de Potosí Francisco de Paula Sanz.

Los prisioneros, todos españoles, quedaron detenidos en la Casa de la Moneda potosina (5).

La primera Junta había instruido a Castelli que sentenciara a muerte a Nieto y a Sanz, pero las directivas no contemplaban sancionar de ese modo a Córdova; sin embargo, Castelli decidió incluirlo para que recibiera la pena máxima debido a su conducta y por haber enarbolado durante la batalla de Suipacha una bandera negra con calaveras, mostrando al enemigo que no daría cuartel (6) y llevaría adelante el combate hasta que no hubiera sobrevivientes. La sentencia de ejecución fue cumplida el 15 de noviembre de 1810 (7).

Analizando los hechos, vemos cómo es sancionada una persona por cometer una infracción grave al dih, cual es conducir las hostilidades en función de no dar cuartel al oponente (8). Este límite a los medios y métodos de llevar adelante operaciones militares mereció ya en esa época la más dura de las sanciones para su autor, lo que demuestra la importancia que se le otorgaba al respeto de las normas del derecho bélico, es decir el actual dih, por cuanto Córdova, en su condición de militar realista vencido, no corría el riesgo de sufrir semejante castigo por el mero hecho de haber tomado las armas en contra del Ejército del Norte, a la sazón victorioso, sino que tuvo dicha pena, principalmente, por no respetar las reglas del campo de batalla.

Asimismo, constituye un ejemplo de castigo por infracciones graves al dih el siguiente caso ocurrido en una nueva etapa de las expediciones al Alto Perú, esta vez en 1814, como respuesta a los actos de represalia cometidos por los españoles en dicho territorio contra quienes luchaban por tener un gobierno autónomo y propio.

El comandante de las tropas realistas, José Manuel de Goyeneche (9) fue el encargado de impartir instrucciones para castigar a los rebeldes. La dureza de estas órdenes se ve reflejada en el siguiente párrafo que narra el procesamiento de un oficial español apresado por el ejército patriota por haber cumplido dichas órdenes, lo que le valió ser llevado a juicio por orden del general José de San Martín, en ese momento, 1814, comandante en jefe del Ejército del Norte.

Durante su permanencia al frente del Ejército del Norte tomóse prisionero en Santa Cruz de la Sierra al coronel español Antonio Landívar. Había sido éste uno de los agentes más despiadados de las venganzas de Goyeneche y, en consecuencia, el general San Martín le mandó formar causa, “no por haber militado con el enemigo en contra de nuestro sistema (dice el auto), sino por las muertes, robos, incendios, saqueos, violencias, extorsiones y demás excesos que hubiese cometido contra el derecho de la guerra”(10).

Vemos aquí que otra vez se sanciona a un individuo no por haber tomado las armas en leal combate, sino por haber tenido conductas contrarias al derecho de la guerra (11), aplicable en aquella época.

Como tercer ejemplo en materia de dih dentro de la historia organizativa argentina, debemos ir mucho más adelante en el tiempo y adentrarnos en las luchas fratricidas de los años 60 del siglo xix, provocadas por las pujas entre el poder central porteño y las provincias del interior, conflicto que se vio aumentado por la participación argentina en la Guerra de la Triple Alianza, contra Paraguay (12).

El 10 de abril de 1867, tuvo lugar en las afueras de La Rioja, la batalla de Pozo de Vargas, librada entre el ejército del caudillo federal catamarqueño Felipe Varela y el del santiagueño Antonio Taboada, jefe unitario de Santiago del Estero y aliado del Presidente de entonces, Bartolomé Mitre.El día anterior a la batalla, Varela escribe una carta a Taboada haciéndole saber que irá a ocupar la plaza en su poder y que, como dicha ocupación será resuelta por las armas, solicita que el campo de batalla sea como mínimo a tres leguas de la ciudad, a fin de evitar a la población los sufrimientos que en toda guerra se producen (13). A continuación se reproduce el texto íntegro de la misiva (14).

“El Jefe Expedicionario del Norte.

Cuartel Gral. En marcha, Salado, abril 9 de 1867.

Al señor Jefe de la plaza de La Rioja:

El que suscribe tiene el honor de dirigirse a V.S. con el objeto que se expresará en el presente en cumplimiento del deber que Dios y la patria le impone.

El día de la mañana, a las tres de la tarde, paso con mi Ejército a ocupar esa plaza en defensa de la constitución de mi patria, la república Argentina, pisoteada por el poder tirano que la oprime.

Como V.S. con sus armas sostiene ese poder que yo vengo combatiendo en mi expedición, la gloria del soldado en el Campo de Batalla debe precisamente decidir del derecho y de la suerte de ambos.

Buscando ese fin vengo, y como V.S. ocupa ese pueblo, decía que mi deber me impulsa a llamar a V.S. al campo de batalla, que será lo menos a tres leguas, a fin de evitar el que esa sociedad infeliz sea víctima de los horrores consiguientes de la guerra y el teatro de excesos que ni yo ni V.S. podremos evitar.

Ni V.S. ni yo obtendremos más galardón que el triunfo, inmolando una sociedad indefensa ocupada por los hombres que no tienen en ella ni familia, ni raíz alguna: antes al contrario el derecho de la guerra nos impone el deber de evitar víctimas hermanas, mayormente en este caso, en que se trata de un pueblo hermano.

Recuerdo a V.S. este deber tan sagrado, llamándolo al campo que V.S. designe pa’ que en el decidan nuestras armas de nuestra suerte, en lucha leal y honrosa. Si a pesar de esta advertencia insiste V.S. en no desalojar esa ciudad para evitar los horrores de la guerra, debo manifestarle, como es mi objeto al dirigirle ésta, que hago a V.S. responsable ante Dios y la patria de las consecuencias del combate.

Dejando así cumplido el deber sagrado que mi patria y los principios que por ella defiendo me imponen, me es grato ofrecer a V.S. mi particular aprecio, saludándole cordialmente por mí y a nombre de todos los SS. Gefes; oficiales y tropa que me acompañan.Dios guarde a S.S. ms. as. Felipe Varela, Ricardo González.

Esta carta, de estilo cortés y por momentos cordial, escrita por Varela a Taboada en vísperas de la batalla, no solamente muestra rasgos de caballerosidad en quien la suscribe (15), sino que también y de manera expresa, se habla de la existencia de un derecho de la guerra (del cual San Martín también había hablado varias décadas antes), cuyo contenido dispone para este caso la distinción entre objetivos civiles y militares y plantea la salvaguarda de la población civil, la que debe permanecer alejada de la zona en conflicto, por ser éste cuestión exclusiva de los hombres de armas, tal como se sostiene en la epístola. Asimismo, aunque no se mencionan sanciones, Varela plantea una potencial responsabilidad de Taboada por la comisión durante las hostilidades de actos contrarios al dih, lo que le imprime también a la carta cierto carácter de advertencia.

La Batalla de Pozo de Vargas se desarrolló finalmente a menos de una legua de la ciudad de La Rioja (16) y tuvo una duración de siete horas. Debido a la superioridad, no de hombres, sino de armamentos, Taboada pudo hacerse con la victoria y Varela tuvo que ordenar retirada (17). Independientemente del resultado histórico-político de esta lid, desde la visión del dih se hace muy importante recalcarla como hito, por cuanto en la comunicación que la anuncia se declara la existencia de un derecho de la guerra, se habla de obligaciones y conductas que éste impone a los contendientes y se observa responsabilidades para sus infractores.

El cuarto ejemplo de dih en la Historia Constitucional argentina lo hallamos en una época intermedia entre los tres anteriores. Tal vez por la importancia mayúscula que revistió en la historia nacional el autor de las medidas, hemos dejado este caso para el final, adelantando que el documento que transcribiremos enumera, sin decirlo de forma expresa, conductas contrarias al dih, para las cuales se establecen severísimas sanciones por parte de quien estatuyó dichas reglas destinadas al comportamiento de sus subordinados.

El texto es la proclama que el general José de San Martín pronuncia ante sus soldados en septiembre de 1820, ni bien iniciada la fase libertadora de Perú durante la campaña de emancipación americana que él protagonizara.“Ya hemos llegado al lugar de nuestro destino y sólo falta que el valor consume la obra de la constancia; pero acordaos que vuestro gran deber es consolar a la América, y que no venís a hacer conquistas, sino a liberar a los pueblos que han gemido trescientos años bajo este bárbaro derecho. Los peruanos son nuestros hermanos y amigos; abrazadlos como a tales y respetad sus derechos como respetasteis los de los chilenos después de la batalla de Chacabuco.

La ferocidad y violencia son crímenes que no conocen los soldados de la libertad y si, contra todas mis esperanzas, alguno de los nuestros olvidase sus deberes, declaro desde ahora que será inexorablemente castigado conforme a los artículos siguientes:

1º Todo el que robe o tome con violencia de dos reales para arriba, será pasado por las armas, previo el proceso verbal que está mandado observar en el ejército.

2º Todo el que derramare una gota de sangre fuera del campo de batalla será castigado con la pena de Talión.

3º Todo insulto contra los habitantes del país, sean europeos o americanos, será castigado hasta con pena de la vida, según la gravedad de las circunstancias.

4º Todo exceso que ataque la moral pública o las costumbres del país será castigado en los mismos términos que previene el artículo anterior.

¡Soldados! Acordaos que toda la América os contempla en el momento actual, y que sus grandes esperanzas penden de que acreditéis la humanidad, el coraje y el honor que os han distinguido siempre, dondequiera que los oprimidos han implorado vuestro auxilio contra los opresores. El mundo envidiará vuestro destino si observáis la misma conducta que hasta aquí; pero ¡desgraciado el que quebrante sus deberes y sirva de escándalo a sus compañeros de armas! Yo lo castigaré de un modo terrible; y él desaparecerá de entre nosotros con oprobio e ignominia.

Cuartel General del Ejército Libertador en Pisco, septiembre 8 de 1820”(18).

Impacta la contundencia de las sanciones establecidas en esta proclama, que ya de por sí constituye un código de conducta para el combatiente, el cual deberá respetar en todo momento determinados principios, como lo es el respeto a la población civil y el hecho de sólo poder herir o matar a un enemigo en el campo de Marte y no en otra circunstancia.

La tipificación de crímenes de guerra por parte del general San Martín marca, sin lugar a dudas, una visión detallada de los mismos, por cuanto además de obligar a respetar principios básicos a favor de quienes no participan en la batalla, penaliza también otras conductas contrarias al dih, como es el pillaje (19).

Conclusión

Habiendo recorrido la interpretación teórica y doctrinaria de los principios consuetudinarios del dih, habiendo dado ejemplos históricos, tanto inspirados en la religión como surgidos de la literatura medieval, y habiendo discurrido sobre ciertos ejemplos de su aplicación a lo largo de la Historia Constitucional argentina hemos podido constatar cómo esas antiguas reglas, basadas en la moral y el sentido humanitario, han estado siempre vigentes (quizás con matices) durante todo el tiempo abarcado por los relatos expuestos. Estos casos, resumen la teoría explicada al comienzo de este trabajo y sintetizan sus postulados más significativos.

La conciencia del respeto al dih en situación de conflicto armado, al igual que a toda la normativa de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional Público en general, como forma de prevenirlos, constituyen el gran desafío de la comunidad mundial, en los albores del siglo XXI.

Bibliografía

Comentarios bajo la dirección de Jean Pictet al Protocolo I del 8 de junio de 1977, adicional a los convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949, información disponible en internet.

DEYRA MICHEL Le Droit dans la guerre Gualino éditeur, Lextenso éditions, París, Francia, 2009.

DEYRA MICHEL, Droit International Public, Gualino éditeur, Lextenso éditions, 2è édition, París, Francia, 2010.

DÍEZ DE VELASCO VALLEJO Manuel Instituciones de Derecho Internacional Público, duodécima edición. Editorial Tecnos S.A. Madrid, España 1999.

JIMÉNEZ DE ARÉCHAGA, Eduardo El Derecho Internacional Contemporáneo. Ed. Tecnos, Madrid España 1980.

O’DONNEL, Pacho Juana Azurduy. Editorial Planeta Argentina S.A.I.C. Buenos Aires, Argentina, 1998.

QUELLES SONT LES ORIGINES DU DROIT INTERNATIONAL HUMANITAIRE? Extrait de la publication CICR "Droit international humanitaire: réponses à vos questions". Publicaciones del Comité Internacional de la Cruz Roja CICR 1/1/2004. Información disponible en internet.

SWINARSKI CHRISTOPHE Introducción al Derecho Internacional Humanitario. Comité Internacional de la Cruz Roja e Instituto Interamericano de Derechos Humanos, San José, Costa Rica, 1984. Versión en internet.

TORRES MOLINA, Ramón Historia Constitucional Argentina. Estudio histórico sobre la génesis política y jurídica de la Constitución de 1853. Scotti Editora. La Plata Argentina. 2008.

WASSERMAN Fabio Juan José Castelli. De súbdito de la corona a líder Revolucionario. Ed. Edhasa. Buenos Aires Argentina 2011.

Poema del Cid, según el texto antiguo preparado por MENÉNDEZ PIDAL Ramón y prosificación moderna del poema de REYES Alfonso. Decimoséptima edición. Colección Austral. Espase-Calpe Argentina S.A. Buenos Aires 1953.

Para las fechas históricas (batallas, guerras, concilios, etc.) composición de la Primera Junta de Gobierno y datos biográficos de personajes históricos en enciclopedia Wikipedia.

Páginas Web consultadas:

http://www.icrc.org/spa/resources/documents/misc/5tdl7w.htm

http://www.icrc.org/fre/resources/documents/misc/5qkhj8.htm

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http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/mundo/bush_san_martin.php

http://www.lagazeta.com.ar/vargas.htm

Notas

1. Dicha Junta estuvo integrada por Cornelio Saavedra como presidente y comandante general de armas. Mariano Moreno y Juan José Paso como Secretarios y Manuel Alberti, Miguel de Azcuénaga, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Juan Larrea y Domingo Matheu como Vocales. Sus miembros eran criollos, a excepción de Larrea y Matheu que eran españoles.

2. Batalla librada contra los realistas en suelo altoperuano el 27 de octubre de 1810.

3. Batalla librada contra los realistas en suelo altoperuano el 7 de noviembre de 1810.

4. Batalla librada contra los realistas en suelo altoperuano el 20 de junio de 1811.

5. WASSERMAN Fabio Juan José Castelli. De súbdito de la corona a líder Revolucionario. Ed. Edhasa. Buenos Aires Argentina 2011.pp. 137 y 138.

6. Ibídem p. 138.

7. Al día siguiente de la ejecución, Castelli informó oficialmente a la Junta sobre lo actuado mostrándose satisfecho por la forma en que se lo hizo y por las medidas tomadas para prevenir posibles disturbios Ibídem p. 139. Las sentencias de muerte propiciadas por la Junta, eran avaladas por sus integrantes con la sola disidencia de Manuel Alberti, quien no las apoyaba por su carácter de sacerdote Católico.

8. Algunos jefes militares durante el siglo XVII hacían saber a la comandancia de una plaza sitiada que en caso de una resistencia encarnizada, una vez que la plaza fuera conquistada, matarían a todos los sobrevivientes. Esta idea, era para infundir temor en los defensores y apurar la rendición del lugar. Ver al respecto, COMENTARIOS BAJO LA DIRECCIÓN DE JEAN PICTET AL PROTOCOLO I DEL 8 DE JUNIO DE 1977, ADICIONAL A LOS CONVENIOS DE GINEBRA DEL 12 DE AGOSTO DE 1949, disponible en: http://www.icrc.org/dih.nsf/COM/470-750049?OpenDocument Original en francés. Traducción del autor de este trabajo. El no dar cuartel se encuentra prohibido por el artículo 23 inciso d) de la II Convención de La Haya sobre las leyes y costumbres de la guerra terrestre y su Anexo: Reglamento sobre las leyes y costumbres de la guerra terrestre, del 29 de julio de 1899 y por el mismo artículo e inciso de la IV Convención de La Haya sobre las leyes y costumbres de la guerra terrestre y su Anexo: Reglamento sobre las leyes y costumbres de la guerra terrestre, del 18 de octubre de 1907. En el mismo orden de ideas, hallamos también la prohibición de cuartel en el artículo 40 del Protocolo I del 8 de junio de 1977, Adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949, el que no sólo prohíbe ordenar que no haya sobrevivientes, sino que, yendo un poco más lejos, también prohíbe amenazar al adversario o conducir las hostilidades en función de dicha decisión.

“La exterminación deliberada e inútil de los defensores constituye un daño excesivo en relación con la ventaja concreta y directa que el atacante tiene derecho a esperar. La puesta fuera de combate del adversario es suficiente. La prohibición de no dar cuartel, se une al principio expresado en el segundo párrafo del artículo 35 que prohíbe los métodos de guerra cuya naturaleza sea causar males superfluos”. COMENTARIOS AL PROTOCOLO I BAJO LA DIRECCIÓN DE JEAN PICTET DEL 8 DE JUNIO DE 1977, ADICIONAL A LOS CONVENIOS DE GINEBRA DEL 12 DE AGOSTO DE 1949, disponible en: http://www.icrc.org/dih.nsf/COM/470-750049?OpenDocument Original en francés. Traducción del autor de este trabajo.

9. José Manuel de Goyeneche y Barreda, (1776-1846) nacido en Arequipa, (Virreinato del Perú).

10. O’DONNEL, Pacho Juana Azurduy. Editorial Planeta Argentina S.A.I.C. Buenos Aires, Argentina, 1998. p. 123. Citando a Bartolomé MITRE en su Historia de San Martín.

11. Entre las órdenes de Goyeneche podemos citar: Potosí, diciembre 26 de 1812. Tomará las nociones al intento de saber los generales caudillos y los que han seguido de pura voluntad,” aplicando la pena de muerte a verdad sabida sin otra figura de juicio”. Difiero (sic) a Ud. Todos los medios de purgar ese partido de los restos de la insurrección que “si es posible no quede ninguno”. Ibídem p. 124.

12. Conflicto armado librado por Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay entre los años 1864 a 1870.

13. Ver al respecto LUNA Félix Los Caudillos Editorial Planeta Argentina S.A.I.C. Tercera Edición. Buenos Aires 1992. Cap. V. Felipe Varela.

14. Ibídem pp. 226 y 227. El resaltado en Negrita es del autor del presente trabajo. 

15. Ibídem p. 226.

16. Ibídem pp. 207 y 208.

17. Ver información disponible en: http://www.lagazeta.com.ar/vargas.htm 

18. Disponible en: http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/mundo/bush_san_martin.php

19. Ver artículo 15 del Convenio I; artículo 18 del Convenio II; y artículos 16 y 33 del Convenio IV. Todos de los Convenios de Ginebra de 12 de agosto de 1949.

*    Es abogado, máster en Relaciones Internacionales Iberoamericanas. Docente de Derecho Internacional Público de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. juangarciazeballos@netverk.com.ar

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