La Gaceta Jurídica

¿Promover la alimentación sana?

…en muchos países ya se ha aplicado de manera normada este tipo de control de alimentos, y no solo en cuanto hace a los ingredientes dañinos de origen químico y natural, sino en componentes transgénicos...

Editorial

00:00 / 13 de septiembre de 2015

Hace bastantes años que en el mundo se ha desatado una especie de flagelo que amenaza a la salud pública con enfermedades no contagiosas, en especial ligadas a los hábitos alimenticios y formas de vida. Esto ha sido advertido de manera reiterada por médicos y nutricionistas, quienes, a su vez, han difundido estadísticas crecientes y datos preocupantes que tienen concentraciones más altas en determinadas ciudades y países.

La situación no parecía preocupar en Bolivia hace unos años, cuando los avisos sobre estos riesgos también fueron conocidos; de ese modo, las precauciones y las medidas para evitar las consecuencias no fueron oportunas, lo que ha derivado en secuelas para la salud que, aunque tienen aún niveles bajos en comparación con otras naciones, tienden a crecer de manera más acelerada.

En este escenario, que se proyecta en espiral ascendente, existe también la tendencia a la disminución permanente y hasta a la desaparición de las inmensas variedades de productos nutritivos que caracterizan al territorio nacional. Si bien se habla de la soberanía alimentaria y el rescate de los productos tradicionales y orgánicos, las políticas de Estado no condicen con ese discurso, debido a que cada vez tienen mayor incidencia los monocultivos y hasta los productos transgénicos, los cuales ganan espacios disminuyendo las opciones para la población.

Con esta descripción el panorama es muy complicado, puesto que se vislumbra amplios sectores poblacionales con dolencias como la diabetes, alergias, obesidad y males cardiacos y renales, muchos de ellos de carácter crónico o irreversible, sin nombrar a otros que forman parte de los diagnósticos de salud en las sociedades en un futuro muy cercano. En otras palabras, cada vez son más los padecimientos provocados por la mala alimentación, ligada en especial a grasas saturadas, sales, azúcares y elementos químicos que son incluidos en los comestibles.

Por esta situación y por la amenaza que constituye lo descrito, es ponderable que, según información del matutino La Razón, en la Cámara de Diputados se encuentre en discusión un proyecto de ley para promover la alimentación sana y “el consumo de alimentos saludables y tradicionales”. En esta normativa estarían incluidos aspectos como la etiquetación con los componentes que tienen los productos, así se establecerá la impresión de barras de color para identificar elementos e ingredientes dañinos como grasas saturadas, azúcares añadidos y sales.

De acuerdo con la ministra de Salud, Ariana Campero, las empresas deben informar del contenido de lo que se consume. Esto trae a colación que en muchos países ya se ha aplicado de manera normada este tipo de control de alimentos, y no solo en cuanto hace a los ingredientes dañinos de origen químico y natural, sino en componentes transgénicos que pudieran llevar los comestibles. La norma también prevé impulsar el consumo de agua en lugar de bebidas gaseosas y la regulación de la publicidad, suponemos con alcance a este tipo de líquidos, de golosinas y de comida chatarra en general.

Como se ha repetido tantas veces y como sucede con muchas leyes, el problema será la aplicación de esta futura norma y de las condiciones para hacerla cumplir, pero es posible que solo sea parte de la legislación en gran medida inerte que se construye en el Estado.

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