La Gaceta Jurídica

Reconducción del Órgano Electoral

…está en la mira del pueblo la designación de vocales y los resultados que pueda tener el proceso con los elegidos y las elegidas, quienes tendrán el reto de recuperar la imagen institucional y la imparcialidad que corresponde al TSE.

Editorial

00:00 / 19 de junio de 2015

Con la inscripción de postulantes para seis de las siete vocalías del Tribunal Supremo Electoral (tse) se ha iniciado el proceso de transformación del “cuarto órgano del Estado, que entre sus funciones tiene la organización y administración de los procesos electorales y de consulta establecidos en la Constitución Política del Estado (cpe) y organizar y administrar el Registro Civil y el Padrón Electoral, a lo que se suma la promoción y fortalecimiento de la democracia en general y la intercultural en particular.

De acuerdo con el artículo 206 de la cpe, el tse está compuesto por siete vocales que estarán en funciones por seis años sin derecho a reelección, uno o una es designado o designada por el Presidente del Estado y los otros seis por la Asamblea Legislativa. Del total de miembros del Tribunal, por lo menos dos deben ser indígenas y tres mujeres.

Pero, más allá de los alcances y particularidades de la normativa para la selección y designación de las y los miembros del ente electoral, lo que más preocupa a la población es que el organismo logre recuperar la calidad, aceptación y confianza que alcanzó en algunos momentos de su historia, en especial cuando, con el nombre de Corte Nacional Electoral, estaba administrada por los llamados notables, Huáscar Cajías, como presidente, e Iván Guzmán de Rojas, Alcira Espinoza, Alfredo Bocángel y Jorge Lazarte como vocales.

Esa etapa fue emulada en el último periodo como “corte”, es decir, antes de la creación del Órgano Electoral Plurinacional (oep) en 2009, cuando alcanzaba cerca del 75 por ciento de confianza entre el electorado, pues la institución fue organizada y establecida de manera moderna y con acciones adecuadas que fortalecieron su imagen de modo conveniente para la democracia.

Sin embargo, la primera de esas dos etapas descritas fue antecedida por un periodo muy luctuoso en lo que corresponde a la conducción de los procesos electorales, ese tiempo que persiste en la memoria de la ciudadanía es conocido como el de “la banda de los cuatro”, en comparación con los hechos de corrupción y violencia ocurridos en China entre 1976 y 1981 y, años más tarde, en el Vaticano con un escándalo con delitos relacionados con dinero.

“La banda de los cuatro” en la corte electoral de Bolivia fue conformada por los delegados de partidos políticos que ocuparon los cargos de vocales, Mauro Cuéllar Caballero (presidente), Jorge Torrico Arguedas, Edmundo Araúz (militantes de adn) y Róger Pando del mir; los otros tres vocales pertenecían al mnr.

El grupo administró las elecciones de 1989 y fue acusado de asignación irregular de escaños en el Senado a favor de candidatos de adn y mir, la anulación de ánforas y, entre otras cosas, la existencia de “diputados travestis”, varones que cambiaron su nombre al femenino para ser inscritos violando las normas de equidad de género.

Recientemente, los últimos vocales que renunciaron a sus cargos fueron comparados con “la banda de los cuatro”, debido a los criticados actos que protagonizaron en los procesos electorales y de manera personal, por lo que ahora está en la mira del pueblo la designación de vocales y los resultados que pueda tener el proceso con los elegidos y las elegidas, quienes tendrán el reto de recuperar la imagen institucional y la imparcialidad que corresponde al TSE.

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