La Gaceta Jurídica

Reflexiones sobre la geopolítica hemisférica

A pesar de lo que muchos ven como una ley natural, según la cual el poderío de una nación como Estados Unidos (eeuu) le permite ejercer su voluntad por medio del ímpetu intelectual y moral que conlleva la defensa de la democracia y la libertad, hay momentos en que el mismo orden mundial forjado según estos valores se desmorona.

Unasur es una de los recientes organismos de integración regional.

Unasur es una de los recientes organismos de integración regional. Foto: infosurhoy.com

La Gaceta Jurídica / Fernando García Argañarás

00:00 / 13 de marzo de 2012

Se produce un desdoblamiento, entre la manera particular y no prevista en que estos valores se arraigan a lo largo y ancho de ese orden mundial (fusionándose con valores e intereses locales) y el impulso de cruzada con que ese país sigue actuando en el orden internacional.

Lo primero, genera y fortalece tendencias autogestionarias a nivel mundial (populistas y/o democráticas); lo segundo, da lugar a resistencias locales (abiertas o no). Lo uno, porque los pueblos históricamente exigen la expansión de sus derechos y mayor control de las políticas de gobierno; lo otro, porque a nadie le gusta las imposiciones.

Hoy en día, ambas circunstancias evidencian que eeuu no da pie atrás en su despliegue mundial, sin embargo, el mundo es tal que tampoco puede dominarlo. Prueba de ello, las prolongadas guerras en Irak y Afganistán, la intervención en Libia y los fallidos intentos de desestabilizar Venezuela en el gobierno de Bush hijo.

También es evidente que el crecimiento y desarrollo económico de la Unión Europea (ue), China y otras regiones emergentes ha generado nuevos intereses nacionales y transnacionales, polos de interés geopolítico propios y nuevos equilibrios y desequilibrios de poder.

Los intereses de eeuu a veces coinciden y a veces no con los de sus aliados. Las contradicciones entre la globalización económica y cultural y la fragmentación multipolar han dejado atrás las rígidas pautas de la Guerra Fría. No obstante, al menos desde la paz de Westfalia hasta hoy, no pocos han notado que los valores morales, en épocas de crisis han sido opacados por intereses concretos.

Geopolítica y recursos naturales

Según Henry Kissinger, teórico y practicante de la geopolítica como doctrina estratégica, ésta se define como la defensa de los intereses de una nación mediante una lectura exacta y manipulación hábil del cambiante equilibrio de poder en el mundo. Para otros es la interacción entre la geografía y la política (y las estrategias vinculadas a tales interacciones).

Enfoquemos pues la atención en la constelación política que este país enfrenta en el hemisferio y la distribución geográfica de recursos estratégicos cuyo acceso es considerado vital para eeuu.

El Golfo de México y el Caribe son áreas vitales para la defensa inmediata del territorio estadounidense y sus intereses. Particularmente, la política exterior de ese país ha buscado impedir el acceso de enemigos potenciales a través de las “cinco puertas” marítimas al Golfo de México. El control de las islas y los pasajes ha sido considerado esencial para la seguridad y flujo marítimo de la región, a tal amortiguadores” contra ataques dirigidos al Canal de Panamá.

La importancia geopolítica de la región se hizo evidente en las guerras civiles de los 70 y 80, cuando eeuu financió la guerra Contra nicaragüense, con su apoyo económico y militar mantuvo en el poder a las derechas guatemalteca, salvadoreña y hondureña. En ese contexto que se produjo la invasión de Panamá en 1989.

Que hoy en día el Canal esté en manos panameñas en poco o nada disminuye su importancia estratégica para eeuu. Pero la importancia geopolítica actual del Caribe y Centroamérica se refiere más a la utilidad estratégica de esta región para el monitoreo, detección e interdicción del narcotráfico entre Sudamérica y eeuu.

Es aquí que se introduce variables políticas como la necesidad de promover y mantener gobiernos que cooperen y permitan una cooperación que garantice el libre tránsito y comercio de bienes y servicios, pero también lucha antinarcóticos efectiva. Un punto de vista geopolítico de la región incluye un enfoque de seguridad nacional con aristas políticas y económicas.

Cambios recientes

En Sudamérica, los cambios de la “Revolución Bolivariana” y el giro izquierdista o populista de gobiernos de Argentina, Bolivia, Ecuador, Paraguay y Uruguay introduce incertidumbre y contradicciones entre la región y eeuu.

América Latina es una región productora de alimentos y recursos naturales para el mercado mundial. Chile ocupa lugar destacado en la pesca global y la producción de salmón y harina de pescado, cítricos y frutas. Argentina es uno de los principales exportadores de trigo y maíz, en tanto que Perú y México están entre los principales países pesqueros.

Por otro lado, países de la región tienen importantes reservas de minerales estratégicos, cobalto (Cuba), petróleo (México, Ecuador, Venezuela, Brasil), cobre (Chile y Perú) y litio (Bolivia). A esto deben sumarse recursos hídricos. No deja de ser importante para eeuu asegurar el futuro acceso a estos recursos estratégicos.

Si bien este país sigue contando con capacidad para utilizar herramientas económicas para seguir sus estrategias geopolíticas e “interés nacional” e influenciar la política interna de los países de la región, el giro antineoliberal de buena parte de los gobiernos regionales, la diversificación de sus exportaciones y la multipolaridad disminuyen la efectividad de estos mecanismos del mercado en la política exterior hemisférica.

Hasta el momento, la intervención militar tampoco parece viable y, aun cuando está disponible como último recurso, la tendencia actual de demócratas y republicanos es recurrir a instituciones multilaterales como la onu, la otan, la oea y la Liga Árabe para promover intervenciones consideradas necesarias.

En el caso del derrocamiento del presidente Manuel Zelaya en Honduras y el fallido golpe contra Hugo Chávez, eeuu optó por una participación ambivalente (por así decirlo) y de bajo perfil. Otros mecanismos de presión siguen disponibles: sanciones económicas (Cuba y Haití, Irak, Bosnia), otorgamiento de acuerdos de libre comercio como “Nación más Favorecida” y el fortalecimiento de su propio bloque comercial con trato preferencial para sus miembros.

El crecimiento económico de Brasil, el giro izquierdista y populista de otros países y la globalización de economías como la chilena sin duda indican una tendencia que debilita el poder de estas cartas de la diplomacia económica estadounidense en el hemisferio.

Integración regional

La formación de alianzas bilaterales o multilaterales no es novedad en el hemisferio. Por seguridad militar, desarrollo económico o necesidad política, los países de la región han suscrito infinidad de ellas. En la guerra fría, por ejemplo, hubo proliferación de convenios de cooperación económica con un denominador político común: la búsqueda del desarrollo capitalista en un marco anticomunista.

En Bolivia, la suscripción de los acuerdos del Sistema de Bretton Woods en 1946 (que crearon al Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial), contó con la participación del entonces ministro Paz Estenssoro durante el gobierno de Villarroel.

En los años 60 y 70 se establecieron la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (alalc), luego denominada Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), el Mercado Común Centro Americano, el Pacto Andino, el Mercado Común del Caribe (Caricom), etc.

Más adelante, convenios proteccionistas dieron lugar a otros más ambiciosos buscando fortalecer el comercio común y las inversiones: Mercosur, el Grupo de los Tres, y el Alca (North American Free Trade Agreement, o Nafta). Mercosur, con Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, se organizó en los 90 para eliminar barreras arancelarias y restricciones al comercio bilateral.

Recientemente, la conformación de la Alianza Bolivariana (Alba) y Unión de Naciones del Sur (Unasur) indican que la tendencia regional es hacia alianzas integracionistas más autogestionarias de carácter político, económico y militar, como contrapeso a la influencia y poderío norteamericano. La inclusión de Cuba en estas organizaciones, su activo papel y el abandono abierto de las tesis anticomunistas de antaño por parte de la mayoría de los gobiernos de la región contrastan con los residuos de la declinante hegemonía estadounidense en otras instituciones multilaterales como la oea.

Estos acuerdos latinoamericanos (y caribeños), de forma deliberada, ceden grados de soberanía nacional en aras de la construcción de una soberanía regional. Por tanto, ponen en cuestionamiento la antigua noción geopolítica de que todo el poder radica en el territorio de la nación-estado, o que el estado debe ser autosuficiente. Aquí se combina la aspiración de resolver disputas de manera pacífica con el fortalecimiento de nexos culturales, políticos y económicos entre latinoamericanos.

Dado que las fortalezas específicas de cada país y las debilidades son complementarias, la cooperación e integración paulatina permiten que la posición geográfica y los recursos maximicen las oportunidades y beneficios locales. Idealmente, en este marco, cualquier disputa bilateral territorial ya no se convierte en un juego de suma cero, sino que se abren posibilidades de beneficios para ambas partes.

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