La Gaceta Jurídica

Represas y estragos

Según la Constitución, la obligación del régimen de gobierno es velar por lo mejor para la población en general, por lo que tendrá que tomar en cuenta las recientes advertencias de expertos de la Universidad Mayor de San Andrés (umsa) de La Paz, que advierten acerca del daño que causarán las represas…

La Gaceta Jurídica / Editorial

00:00 / 16 de marzo de 2012

Hace ya varios años que Brasil, en su política de expansionismo y ampliación de su área de influencia, se encuentra desarrollando proyectos de gran envergadura, los cuales tienen como objetivo ser instalados incluso en los países vecinos del amplio territorio brasileño, de esta forma se ha iniciado la construcción de carreteras y represas que posibiliten, en el primer caso, el tránsito de productos de ese país a través del subcontinente para llegar a puertos del Pacífico y, en el segundo, la instalación de hidroeléctricas que satisfagan la vorágine creciente de energía.

Brasil es ahora la competencia todavía menor de Estados Unidos en la región, pero con perspectivas muy grandes, pues ha logrado relaciones económicas importantes en mercados de ultramar, donde tiene espacios para su gran productividad industrial. Sin embargo, y para que este artificio tenga éxito, la potencia sureña ha optado por la aplicación de los mecanismos conocidos del mercantilismo, los cuales no han tenido resultados elogiables durante su etapa de auge, que fue la segunda mitad del siglo xx, de este modo, los resultados han sido nocivos para el mundo y la sostenibilidad de los recursos naturales.

Pese a la normativa internacional para la defensa de los derechos humanos y de la naturaleza, vigente por etapas desde los primeros años posteriores a la segunda guerra mundial, esa forma de producción desaforada ha seguido en crecimiento desde los polos industriales y tecnológicos de Estados Unidos, Rusia, Japón y China, con resultados menores en Europa occidental e India. Esta actividad ha sido, por decir poco, insalubre para la naturaleza y los derechos de los seres vivos que heredarán pronto el planeta, incluidos los humanos.

Lamentablemente, en lo que ha venido a llamarse “subimperialismo brasileño”, este país ha adoptado las mismas técnicas inhumanas y destructivas, contagiando a los vecinos de esa entelequia que es la prosperidad a través de la destrucción. De esta forma, gobiernos regionales han virado su dependencia hacia esta influencia, dando paso a las prácticas desarrollistas con el imaginario de que darán beneficios al Estado. Sin embargo, la realidad es otra, mientras la estulticia es patrimonio del capricho.

Al respecto, según la Constitución, la obligación del régimen de gobierno es velar por lo mejor para la población en general, por lo que tendrá que tomar en cuenta las recientes advertencias de expertos de la Universidad Mayor de San Andrés (umsa) de La Paz, que advierten acerca del daño que causarán las represas Jirau y San Antonio instaladas en aguas del río Madera, provocando inundaciones que también se producirán en Bolivia en el tramo binacional de ese curso de agua. El estudio “Hidráulica y morfología del río Madera” señala que este impacto negativo afectará a miles de kilómetros cuadrados en territorio nacional, generando problemas medioambientales, económicos y sociales a la población que vive en la zona y al país en general. La amenaza se acrecienta cuando el objetivo brasileño cuenta con síndicos en Bolivia, quienes tienen proyectada la construcción de represas similares en aguas pandinas y benianas que aumentarán el riesgo que se describe. Queda ante todo la emergencia para que no ocurra con los ríos lo que se intenta en el Tipnis, donde el territorio podría quedar fragmentado como está el raciocinio de quienes buscan afectar el equilibrio natural.

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