La Gaceta Jurídica

Ritualidad, vida, muerte, el campo y la ciudad

La Iglesia Católica promete la vida después de la muerte, una vida al lado de Dios en el Cielo si somos personas compasivas, piadosas y, contrariamente, nos tocará una existencia eterna en el Infierno si nuestro comportamiento terrenal violaba básicamente los diez mandamientos de la Biblia.

Entre la ciudad y la selva difiere el entendimiento de la vida y la ritualidad sobre la muerte.

Entre la ciudad y la selva difiere el entendimiento de la vida y la ritualidad sobre la muerte. FOTO: danzadelostecuanes.blogspot.com

La Razón (Edición Impresa) / Amelia Peña Aguilar*

00:00 / 13 de enero de 2015

La “santa muerte”, protectora de los criminales

La iglesia, el sistema y el gobierno no comprenden las prácticas que ayudan a los pueblos a confrontar el dolor de la muerte; los pueblos inventan y reinventan rituales para sobrellevar su tristeza. Y, en este afán de comprensión de dichas prácticas, encontré un estudio muy interesante de la antropóloga Blanca Estela Bravo Lara acerca de la devoción a la “santa muerte” en la zona metropolitana de Guadalajara, México, texto que ahora resumimos.

La Iglesia Católica promete la vida después de la muerte, una vida al lado de Dios en el Cielo si somos personas compasivas, piadosas y, contrariamente, nos tocará una existencia eterna en el Infierno si nuestro comportamiento terrenal violaba básicamente los diez mandamientos de la Biblia.

Pero las personas buscan otras explicaciones y una religión menos alejada de su vida diaria. Muchos estudiosos atribuyen el origen de esta nueva forma de fe a la constante crisis económica que sufrió ese país y a la falta de seguridad ciudadana. Por eso aparecen cultos alternativos como de la “santa muerte”. Los primeros estudios sobre esta devoción datan de los años 60, así, Oscar Lewis hace mención a este acto en 1964.

La población de Guadalajara y otras ciudades aledañas como Tlaquepaque, Zapopan y Tlajomulco conforman el territorio donde nació el culto a la “santa muerte”, patrona de los narcotraficantes.

En los lugares en los que operativos policiales encontraron armas y drogas o donde se mantiene a personas secuestradas se halló imágenes de la “santa muerte” “custodiando” en elaborados altares repletos de ofrendas.

En el mercado Corona ubicado en el centro mismo de Guadalajara, se encuentra una de las imágenes más conocidas de la “santa muerte”. La gente del lugar recuerda que los altares que tiempo atrás estuvieron ocupados por la Virgen de Guadalupe o San Antonio hoy en día están ocupados por la imagen que cada día tiene más devotos.

“Oración de la justicia Santa Muerte bendita, protectora de los débiles y desamparados. Madre de la justicia eterna, dueña de la sabiduría, tú, que miras en el corazón del malo y del bueno, a ti señora me acerco para implorarte justicia. A ti, Santísima Muerte, solicito la imparcialidad de tu balanza. Señora mía ve mi corazón, escucha mis ruegos que salen de la necesidad, haz que tu justicia se haga sobre la Tierra”.

Como vemos, esta oración denota que los criminales le piden a la “santa muerte” juzgarlos por sus sentimientos y no por sus actos, porque no quieren “pero deben” hacer ciertas cosas para perpetrar sus actividades criminales.

La conclusión de Bravo Lara es que los criminales no admiten ser despojados de Dios, porque ellos creen en él, pero no creen en la vida eterna, creen en la muerte.

La muerte para la tribu de los yaqui

En contraposición a la realidad que se vive en las ciudades, Enriqueta Lerma Rodríguez estudió la concepción de la muerte en la tribu de los yaqui, que viven en el sur del estado de Sonora, México, ocupando un territorio autónomo distribuido en cuatro municipios, Guaymas, Emplame, Bacum y Cajeme.

Como en toda cultura indígena, parte de sus costumbres mantiene una fuerte ritualidad originada en su cosmovisión ancestral y en la resignificación del catolicismo heredado de los jesuitas que arribaron a su territorio en el siglo XVII.

En la cultura Yoeme se considera que cada “rito de paso” (1) propicia transformaciones indisolubles y dota de cualidades que permiten constituir a cada persona en un ente singular y los ritos mortuorios son hechos de acuerdo con el tipo de persona en quien alguien se constituye durante su trayectoria de vida.

Una persona A transmuta en otra persona B, C o D, dependiendo de las cualidades que adquiere durante el rito de paso efectuado durante su vida, efecto que repercute en el modo en que es visto y tratado por la comunidad durante su vida e, incluso, después de la muerte.

Elevación de estatus

Son elevados de estatus cuando se ocupa un cargo ritual en el catolicismo yaqui, el “maestro rezandero” oficia misas, el tamastian es quien lo ayuda, la kiyostei es la jefa de la iglesia y la tenanche es la que la ayuda; después viene la alpes, quien marca los pasos rituales con una bandera y, finalmente, las cantoras rezan y elevan cánticos.

Por otro lado, los yaqui también brindan un estatus elevado a las autoridades; si bien son autónomos, son importantes los gobernadores y los capitanes o coyotes, llamados así por las cualidades de este animal astuto, territorial y resistente al hambre, lo que le permite recorrer, reconocer y defender una zona.

Pérdida de estatus

Los yaqui pierden estatus en casos de exogamia (matrimonio fuera de su cultura), suicidio, hechicería, incesto o el simple hecho de mantener relaciones sexuales con quien su familia no esté de acuerdo. Perder el estatus condena a estas personas a permanecer en la tierra después de su muerte.

La muerte es solo un estadio

Para los yaqui, a lo largo de nuestra vida adquirimos cualidades de la fauna, la flora o la humanidad dentro de una dimensión, pero el espacio cuenta con dife- rentes dimensiones: el reino antiguo o venerable, el nuestro y el de la realidad suprema donde habitan seres venerables.

Las tres dimensiones conviven, por lo que el aquí y ahora son solo una coordenada de tiempo y espacio. La muerte es solo un paso de abandono de la estructura física, la persona es visitada por sus ancestros y con ellos debe recorrer sus pasos, recorre los lugares que frecuentaba; para despedirse, se presenta en sueños de las personas con las que entabló lazos afectivos.

Los yaqui se preocupan por actuar dentro de lo que manda la tribu, porque la desobediencia les quita el afecto de los ancestros, pues de ellos depende quedarse en la tierra o ascender al cielo después de su muerte.

La vida y la muerte, conceptos que solo reflejan la realidad

Como pudimos observar, la ritualidad en las ciudades es totalmente diferente a las ritualidades sobre la muerte en las tribus. Mientras los narcotraficantes le piden a la “santa muerte” que los juzgue por lo que llevan dentro del corazón y no por sus actos, los yaqui piden a sus ancestros que los juzguen por sus actos y no por lo que llevan en el corazón.

La vida en la ciudad es muy diferente a la vida en la selva, la supervivencia lleva a actuar de maneras contrapuestas, los conceptos de necesidad son abismalmente diferentes y así mismo es diferente el entendimiento sobre la vida y la ritualidad para enfrentar la muerte.

Fuente

Religiosidad popular, rituales y representación social de la muerte. Nueva Antropología N° 79, México, 2013.

Nota

1. Víctor Turner definió los ritos de paso como aquellos “que acompañan todo cambio de lugar, estado, posición social y edad” (Turner, 1988: 101).

*    Es economista, egresada de Derecho y diplomada en Pedagogía para la educación superior y en Diplomacia Cultural de los Pueblos.

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