La Gaceta Jurídica

Secreto profesional y cláusula de conciencia como deberes éticos

El Señor Justicia

Carlos Conde Calle

00:00 / 20 de junio de 2014

Decíamos que entre la fuente y el periodista se establece una relación difícil, compleja y que comporta deberes éticos. Ambos, como seres humanos, pueden llevar esta relación hasta donde sea éticamente posible. Por otro lado, el mismo periodista tiene, por encima, a su Jefe de Prensa y, fundamentalmente, al dueño del medio que define la línea editorial.

Éste es otro vínculo igual de complejo porque, en definitiva, quien traza la línea editorial es el titular del medio comunicación social. Al momento existe una pluralidad de medios: unos pertenecen al Estado, otros a la empresa privada; otros son de sindicatos y, por supuesto, de la Iglesia Católica y otras protestantes.

Respecto al primer rubro, esto es, la relación de fuente-periodista, debemos trabajar el tema con mucho cuidado en la medida en que ambos, curiosamente, se necesitan de manera recíproca. Es decir que ambos son portadores de intereses: el uno quiere conseguir una buena (sino la mejor) nota; el otro desea “publicitar” el hecho noticioso. Aquí es bueno partir de una afirmación categórica: el periodista debe CITAR siempre en la nota periodista la fuente. Esto le otorga credibilidad. No hay razón para no citar la fuente. Y, estoy diciendo CITAR y no REVELAR.

CITAR la fuente es siempre la primera acción que todo periodista serio debe asumir. Y, cuando decimos REVELAR, es un acto posterior (ex post). En este último caso, tiene que ver con un compromiso asumido por el periodista, de guardar en reserva el nombre y apellido de la fuente y no REVELARLO. No hay nada incorrecto éticamente hablando. Si el periodista, asumió este compromiso, debe cumplirlo; y no debe revelar la FUENTE por nada del mundo. Lo contrario, supondría una terrible falta ética.

Los últimos años hemos visto, particularmente en la PRENSA PLANA, que la totalidad de los medios revela los nombres y apellidos de la fuente (que constituye un gran acierto); es más, inclusive la nota informativa lleva la firma del periodista (lo que le da mayor credibilidad). Sería bueno que el sistema radiofónico y el sistema televisivo sigue el ejemplo, es decir, CITAR en toda nota informativa a la fuente, identificarlos con todo sus atributos; sería recomendable que el presentador de noticias, al momento de brindar la información, diga qué periodista (y de qué área), ha logrado la nota informativa. La radio y la televisión, tan cuestionados actualmente, ganarían en credibilidad. En ese contexto, la tarea periodística sería más responsable. Si por alguna razón del manejo de la nota periodística, resultaren responsabilidades, la FUENTE se constituiría en responsable y no el periodista, mucho menos el medio donde trabaja.

Así, V. Gr., lo prescribes “Las normas básicas para servicios informativos de la Agencia de Noticias efe”: “Una información, DEBE ATRIBUIRSE SIEMPRE A LA FUENTE DE DONDE PROCEDA, IDENTIFICADA CON LA MAYOR PRECISIÓN POSIBLE. LA IDENTIFICACIÓN DE LA FUENTE CONTRIBUYE a determinar la CREDIBILIDAD de la información” (sic.). Lo que quiere decir que la regla es que en la nota informativa se CITE siempre la fuente; excepcionalmente se debe GUARDAR EN SECRETO la identidad de la fuente (aunque esto último no es norma de la Agencia efe).

Al tratar al SECRETO PROFESIONAL como regla, sino con excepción, nos impele formularnos algunas preguntas: ¿Por qué la fuente quiere anonimato? Si es un hecho de corrupción, ¿por qué no denuncia al Ministerio Público, Contralaría o Ministerio de Transparencia? ¿Por qué acude a mí? ¿No será que quiere hacer daño a una tercera persona y me utiliza? V. gr, si es un proceso judicial, ¿no habrá perdido alguna batalla judicial y pretende revertir usándome para sus fines?

Bueno, pueden formularse muchas preguntas más y, seguramente, el periodista la absolverá en su tarea cotidiana. Pero el hecho es que, como fuere, si he resuelto mantener en secreto a mi fuente, en primer lugar debo asumir la responsabilidad letal, si la noticia es falsa; y el medio no tiene porque ser responsable legal, porque quien decidió voluntariamente mantener en reserva la identidad de la fuente, es el periodista. Nace en consecuencia, una vez que tomó la decisión de mantener en reserva la identidad de la fuente, al SECRETO PROFESIONAL, que es un DEBER ÉTICO (Y UN DERECHO PREVISTO POR EL ARTÍCULO 8 de la LEY DE IMPRENTA). Como la columna dice relación con la ética y no con el derecho, mi escrito se circunscribe al plano moral, (para ser más precisos, a la deontología periodística). En ese marco tenemos Códigos de Ética, citados por Niceto Blasquez, que dicen: “(La fip C.E.E.): Mantener el secreto profesional y no divulgar las fuentes de las informaciones obtenidas confidencialmente. Brasil: El periodista debe guardar, siempre que sea necesario, sus fuentes de información. Colombia: El periodista debe guardar el secreto de sus fuentes de información y respetar la confianza que se le otorga al recibir antecedentes reservados. Por tanto, el periodista que se comprometa a mantener en confidencia una información no debe hacerla pública de ninguna manera” (Sic.). Este deber ético está también en nuestro país. Así, tenemos que el Código Nacional de Ética Periodística en su numeral 5 dice: “PROTEGER LA IDENTIDAD DE LAS FUENTES CONFIDENCIALES DE INFORMACIÓN. “Aunque la misma norma deontológica (y no Jurídica), dice en el numeral 6 CITAR OBLIGATORIA Y CORRECTAMENTE LAS FUENTES, CUANDO ÉSTAS NO SEAN CONFIDENCIALES”. El otro elemento, sobre el que deseamos escribir es la CLAUSULA DE CONCIENCIA.

De acuerdo a Niceto Blasquez, se trata de una institución parecida a la objeción de conciencia. Por ejemplo, un ginecólogo de profundas convicciones, después que el juzgador autoriza el aborto, no puede ser obligado a realizar práctica abortiva.

Lo propio, un periodista no puede ser obligado, directa ni indirectamente, a escribir e informar contra su conciencia y línea ideológica. El común de los periodistas sabe que el medio donde trabaja tiene una línea ideológica y si colisiona con la conciencia ideológica del periodista, éste puede dejar la empresa periodística sin que ello comporte la renuncia a sus derechos laborales. Por eso, ante la pluralidad de medios debemos tener el cuidado suficiente de elegir correctamente el medio donde trabajar; S. Vr., soy un convencido que el aborto deba ser legalizado y trabajo en un medio de la Iglesia, seguro que en algún momento tendré este tipo de dilema ético. Seguramente el medio no querría publicar una de mis notas, sobre la legalización de aborto, ‘porque entra en contradicción con la línea del medio de comunicación social donde circunstancialmente trabajo. Si ideológicamente soy poseedor de pensamientos que riman con el liberalismo ni se me ocurra trabajar en medios del Estado o de algún sindicato. Sin embargo, estas hipótesis pueden darse, se produce este dilema ético. Las normas deontológicas -que insisto siempre, no son jurídicas- dicen que no tengo que aceptar una imposición ideológica y conductas empresariales, que vayan contra mi forma de pensar, que contradiga mi posición ideológica.

Los códigos de ética se expiden en esta dirección. Así el Código de Ética de la Confederación Tragadores de la Prensa de Bolivia sostiene que “6. Ningún periodista está obligado a expresarse en contra de su conciencia y sus convicciones. En caso de conflicto por cambio de ideología de estas, LOS PERIODISTAS TENDRÁN DERECHO A UNA INDEMNIZACIÓN JUSTA”.

Similares consideraciones tiene el Código Nacional de Ética Periodística.

Por tanto, el secreto profesional y la Cláusula de Conciencia, están consagrados como deberes éticos (y también como derecho constitucional).

Es experto en Derecho de la Información.

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