La Gaceta Jurídica

Secreto profesional y cláusula de conciencia como deberes éticos

El Señor Justicia

La Gaceta Jurídica / Carlos Conde Calle

00:00 / 11 de octubre de 2013

Decíamos que entre la fuente y el periodista se establece una relación difícil, compleja y que comporta deberes éticos. Ambos, como seres humanos, pueden llevar esta relación hasta donde sea éticamente posible. Por otro lado, el mismo periodista tiene, por encima, a su jefe de prensa y, fundamentalmente, al dueño del medio, quien define la línea editorial.

Es otro vínculo igual de complejo, porque, en definitiva, quien traza la línea editorial es el titular del medio de comunicación social. Al momento, existe una pluralidad de medios: unos pertenecen al Estado, otros a la empresa privada o sindicatos y, por supuesto, a la Iglesia Católica y a otras protestantes.

Respecto al primer rubro, esto es, relación fuente-periodista, debemos trabajar el tema con mucho cuidado, en la medida en que ambos, curiosamente, se necesitan recíprocamente, es decir que ambos son portadores de intereses. El uno quiere conseguir una buena (si no la mejor) nota, el otro desea “publicitar” el hecho noticioso. Aquí es bueno partir de una afirmación categórica: el periodista debe CITAR la fuente siempre en la nota periodista. Esto le otorga credibilidad. No hay razón para no citar la fuente. Estoy diciendo CITAR y no REVELAR.

Citar la fuente es la primera acción que todo periodista serio debe asumir y cuando se dice revelar es un acto posterior (expost). En este último caso tiene que ver con un compromiso asumido por el periodista, de guardar en reserva el nombre y apellido de la fuente y no revelarlo. No hay nada incorrecto éticamente hablando. Si el periodista asumió este compromiso, debe cumplirlo; no debe revelar la fuente por nada del mundo. Lo contrario, supondría una terrible falta ética.

En los últimos años vemos, particularmente en la prensa plana, que la totalidad de los medios revela los nombres y apellidos de la fuente (que constituye un gran acierto); es más, inclusive, la nota informativa, lleva la firma del periodista (lo que le da mayor credibilidad). Sería bueno que el sistema radiofónico y al sistema televisivo siga el ejemplo, es decir, citar en toda nota informativa a la fuente e identificarla con todos sus atributos; sería recomendable que el presentador de noticias, al momento de brindar la información, diga cual periodista (y de qué área) ha logrado la nota informativa.

La radio y la televisión, tan cuestionadas actualmente, ganarían en credibilidad. En ese contexto, la tarea periodística sería más responsable. Si por alguna razón del manejo de la nota periodística resultaren responsabilidades, la FUENTE se constituiría en responsable y no el periodista, mucho menos el medio donde trabaja.

Así, por ejemplo, Las normas básicas para servicios informativos de la Agencia de Noticias efe prescriben que “una información, DEBE ATRIBUIRSE SIEMPRE A LA FUENTE DE DONDE PROCEDA, IDENTIFICADA CON LA MAYOR PRECISIÓN POSIBLE. LA IDENTIFICACIÓN DE LA FUENTE CONTRIBUYE a determinar la CREDIBILIDAD de la información” (sic.). Lo que quiere decir que la regla es CITAR siempre la fuente en la nota; por otra parte, se debe GUARDAR EN SECRETO sólo excepcionalmente la identidad de la fuente (aunque esto no es norma de la Agencia efe).

Al tratar el SECRETO PROFESIONAL, que debe ser excepcional, nos impele formularnos algunas preguntas: ¿Por qué la fuente quiere anonimato? Si es un hecho de corrupción, ¿por qué no denuncia al Ministerio Público, Contraloría o Ministerio de Transparencia?, ¿por qué acude a mí?, ¿no será que quiere hacer daño a una tercera persona y me utiliza? Si es un proceso judicial, ¿no habrá perdido alguna batalla judicial y pretende revertir usándome para sus fines?

Se puede formular muchas preguntas más y, seguramente, el periodista las absolverá en su tarea cotidiana. Pero el hecho es que si he resuelto mantener en secreto a mi fuente, en primer lugar, debo asumir la responsabilidad, letal, si la noticia es falsa; el medio no tiene porqué ser responsable legal, porque quien decidió voluntariamente mantener en reserva la identidad de la fuente es el periodista.

En consecuencia, una vez que se tomó la decisión de mantener en reserva la identidad de la fuente, nace el SECRETO PROFESIONAL, que es un DEBER ÉTICO (y un derecho previsto por el artículo 8 de la Ley de Imprenta). Como la columna dice relación con la ética y no con el Derecho, mi escrito se circunscribe al plano moral (para ser más preciso, a la Deontología Periodística).

En ese marco tenemos los códigos de ética citados por Niceto Blásquez: “Mantener el secreto profesional y no divulgar las fuentes de las informaciones obtenidas confidencialmente” (fipcee). De Brasil, el periodista debe guardar, siempre que sea necesario, sus fuentes de información. De Colombia, el periodista debe guardar el secreto de sus fuentes de información y respetar la confianza que se le otorga al recibir antecedentes reservados. Por tanto, el periodista que se comprometa a mantener en confidencia una información no debe hacerla pública de ninguna manera (sic).

Este deber ético está también en nuestro país, así tenemos que el Código Nacional de Ética Periodista, en el numeral 5, dice: “proteger la identidad de las confidenciales de información”, aunque la misma norma deontológica (y no jurídica) dice, en el numeral 6, “CITAR OBLIGATORIA Y CORRECTAMENTE LAS FUENTES, CUANDO ÉSTAS NO SEAN CONFIDENCIALES”.

De acuerdo a Niceto Blásquez, el otro elemento, la CLÁUSULA DE CONCIENCIA, se trata de una institución parecida a la objeción de conciencia. Por ejemplo, un ginecólogo de profundas convicciones, después que el juzgador autoriza el aborto, no puede ser obligado a realizar esta práctica. Lo propio, un periodista no puede ser obligado, directa ni indirectamente, a escribir e informar contra su conciencia y línea ideológica.

El común de los periodistas sabe que el medio donde trabaja tiene una línea ideológica y, si colisiona con su conciencia ideológica, éste puede dejar la empresa sin que ello comporte la renuncia a sus derechos laborales. Por eso, ante la pluralidad de medios debemos tener el cuidado suficiente de elegir correctamente donde trabajar. Por ejemplo, si estoy convencido que el aborto debe ser legalizado y trabajo en un medio de la Iglesia, seguro que en algún momento tendré este dilema ético.

Seguramente, el medio no querría publicar mis notas sobre la legalización del aborto, porque entra en contradicción con la línea del medio e comunicación, donde circunstancialmente trabajo. Si ideológicamente tengo pensamientos que riman con el liberalismo ni se me ocurra trabajar en medios del Estado o de algún sindicato. Sin embargo, estas hipótesis pueden ocurrir y se produce un dilema ético. Las normas deontológicas –que, insisto, no son jurídicas– dicen que no tengo que aceptar una imposición ideológica ni conductas empresariales que vayan contra mi forma de pensar o contradigan mi posición ideológica.

Los códigos de Ética se expiden en esta dirección. Así, el Código de Ética de la Confederación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia sostiene que: “6. Ningún periodista está obligado a expresarse en contra de su conciencia y sus convicciones. En caso de conflicto por cambio de ideología de éstas, LOS PERIODISTAS TENDRÁN DERECHO A UNA INDEMNIZACIÓN JUSTA”.

Similares consideraciones tiene el Código Nacional de Ética Periodística. Por tanto, el secreto profesional y la cláusula de conciencia están consagrados como deberes éticos (también como derecho constitucional).

Es experto en Derecho de la Información.

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