La Gaceta Jurídica

Segunda edición del curso sobre el CPC y otras contribuciones

El Señor Justicia 

Carlos Conde Calle

00:00 / 08 de mayo de 2016

Como profesor universita- rio –por supuesto de la umsa– estoy en contacto con alumnos de pregrado y postgrado. Es- tos últimos me dijeron que, a pesar del escepticismo, está probado que el Có- digo Procesal Civil (cpc) en vigencia fue copiado del anteproyecto dejado por René Blattman.

Así, estos interlocutores me pidieron que escriba sobre otros dispositivos legales. Les respondí que, de acuerdo a nuestro plan, en lo inmediato viene un análisis riguroso del Código de las Familias y, posteriormente, sobre Filosofía.

Desafortunadamente, esta área del cocimiento científico es considerada un relleno; así, intentaremos demostrar lo falso de esta creencia. En noviembre del pasado año concluí el proceso de documentación del Código de las Familias. Asimismo, mis lectores felicitaron esta columna que permitió posicionar un tema trascendental en el imaginario individual y colectivo sobre el cpc.

Precisamente, estos días salió la 2ª edición del libro colectivo Curso sobre el Código Procesal Civil. No puedo eludir su análisis. En esta edición, como en la anterior, el director es Jorge Omar Mostajo Barrios.

Se trata de un libro interesante que, en el fondo, intenta imitar el modelo uruguayo pues allí existe un volumen con el mismo título, publicado en dos tomos por Enrique Vescovi y otros. Creímos que del libro serían excluidos un par de trabajos, los de Walter Guerra Pérez (págs. 330 a 381) y de Jorge Mostajo (págs. 278 a 297). Nos equivocamos. Ambos textos quedaron en el libro.

El uruguayo Guerra escribe sobre el origen mediato del actual CPC, el Código Modelo para Iberoamérica de Código Procesal Civil (porque la fuente inmediata es Blattman). Vuelvo a destacar la honestidad intelectual de Mostajo, quien reconoce en su trabajo que el origen del nuevo CPC es el Código Modelo. ¿Qué pasó?, ¿José César Villarroel y Andrés Valdivia no han leído este libro colectivo? o ¿lo leyeron y no les quedó otra que aceptar los argumentos de ambos autores?

Como sea, el nuevo cpc no puede ser presentado como original. No. Los proyectistas tomaron el anteproyecto de cpc dejado por el neoliberal René Blattman.

El autor de esta columna escribió el libro Periodismo Judicial. En España existe otro de José Luis Calero, con el mismo título. Este autor inspiro mi texto, pero no le copié. No habría sido correcto apropiarme de un trabajo ajeno. El lector, al cotejar los libros de Calero y el mío, advertirá que son parecidos pero no iguales; pero, lo más trascendente es que nosotros, como deber intelectual, citamos al español.

Amable lector, usted sabe que ninguna obra sale de la nada; toda producción tiene como base a otros autores, a quienes rebatimos o apoyamos, también orientamos y damos nuevas direcciones a las proposiciones teóricas. Presentar algo con soberbia como constructo nuevo es un despropósito intelectual.

Además, el sistema jurídico de carácter privado es occidental, europeo; querer “crear” nuevas instituciones, como proponen las filosofías postmodernas, es una aberración intelectual (de nada sirve el pensamiento situado). Los intelectuales deben ser humildes y admitir que no hay creaciones originales en el 100 por ciento.

Mis lectores deben saber que estoy de acuerdo con el actual cpc, salvo en pequeños acápites que son mínimos. Se trata de una obra colectiva que arrancó en 1945 con el código que dejó el notable procesalista uruguayo Eduardo J. Couture. En los años 90, mis maestros Mario Cordero Miranda y Enrique Díaz Romero dejaron el Anteproyecto de Código Civil bajo la tuición de René Blattman.

Los dos autores citaron la fuente principal y dicen en su trabajo que tomaron el Código Modelo para Iberoamérica de Código Procesal Civil. En el siglo XXI, cuando el actual gobierno contrató a Villarroel y Valdivia para que produzcan un nuevo cpc, estos copiaron el anteproyecto de Blattman y presentaron la obra como de su producción.

Esto no lo digo yo, el mismo Cordero Miranda se quejó de esa acción en el libro colectivo El Nuevo Código Pro- cesal Civil, publicado por editorial Kipus. Infelizmente, Cordero nunca fue respondido por César Villarroel.

En el proceso de investigación debemos cuidar estos detalles. Por eso advertí en columnas anteriores que tengo los anteproyectos originales del Código Civil, del de Comercio y del de Propiedad Intelectual ante la eventualidad de que sucedan hechos desagradables como los que rodearon al cpc.

En este escenario, tengo en mi poder más documentos, por ejemplo, el libro de Jaime Augusto Rivera, Cathe- rine Alcázar y Walter Ramírez titulado Incorporación de la Oralidad y Cambios en el Nuevo Código Procesal Civil, publicado el 2004 con 193 páginas. Los autores desarrollaron un estudio prolijo del anteproyecto Blattman.

Por ejemplo, en la página 20 afirman que “el nuevo sistema permitirá la prevalencia de la oralidad a cambio de la escrituración, que bien puede ser calificada como la madre de los problemas advertidos hasta el presente en materia civil (...), se ha dado prelación a los medios extraordinarios de conclusión de los procesos, asignado prelación a la Conciliación en un capítulo específico”.

¿Qué dirán estos autores? Segu- ramente sienten pena al no haber sido citados por Villarroel y Valdivia. ¡Y la obra que glosamos es de 2004!

Pero el autor ignorado por los proyectistas es Gerardo Parajeles Vindas, del libro La Oralidad y el Moderno Proceso Civil Boliviano, publicado por el Consejo de la Judicatura, aproximadamente en 2005. En todo caso, el libro tiene 183 páginas y es prologado por Teresa Rivero de Cuisicanqui, en ese tiempo presidenta alterna de este consejo.

En la página 23, el autor sostiene que “ha habido muchos intentos y el derecho comparado ofrece ejemplos (...). Empero, estos esfuerzos de reforma deben clasificarse en dos etapas marcadas por la aparición del Código Procesal Civil Modelo, impulsado por el Instituto Iberoamericano de Derecho Procesal Civil.

El código tipo sufrió un largo camino antes de surgir al mundo de la cultura. Fue redactado por los miembros uruguayos del instituto, Adolfo Gelsi Bidart y Enrique Vescovi. Tiene como inspiración el Proyecto Código Procesal Uruguayo de 1945, redactado por Eduardo J. Couture, cuyo ideal era concebir un proceso basado en una oralidad por audiencias. Y, en el plano de la experiencia procesal, se funda en el proceso oral y por audiencias concebido en Austria, Puerto Rico y Estados Unidos” (sic).

Este autor tampoco fue citado. Parajeles sostiene en la página 26 que “(los bolivianos) han preparado un anteproyecto de Código Procesal Civil, desde luego bajo las orientaciones e influencias del Código Modelo para Iberoamérica y del Código General del Proceso de Uruguay. El Anteproyecto cuenta con la participación de los autores nacionales Mario Cordero Miranda, Enrique Díaz Romero y Kenny Prieto M.; los dos primeros como representantes del Ministerio de Justicia y el último de la Corte Suprema de Justicia. Además, como consultores internacionales figuran Luis Torrelio y Jorge Marabotto, el primero como propulsor del Código General en su país, Uru- guay” (sic). ¿Qué pueden decir Villa- rroel y Valdivia?

En conclusión, el Código Procesal vigente no es original, tiene diferentes fuentes que los autores no supieron (o no quisieron) citar.

Es experto en Derecho Privado.

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