La Gaceta Jurídica

Substitución policial

La lucha para “sanear” la fuerza verde olivo será posible con la participación de la administración del Estado, que no ha insistido en ello y ha dejado el trabajo de forma interna, lo que puede provocar situaciones hasta coercitivas o de chantaje para mantener el estado de cosas.

La Gaceta Jurídica / Editorial

00:00 / 22 de mayo de 2012

El nuevo relevo en la comandancia nacional de la Policía Boliviana ha confirmado que la inestabilidad continúa en la institución. Como en otras ocasiones recientes y bastante periódicas, las denuncias de corrupción han provocado la caída del máximo jefe policial, en esta ocasión del general Jorge Santiesteban, quien tuvo que dejar el mando acosado por las irregularidades por el ingreso de 54 cadetes a la Universidad Policial (Unipol), además de las denuncias de amenazas recibidas por la ministra Anticorrupción, Nardy Suxo, y sus familiares.

Al respecto, el uniformado saliente aseguró que demostrará su inocencia en el primer caso y que en el segundo jamás habría utilizado su poder para verter amenazas, mientras que argumentó que todo lo sucedido se trata de una guerra sucia en su contra, manifestación también escuchada en ocasiones anteriores. De hecho, será muy saludable para el organismo policial, la persona y el mismo Estado que esos sucesos sean aclarados por la ex autoridad policial y que la entidad no deje en el limbo o el olvido estos acontecimientos.

Tal vez este esclarecimiento sea uno de los primeros pasos del comandante interino, el coronel Víctor Santos Maldonado, quien durante su posesión manifestó que no permitirá que los clanes de élite sigan actuando en la institución y que no se busca el cargo para abusar a nadie. “Grupos de élite se sentían dueños de la Policía y eso es algo que ya no vamos a permitir en la institución verde olivo” y “no queremos un cargo para abusar de la gente”, dijo en su discurso de jura.

Con esta asunción, hay un nuevo desafiado ante un permanente y al parecer irresoluble estado institucional, que ha sido motivo de anuncios para una reforma profunda que no tiene inicio. Al respecto, el nuevo comandante pidió a los 37 mil policías de todo el país a comportarse con honestidad y transparencia, según señalan las notas periodísticas del 21 de mayo; pero también se conoció voces que llevan a conjeturar divisiones institucionales motivadas por los temas de las sanciones, los ascensos y hasta las condiciones en las que se encuentra la institución con relación a equipamiento personal, vehicular y de infraestructura.

Si bien parece que se acaban los mandos superiores de la Policía y tendrán que aprobarse promociones con premura, esto no significa necesariamente que se renovarán las formas de comportamiento, aunque puede ser una tendencia alentadora de ello. La lucha para “sanear” la fuerza verde olivo será posible con la participación de la administración del Estado, que no ha insistido en ello y ha dejado el trabajo de forma interna, lo que puede provocar situaciones hasta coercitivas o de chantaje para mantener el estado de cosas.    

Algunas consideraciones han señalado que es imprescindible  que la Policía sea refundada con personal renovado, sin embargo, esto se trata de una exageración sin asideros, pues es necesario considerar a los buenos elementos (aunque sea difícil su identificación), el apoyo que éstos requieren para las transformaciones y mantener la expectación de la población sobre si es posible el cambio de conducta, que debe ser motivada por mejores condiciones de vida y por la dignidad personal inherente al ser humano.

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