La Gaceta Jurídica

Torpes formas de designación judicial

Los políticos tradicionales –eternos salvadores de la Patria– nunca dejaron de suponer que las cosas se arreglan con simples cambios de personas, sin entender que semejante situación encubre implícitas jugarretas.

“La justicia se vendía con intermediarios, tarifas secretas, entre consorcios y recomendaciones”.

“La justicia se vendía con intermediarios, tarifas secretas, entre consorcios y recomendaciones”. Foto: preciobuscado.com

Gustavo Portocarrero Valda

00:00 / 20 de marzo de 2015

Los muy autoconvencidos jerarcas de turno estaban seguros de que las personas, por ellos designadas, eran siempre mejores que las anteriores e iban brindar servicios de capacidad y respetabilidad en favor de la justicia boliviana.

Tal fue su miopía galopante. Sin embargo, y pese a su imposibilidad de percibir y resolver una realidad estructural, menos se daban cuenta –al ver todo negro– que también había jueces de sólida formación personal y honorabilidad, así sea por azar del destino. Empero se trataba de situaciones individuales propias, como una excepción a la estructura existente.

Era tan torpe la forma de designación judicial que todas nuestras constituciones daban potestad al Poder legislativo para designar al máximo organismo del Poder Judicial. De esta forma, la Cámara de Dipu- tados elegía a los magistrados a propuesta, en terna, de la Cámara de Senadores.

También de esta forma comenzaba no la solución, sino el problema. Por consigna, el partido político en el poder nombraba solo a sus partidarios y cuando no los tenía aptos, los improvisaba. Si no contaba con mayoría suficiente, pactaba con la oposición y se asignaba una proporción.

De esta forma nació el cuoteo judicial, simultáneamente apareció el fenómeno de la reciprocidad que ligaba a los elegidos con sus electores, a los que había de retribuirse el servicio de distintas formas, en especial fallo favorable para casos personales, de amigos, parientes, compadres, partidarios y amigas sentimentales.

El Poder Legislativo nunca dejó de tener fuerza de presión sobre la judicatura. Surgieron los “recomendadores” a favor de una victoria para determinado litigante. Cierto juez –que no toleraba semejantes situaciones– me dijo personalmente que cosía las notas de recomendación a los expedientes.

También los integrantes del Ejecutivo recomendaban casos. Personajes de influencia no tenían reparo en llamar directamente por teléfono, aun desde el Palacio de Gobierno, poniendo en apuros al juzgador requerido. Yo mismo denuncié el hecho mediante carta abierta y por prensa, con nombres y apellidos.

Todos sabemos que –fuera de reciprocidades y recomendaciones– persiste el fenómeno de la presión directa gubernamen- tal, para el fondo de juicios importantes del Estado, aunque este no tenga la razón. Amenazas, intimidaciones, anuncios de juicio y otros medios para aplastar la voluntad del juzgador, subsisten hasta la fecha.

Volvamos para atrás. La vieja Corte Suprema designaba a las cortes del Distrito, quedando el mismo sello de reciprocidad y sumisión, si había interés específico de algún magistrado. A su vez, las cortes del Distrito faccionaban para la Suprema ternas para jueces departamentales.

No faltaron denuncias de cobros secretos a los postulantes (tres mil dólares) para ser puestos en terna. Era peor la extorsión para notarios de Fe Pública en el entendido de que podían soportar la coima, dado lo rentable del cargo.

Apareció también el fenómeno descarado de los postulantes rastreros que perdían toda vergüenza. Hacían prolongadas antesalas en despachos de senadores y políticos de influencia, ofreciendo cualquier cosa al padrino, para cuando sean elegidos. Y –con el honor del maleante que siempre cumple con su palabra solemne– no defraudaban al padrino. Un amigo, compañero de la infancia en la escuela, llegado a senador, me contó horrorizado sobre una propuesta que recibió.

La justicia se vendía. Todo consistía en localizar al intermediario y conocer la tarifa secreta. A veces el intermediario buscaba directamente al litigante y le sugería no decir nada a su abogado o cambiarlo por otro del consorcio secreto.

Los sobornos no siempre se percibían en dinero, sino también en especie. Me contaba una amiga que no obstante la licitud, limpieza y honestidad de su causa patrimonial por un inmueble, ante la presión, su crisis emocional y no contar con dinero efectivo, entregó a un vocal de corte un collar de oro (recuerdo familiar que le quedaba)

Todo lo narrado hasta el momento comprende desde el pasado hasta la asunción del presente gobierno, promulgación de la Constitución vigente y la elección del actual cuerpo de justicia, cuya consideración ya se acerca.

Es abogado, poeta y ensayista.

Tomado de: bolpress.com

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