La Gaceta Jurídica

Tráfico de colmillos de jaguar

…es posible que no se continúe con la investigación para establecer complicidades, porque es obvio que el ciudadano oriental cuenta con más de un proveedor que pone en riesgo la existencia de las especies que son parte del equilibrio de la diversidad…

Editorial

00:00 / 15 de agosto de 2014

El miércoles, en las dependencias de Correos de Bolivia, se encontró unos paquetes de encomienda que contenían piezas dentales de jaguar, especie que habita en los bosques de América Central y Sudamérica, incluyendo nuestro país, y que se encuentra en peligro de extinción debido a la cacería, la destrucción de su hábitat y las prácticas contrarias al equilibrio medioambiental.

El reporte publicado por el matutino Extra señala que el encargado de control de encomiendas en correos descubrió 24 colmillos de felino escondidos en esponjas para el lavado de vajilla, por lo que hizo la denuncia a la unidad de la Policía Forestal y Preservación del Medio Ambiente (Pofoma) que se hizo cargo del caso. Si bien el tema es investigado y se prevé tenga resultados positivos con sanciones adecuadas, se debe tomar en cuenta un agravante que no fue considerado a tiempo.

El hecho es que el remitente de estos paquetes, un ciudadano chino, ya habría perpetrado un acto similar a principios de este mes, el cual fue descubierto por uniformados de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn) en el aeropuerto de El Alto. Según el informe, en esa oportunidad el tráfico estaba compuesto de ocho paquetes que contenían 40 collares con colmillos de jaguar, 60 colmillos sueltos y, por lo menos, dos frascos con esas piezas dentales.

El producto del delito tipificado en la Ley 1333 del Medio Ambiente tenía destino en el continente asiático, donde estas partes animales significan un gran negocio. Hasta el cierre de esa nota, la Policía ya contaba con la identidad del presunto contrabandista y estaba indagando sobre su paradero. Mientras tanto, en el Instituto de Biodiversidad se estudiaba la autenticidad de las piezas.

Sobre la legislación referida a este delito se cuenta con el artículo 111 de la Ley de Medio Ambiente que señala que: “el que incite, promueva, capture y/o comercialice el producto de la cacería, tenencia, acopio, transporte de especies animales y vegetales, o de sus derivados sin autorización o que estén declaradas en veda o reserva, poniendo en riesgo de extinción a las mismas, sufrirá la pena de privación de libertad de hasta dos años perdiendo las especies, las que serán devueltas a su hábitat natural, si fuere aconsejable, más la multa equivalente al cien por ciento del valor de éstas”.

Además, la Reglamentación de la Ley 1333 en su artículo 106 establece que: “los delitos ambientales contemplados en el Título XI, Capítulo V de la Ley serán sancionados de acuerdo con lo dispuesto por la Ley, el Código Penal y su Procedimiento. A este efecto, la Autoridad Ambiental Competente denunciará los hechos ante la Fiscalía del Distrito y se constituirá en parte civil, coadyuvante o querellante”.

El riesgo de este hecho es que no se cuente con la denuncia pertinente y no se instale un querellante como señala la ley. Por otra parte, es posible que no se continúe con la investigación para establecer complicidades, porque es obvio que el ciudadano oriental cuenta con más de un proveedor que pone en riesgo la existencia de las especies que son parte del equilibrio de la diversidad en el continente y todo para satisfacer requerimientos y prácticas fundadas en la superstición que sólo pone en peligro la existencia en el planeta, incluso la humana.

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