La Gaceta Jurídica

Tráfico de marfil y especies

…mientras se critica la pobreza de espíritu al preferir el marfil destruido en lugar de los elefantes vivos, en los mismos y en otros lugares del planeta también  se trafica con otras especies de aves, mamíferos raros, anfibios y reptiles.

La Razón (Edición Impresa) / Editorial

00:00 / 23 de junio de 2015

Uno de los problemas con mayores consecuencias en el mundo es el tráfico de especies animales y vegetales, actividad que persiste con mayor intensidad en países de los continentes pobres, África, Asia y América Latina y el Caribe, donde se ha organizado grupos mafiosos que se dedican a este comercio sin el menor remordimiento por el daño que provocan al equilibrio de la naturaleza ni por la crueldad que esto representa para los seres que tienen la desdicha de caer en sus manos.

El hecho es que, a falta de leyes adecuadas en gran parte de esos países para sancionar este negocio o de mecanismos que las hagan cumplir en caso de existir, los contrabandistas de seres vivos tienen la complicidad de mercados amplios a donde enviar a sus víctimas, incluso en partes, pues es claro que, mientras exista demanda, estos negocios continuarán. Sin embargo, a nivel mundial se cuenta con herramientas que protegen los derechos de esos seres y que podrían ayudar a controlar y reducir la amenaza a la vida.

Por ejemplo, desde 1975 funciona la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies de Fauna y Flora Silvestres Amenazadas (Cites), que regula y controla el tráfico de animales silvestres. Este mecanismo abarca más de 30.000 especies de animales y plantas en todos los órdenes y establece regulaciones que los países miembros, alrededor de 185, tienen el compromiso de cumplir, pues en gran parte han ratificado el documento, no obstante, los resultados no son muy buenos en el cumplimiento de sus objetivos. Además, ¿qué pasa con los que no son parte de este tratado?

Sobre esta frustración de la normativa internacional, llama la atención un dato publicado por la revista Science, rescatado en un artículo de la agencia de noticias afp y difundido en Bolivia por La Razón, debido a que, por lo menos, 50.000 elefantes africanos son asesinados cada año para extraerles el marfil. Esto es motivado por la ignorancia de grupos de gente en países, especialmente asiáticos, que compran el material cuando es transformado en chucherías que para ellos tienen alto valor.

Esto se convierte en un gran negocio para los cazadores contrabandistas y para sus cómplices que a título de artistas o artesanos transforman el marfil para ser vendido. Lo grave es que en esos países persiste el mal gusto y el grotesco de tener partes animales en su poder, lo que demuestra la falta de formación moral y de inteligencia, lo que impide el razonamiento para comprender que el mundo se encuentra próximo a una debacle por el daño que se produce con la desaparición de especies, además de otras formas de deterioro. Asimismo, mientras se critica la pobreza de espíritu al preferir el marfil destruido en lugar de los elefantes vivos, en los mismos y en otros lugares del planeta también se trafica con otras especies de aves, mamíferos raros, anfibios y reptiles.          

Para evitar esta torpeza no bastan las normas, es necesario que se despierte la conciencia para que se transforme en consideración para con la vida, así se evitará comprar animales silvestres o sus partes convertidas en desagradables elementos de colección u “ornamento”, esto destruirá los mercados que motivan a que los delincuentes continúen su faena destrutiva y cruel.

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