La Gaceta Jurídica

Transformaciones sin resultados

Puerta opuesta

La Gaceta Jurídica / Orlando Rojas Baspineiro

00:00 / 10 de julio de 2012

La Rendición Pública de Cuentas es un mecanismo instituido tanto en la Constitución Política del Estado (cpe) y en la Ley del Órgano Judicial, en cuanto a esta institución corresponde y, por lo que entendemos, es precisamente eso, mostrarle al pueblo los resultados que se obtuvieron en determinado periodo de trabajo. Para mostrar resultados lo primero que se debe plantear una institución son objetivos estratégicos, porque si no en base a qué se mostraría la trascendencia del trabajo realizado

El pasado 29 de junio, la presidenta del Consejo de la Magistratura hizo una tentativa por presentar una Rendición Pública de Cuentas, sin embargo, todo quedó en intento, en propósito fallido, pues de resultados no se mostró mucho; en dicha oportunidad, la titular de esta institución redundó en simplezas que, en apariencia, muestran muy poco y nada del supuesto trabajo que lleva adelante ese organismo del Órgano Judicial.

Lo más destacable, tal vez, fue la posesión, ¡por fin!, de 21 jueces disciplinarios para todo el país (tres por cada uno de los distritos del eje y dos por el resto), además de la presentación de la nueva estructura administrativa del Consejo de la Magistratura, su escala salarial y su Manual de Organización y Funciones que fue un trabajo efectivo del equipo de asesores de los Consejeros.

Más allá de eso, el informe de los primeros seis meses de trabajo del Consejo de la Magistratura repite actividades que estaban contempladas hace cuatro años dentro de los poa (planes operativos anaules) del Consejo de la Judicatura, institución a la que las actuales autoridades satanizan, sin fijarse que están cayendo en los mismos errores y, peor, copiando trabajos que encaró esa institución.

Un ejemplo basta para graficar la anterior afirmación: la Gerencia de Servicios Judiciales del extinto Consejo de la Judicatura, hace cuatro años, expuso la propuesta de crear 53 juzgados nuevos en base a estudios estadísticos efectuados por dicha instancia; la pasada semana, durante la Rendición Pública de Cuentas que ofreció la presidenta del, supuestamente, renovado Consejo, se volvió a presentar el señalado planteamiento.

Con se puede decir que, según los genios que hoy se encuentran al frente de esta institución, las condiciones de hace casi cinco años no cambiaron, que la cantidad de procesos que llegan hasta los tribunales no aumentó, que la propia ley no cambió y se sigue precisando lo que se había previsto entonces, lo cual pasa de la sinrazón a la estulticia y es una muestra clara del poco trabajo realizado en estos primeros seis meses en funciones.

Luego, dentro de la estructura organizacional que incluyen en su rendición de cuentas y a la que la presidenta no se refirió, se presenta una distribución que inflará la burocracia de esa entidad, pues, si antes se criticaba la cantidad de personas que trabajaban en el Consejo de la Judicatura, en la actualidad, con la estructura presentada, el número de funcionarios que cumplirán funciones en esa instancia administrativa podría fácilmente duplicar a la que se tenía antes, lo que, sumado a los pocos resultados alcanzados e ineficiencia mostrada en estos primeros seis meses de trabajo, pone en tela de juicio la utilidad de los cambios encarados, seguramente con buena fe, por el actual régimen.

A mi juicio, esta falta de resultados se explica por el simple hecho de que hay una reprochable actitud de endiosamiento o excesiva confianza de un par de miembros del Pleno del Consejo de la Magistratura, quienes en este semestre no permitieron que la institución avance, pese a que, como en todo, hay autoridades que conforman dicho Pleno que tienen un verdadero compromiso, no sólo con la institución, sino con la gente de la que recibieron el respaldo para estar hoy en esos sitiales de privilegio, pero que no se atreven a cuestionar las decisiones que –con verdadero autoritarismo– se asumen por parte de algunos.

Estas personas, quienes con buenas intenciones desean llevar adelante esa nave estatal, son impedidas de materializar un buen trabajo por sus propios colegas que, con mayor influencia y autoridad, se inclinan por el simple expediente de mantener la institución en un lamentable estado de situación que fue, públicamente, reflejado por su  propia presidenta.

Para esas autoridades obcecadas lo más importante es pelear por las designaciones. “A quién poner y por qué” parece ser la máxima de estos personajes que lo único que logran es hacerle daño a este nuevo Órgano Judicial que nació con verdaderas expectativas, no sólo por parte nuestra, sino también de toda la ciudadanía que, aunque no lo haya hecho masivamente, acudió a las urnas a votar por estas personas que, se presumía, iban a mejorar la administración de justicia. En medio de las simplezas de la rendición pública de cuentas efectuada por el Consejo de la Magistratura se puede advertir que, en suma, no se logró mayor avance y que la “revolución Judicial” dista mucho de cumplirse por la intervención de ciertos niveles de incapacidad, inexperiencia y la sobrevaloración de algunos profesionales que eligió Evo Morales para llevar adelante la misma.

Un apunte extra. Hay una doctrina que pretende “aimarizar” Bolivia, de ahí nace, por ejemplo, el feriado inventado para cada 21 de junio. Como buena seguidora de esa corriente, la presidenta del Consejo de la Magistratura comenzó su informe con un discurso de casi diez minutos en ese idioma, por supuesto, nadie le entendió ni un ápice de lo que dijo, porque Sucre es una región quechua y si se quiere utilizar los idiomas nativos se debería emplear precisamente ese idioma, las letanías en otros idiomas no se entienden.

A seis meses de trabajo del Consejo de la Magistratura se destaca que, por lo menos hasta el momento, fue la única institución del Órgano Judicial que concretó una rendición pública de cuentas; seguramente a partir de la verificación del exiguo trabajo que se realizó hasta la fecha se pueda efectuar un examen interno, una evaluación que permita rencaminar los objetivos trazados inicialmente cuando desde la Asamblea Constituyente se procedió a delinear los objetivos estratégicos de la nueva administración judicial.

Será vital, para que la revolución judicial no sea un fiasco, que las autoridades dejen de considerarse el ombligo del mundo y trabajen en beneficio de ese pueblo que los apoyó en las elecciones de 2011.

Espere…

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