La Gaceta Jurídica

El Tribunal Constitucional y las hojas de coca

Realidades jurídicas

La Razón / Gabriel Paláez G.

00:00 / 23 de marzo de 2012

*Es difícil dar el calificativo adecuado a la “confesión” pública realizada por uno de los magistrados del Tribunal Constitucional Plurinacional (tcp). Digamos que, al menos, fue insólito que aquél “confesase” ante la televisión que, cuando se trata de procesos complejos, él “consultaba a la hoja de coca” para poder dictar el fallo.Incluso abundó en otros detalles y, contando con un aguayo en su despacho, trató de “demostrar” cómo se hacía para que tan singular método tuviera aplicación práctica. Para añadir más despropósitos, habló de fallos “positivos” y “negativos”, absolutamente desconocidos en la práctica procesal. Aquellos términos podrán aplicarse quizás en electricidad, pero los fallos del Tribunal Constitucional, como los de otro cualquiera, favorecen o dejan de hacerlo a uno de los litigantes.Es que, seguramente, la utilización de la “hoja de coca” ha trastocado aquél esquema que además es universal. La anterior declaración ante la prensa la hemos calificado de “confesión”, porque fue absolutamente voluntaria y, por lo tanto, frente a la misma se deberán aplicar dos frases conocidas. La una, “palabra suelta no tiene vuelta” y la otra, “a confesión de parte, relevo de prueba”. Lo decimos porque, ante las reacciones que han provocado tales confesiones, se ha tratado de encontrar tres pies al gato, inventando una serie de explicaciones que no explican nada y que solo enredan más el panorama.El asunto se ha complicado por otras desafortunadas declaraciones, nada menos que del Presidente del Tribunal Constitucional Plurinacional. Esta alta autoridad ha llegado a decir que era bueno recordar que el nuestro era un Estado Plurinacional. Que el magistrado aludido pertenecía al sector campesino, indígena originario y que debe respetarse la pluralidad y la interculturalidad existentes en el país (¿!). Nos preguntamos, ¿cuál la relación entre la utilización de la “lectura de la hoja de coca” como MÉTODO para dictar fallos y la existencia de un Estado Plurinacional o la pertenencia del magistrado a una etnia determinada? Se han confundido las cosas.En cambio, uno de los magistrados suplentes del Tribunal Constitucional, con mucha ecuanimidad y valentía, se mostró totalmente contrario a la formulación de aquellas afirmaciones. Señaló que las mismas resultaban poco menos que desafortunadas y que no le hacían ningún bien a aquél Tribunal. Añadió que las mismas, implicaban un desconocimiento del estudio del derecho y de la aplicación de la normativa que corresponde y que es la que el Tribunal está obligado a aplicar en todos los casos, prescindiendo de cualquier otra práctica absolutamente extraña y totalmente ajena al tema.Lo anterior, refleja la única posición correcta. Pero el asunto es más grave aún si recordamos que el magistrado “confeso” fue el más votado en la elección del pasado septiembre entre los candidatos al Tribunal. Este hecho lo llevó a su primera polémica pública, cuando exigió su elección como Presidente del Tribunal, en forma poco menos que automática. Después, tuvo que retroceder cuando se convenció de que tal exigencia no estaba apoyada en ninguna normativa vigente.Tales hechos constituyeron, en consecuencia, algo que hemos venido sosteniendo desde hace tiempo, que el sistema de elección popular y directa para los magistrados, no garantiza nada de nada. Menos el escoger a los más probos y tampoco a los más competentes. Lo que acaba de suceder no es posible tomarlo como un hecho a la ligera o como algo pasajero producto de algún desliz que ahora ya se está tratando de tapar o que se olvide muy rápidamente. Las declaraciones podían haber sido de cualquiera de jerarquía inferior en los esquemas de la administración de justicia, es decir, vaya y pase. Pero ¡ojo!, se trata del magistrado de un Tribunal que dice la última palabra nada menos que en cuanto al control de constitucionalidad y cuyos  fallos no “admiten recurso ordinario ulterior alguno”, como lo destaca el artículo 203 de la Constitución Política, que es, además, concordante con el texto del artículo 8 de la Ley del Tribunal Constitucional o, si usted prefiere, al revés.Lo que queremos destacar es que la postura exhibida públicamente por un magistrado del mencionado Tribunal, así acabe arrepentido de su “metida de pata” en el fondo, refleja “posicionamientos” que, aunque parezcan irrisorios o no, dignos de tomarse en cuenta, pueden convertirse a la larga en elementos absolutamente distorsionantes referidos al manejo de la justicia en general.Es cierto que, por ejemplo, en las salas en que se divide ese Tribunal un solo magistrado no puede dictar por su cuenta el respectivo fallo, así estuviese apoyado por las “hojas de coca”. Requiere el voto del otro magistrado de la misma Sala. Pero si él ha sido el relator o responsable del estudio del respectivo proceso, es indudable que su opinión va a ser lo suficientemente influyente como para, en su momento, empujar a una forma determinada de fallar en el caso concreto.Como habíamos señalado, lo dicho ya no tiene vuelta al margen de las muchas explicaciones que han surgido después de aquella “confesión”.Por todo lo expuesto, nos permitimos formular dos sugerencias en concreto: una, que en las facultades de Derecho vaya a crearse una cátedra para que se enseñe el manejo de la “adivinación” a través de las hojas de coca a los futuros abogados.Y, en cuanto al mismo Tribunal Constitucional, se reglamente que cuando los litigantes presenten sus respectivos memoriales los acompañen con una bolsita de una libra de coca (por si las moscas).

Espere…

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
20 21 22 23 24 25 26
27 28

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia