La Gaceta Jurídica

Utilización de dinamita

…la utilización desmedida, sin sensatez y repetitiva desvirtúa el significado de lo que los trabajadores, en especial los mineros, califican como práctica de resistencia sindical y laboral; es decir que los instrumentos de lucha de las organizaciones deben ser empleados con criterio…

Editorial

00:00 / 08 de mayo de 2016

El último 1 de mayo, Día Internacional del Trabajo, la población conoció la anulación del Decreto Supremo 1359, de 26 de septiembre de 2012, el cual prohibía la tenencia y utilización de materiales explosivos para ser detonados en manifestaciones sociales. El principal argumento para esta decisión gubernamental es que, de este modo, se garantiza “los derechos a la asociación y libertad de expresión mediante manifestaciones públicas, así como ejercer el derecho a organizarse en sindicatos de las y los trabajadores”.  

Es decir que se considera que la detonación de cachorros de dinamita durante las marchas es un medio de expresión necesario, sin tomar en cuenta los peligros que puede representar la manipulación de estos explosivos que han dejado varios casos de muertes y heridas de gravedad. En todo caso, la utilización de los cachorros y de la propia dinamita otrora fue una práctica de resistencia y defensa de los mineros y de otros sectores sociales en épocas de dictadura o en momentos de reivindicaciones sociales y políticas. Aunque también aplicada con raciocinio tendría que servir para la conservación de logros.

Por otra parte, la emisión del mencionado decreto de parte del mismo gobierno que ahora lo derogó se debió a que, el 18 de septiembre de 2012, el minero Héctor Choque falleció con la explosión de un cachorro de dinamita que fue lanzado por mineros cooperativistas contra la sede de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (fstmb) en el centro de La Paz. Este hecho particular evidenció la irresponsabilidad o intencionalidad de un sector, el de la minería cooperativista, que no se caracteriza mucho por su conciencia social, sino por sus intereses económicos, enfrentado contra otro, el de los mineros sindicalizados, quienes siempre han sido el baluarte de la resistencia sindical y de la conciencia de clase.

Si bien la determinación del Gobierno incluye el consejo del viceministro de Régimen Interior, Rodolfo Illanes, para que se tenga cuidado con la utilización de dinamita y evitar daños a la integridad física de las personas o a los bienes materiales, no se toma en cuenta que los estallidos provocan también daños ambientales como contaminación con químicos y contaminación acústica. Si esto no motiva a la conciencia para la convivencia humana, se debe reflexionar en que el mismo día de la anulación de la prohibición un adulto mayor de 86 años de edad, en estado de ebriedad, perdió una mano y se provocó daños abdominales de consideración al activar un cachorro de dinamita durante los festejos de los trabajadores.

Esto demuestra que no es suficiente la insinuación para que exista cuidado en estas acciones, pues el último caso se refiere a una persona con amplia experiencia que no ha tenido criterio para evitar su comportamiento que pudo haber afectado a otros ciudadanos o ciudadanas.

Asimismo, la utilización desmedida, sin sensatez y repetitiva desvirtúa el significado de lo que los trabajadores, en especial los mineros, califican como práctica de resistencia sindical y laboral; es decir que los instrumentos de lucha de las organizaciones deben ser empleados con criterio y en los momentos adecuados, previniendo la seguridad y la integridad de los mismos interesados y respetando al resto que es ajeno al tema.

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