La Gaceta Jurídica

Vicios frecuentes en el ejercicio de la labor periodística

El Señor Justicia

La Gaceta Jurídica / Carlos Conde Calle

00:00 / 06 de julio de 2012

El periodista, como cualquier profesional, es un ser humano. Tiene aciertos y errores. No es Dios ni un ser de otro mundo. Los errores pueden ser involuntarios, daños causados sin intención, pero los que lindan con el delito son los que deliberadamente ocasionan daño.

Al respecto, inspirados por estudiosos del DERECHO DE LA INFOR- MACIÓN, como José María Desantes, Carlos Soria y Carlos Gonzales y en nuestro libro Periodismo Judicial, presentamos los errores más frecuentes.

El “todo vale” riñe con la libertad de expresión. Libertad no significa libertinaje. Es cierto que el espacio público debe estar disponible como fuente de información, pero, menester es tener presente lo que prescribe el art. 11 de la Ley de Imprenta. La libertad de información tiene éste límite; v. gr., el periodista no puede exponer al país a una guerra internacional, incitar desobediencia a las leyes y autoridades o ayudar a perpetrar un delito.

Las informaciones no deben ser obscenas e inmorales. Así se manifiesta Carlos Gonzales en su obra el Periodista y sus Circunstancias: “La defensa de la libertad de expresión no es la defensa de ‘todo vale’ como creen algunos, por el contrario, la defensa de ‘todo vale’ es la impugnación de la propia libertad de expresión y la negación del buen periodismo”.

Los titulares y la misma presentación de la información no deben presentar sentencias condenatorias, sustituyendo la labor del juzgador.

Otro de los vicios frecuentes es el SENSACIONALISMO. Ciertamente algunas noticias son sensacionales, pero no tienen porque derivar en sensacionalismo. Que haya muchos muertos abandonados en la morgue es de hecho una noticia sensacional y lo es que un bebe de seis meses haya muerto en los recientes movimientos y marchas del Tipnis. Pero se torna sensacionalista cuando se transmite en directo y se muestra imágenes con primeros planos a la hora del almuerzo; o se presenta a los marchistas, especialmente a la madre, con lo “que siente en ese momento”.

Hay una especie de fascinación por el mal. Margarita Riviere nos dice que “el periodismo de hoy no sólo es testigo directo de la fascinación del mal, sino que se compromete con él a patrocinar la amplificación de esta fascinación. Es así como el escándalo se convierte en el único objetivo o, cuando menos, en el principal. Con el resultado previsible de una pérdida de iniciativa periodística, como consecuencia del sometimiento de la excitación de una demanda continuada del horror, del escándalo, de lo llamativo... a cambio de una mayor venta de ejemplares”.

Podemos citar como vicio el manejo de las fuentes. Hay fuentes confiables y otras que no. Con seguridad, el manejo de fuentes puede dar lugar a un estudio profundo.

El periodista, por lo general, no es testigo de los hechos noticiosos; normalmente su acercamiento es posterior y no considera que “LA FUENTE” puede usarlo maliciosamente. Imagine el lector un hecho político, donde hay intereses cruzados entre oficialismo y oposición. ¿Cuál de ellos es más creíble? ¿No será que uno de ellos o los dos me utiliza para sus fines? Ni que decir cuando el periodista inventa “fuentes”, cuando no hay.

Al respecto, debemos subrayar el art. 8 de la Ley de Imprenta, que dice “el secreto en materia es inviolable”. Esto quiere decir que el periodista no debe revelar su fuente cuando la vida de ésta corre riesgo. Pero, ¿querrá decir que esto es absoluto?, ¿qué todas las informaciones no deben citar fuente? Nosotros creemos que al momento de informar el periodista debe citar la fuente; que no es lo mismo que revelar la fuente.

Cuando el periodista asumió el compromiso de ocultar la fuente, debe cumplir. Pero el periodista se verá libre de cualquier responsabilidad penal o civil cuando en la presentación de la nota periodística cita a la fuente. Últimamente, todos los medios de prensa citan la fuente, inclusive, nombre y apellidos del periodista. Esto es un gran avance en la tarea de informar.

En el libro Periodismo Judicial citamos a la agencia de noticias efe cuando sostiene que “una información debe atribuirse siempre a la fuente de donde preceda, IDENTIFICACIÓN CON LA MAYOR PRECISIÓN POSIBLE. LA IDENTIFICACIÓN DE LA FUENTE CONTRIBUYE A DETERMINAR LA AUTORIDAD Y LA CREDIBILIDAD DE LA INFORMACIÓN (sic.).

En la misma línea se expide al Libro de Estilo de El País, cuando el numeral 1.14 dice: “Se citará SIEMPRE UNA FUENTE CUANDO EL PERIODISTA NO HAYA ESTADO PRESENTE EN LA ACCIÓN QUE TRANSMITE (...). CUANDO NO SE PUEDA EL NOMBRE DEL INFORMANTE, conviene huir de expresiones genéricas como “fuentes fidedignas”, “fuentes competentes” o “dignas de crédito”.

Otro de los vicios es que los periodistas nos presentan sus opiniones. Se mezcla información y opinión. No es malo que se opine, pero se debe usar los géneros opinativos, mas no los informativos. V. gr., el Financial Times dice: “no permitan que tus opiniones invadan una noticia. La opinión es consustancial a la libertad de expresión. En los periódicos es clara la división. El mal está en radios y, fundamentalmente, en televisión.

El periodista de televisión, en las transmisiones en directo, en las microentrevistas, suele decir, “...le comentamos que...” Cuando su tarea no es comentar, sino informar. El presentador de televisión, a la par de informar, desliza opiniones, las más de las veces demasiado superficial. Para opinar se requiere el auxilio de alguna otra ciencia. Si opina sobre temas políticos que empiece a estudiar Ciencias Políticas. Es pertinente que el presentador diga: “hasta aquí la información; a partir de aquí es mi opinión”. Eso no ocurre en la praxis y debemos superar este mal.

La tentación política es otro vicio. El periodista, desde las pantallas, pretende ocupar un rol de activista político. Existe la intención del periodista por ocupar el lugar de los políticos y dirigentes sindicales. Esta tentación maliciosa es cuando utiliza el medio de comunicación para la catapulta política. En muchos casos toma partido. Esto no es malo, pero debería advertirle al televidente que tiene militancia o afinidad político partidaria.

El periodista no debe ser un actor político. Como decía Max Weber, el periodista no debe convertirse en adoctrinador político. El periodista debe informar sobre estos conflictos políticos. Si quiere tomar posiciones debe usar géneros opinativos y el televidente debe estar advertido. Si le agrada la acción política que deje la televisión o micrófonos. Entrar en la acción política es sin retorno.

Otro vicio es que el periodista se erige en Juez. Instala en el set de televisión el TRIBUNAL PARALELO. Es frecuente ver a presentadores distribuyendo sentencias condenatorias y absolutorias. Pero, debe abstenerse de presentar “sus sentencias” y dejar que los tribunales ordinarios de justicia, actúen en el marco de la Ley y emitan sentencias. El periodista no es juez y debe respetar la Ley, v. gr., art. 6 del Código de Pdto. Penal: “se presume la inocencia del imputado hasta que se demuestre su culpabilidad”.

Otro vicio importante es que no informamos lo positivo y lo bueno que produce un sistema social. Es que los ratings de audiencia conducen a buscar sólo noticias malas y las noticias buenas no venden. Pero debemos equilibrar.

Finalmente, otro vicio humano es la ARROGANCIA. El periodista es humano, pero le está vedado ser arrogante. No somos portadores de la última verdad y la definitiva. Tenemos parte, pero no toda la verdad. Debemos aprender a escuchar y aceptar que nos equivocamos.

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