La Gaceta Jurídica

Víctima de feminicidio físico y económico

Este artículo busca explorar las formas de violencia hacia las mujeres hispanoamericanas con un enfoque en el feminicidio físico y económico, exponiendo las variables con las que se enfrentan los marcos teóricos feministas que intentan dar respuesta a estos problemas. La violencia sexual y los feminicidios tienen raíz en la construcción de raza y género de la economía política capitalista.

Los feminicidios son perpetrados con mucha frecuencia en gran parte de la Hispanoamérica mestiza.

Los feminicidios son perpetrados con mucha frecuencia en gran parte de la Hispanoamérica mestiza. Foto: amerika.revues.org

Nuria Morgado

00:00 / 18 de noviembre de 2014

Uno de los debates en la teoría feminista es el que se da sobre la cuestión del esencialismo. Feministas postestructuralistas como Julia Kristeva o Hélene Cixous rechazan las categorías de “género” y de “mujeres” porque estos conceptos uniformizan la realidad de la que tratan de dar cuenta.

Es cierto que las cuestiones de género, la dominación patriarcal, se conjugan con variables de opresión como la dominación racial, cultural o sexual, dando como resultado nuevas y complejas opresiones. Sin embargo, como apuntan Rosa Cobo o Linda Alcoff, este rechazo presenta un desafío al feminismo como proyecto político autónomo al desbancar el supuesto de “las mujeres” como grupo oprimido que debería estar por encima de las diferencias que les separan. La explotación económica capitalista, la servidumbre cultural y la violencia sexual, tomando como ejemplo América Latina, son los pilares sobre los que se asienta el sistema de dominio patriarcal y el fenómeno del feminicidio o la violencia extrema contra la mujer.

Estos núcleos de dominación, dice Cobo, son los que hay que desactivar, labor que requiere la creación de vínculos y pactos políticos entre mujeres, la producción de estrategias para neutralizar el dominio y lograr espacios de libertad, autonomía e igualdad.

Para tal fin, una de las líneas teóricas de debate feminista ofrece una argumentación intercultural que propone cuestionar los valores, comportamientos, prácticas, estratificaciones y jerarquías que fundamentan la desigualdad entre los sexos desde un punto de vista intracultural y transcultural (Cobo 46).

El estado de violencia contra las mujeres

Cobo habla de la existencia de una actual reacción patriarcal contra las mujeres que se da en medio de un desorden geopolítico internacional y de cambios intensos y acelerados. Dice que lo que ha puesto en alerta a los patriarcados contemporáneos ha sido, por una parte, la conquista de tantas batallas de autonomía y libertad por parte de las mujeres y, por otra, la influencia de las ideologías de la igualdad de género y de los derechos humanos. Cobo cita a Chomsky cuando afirma que “un predador se vuelve más peligroso y menos predecible cuando está herido”.

Esta reacción patriarcal se asienta en el capitalismo neoliberal, la exaltación de ciertas prácticas culturales patriarcales que tienen como objeto la subordinación, explotación u opresión de las mujeres y la violencia sexual, desde los feminicidios hasta el tráfico de mujeres y niñas para la prostitución.

Junto a las teorías anticapitalistas que considera el capitalismo neoliberal como el sistema de dominio más normativo para las mujeres, es necesario tener en cuenta el dominio masculino como una variable autónoma para dar cuenta suficiente de la existencia del patriarcado. Como afirma Chandra Talpade Mohanty, el capitalismo exacerba las relaciones de dominio racistas, patriarcales y heterosexistas.

El fenómeno de la violencia sexual

Es otra de las plataformas sobre las que se asienta este sistema de dominio. El actual escenario mundial de desorden geopolítico y económico, esta situación de crisis, desorden social y cambios normativos, produce nuevas formas de violencia contra las mujeres y otros sectores sociales vulnerables. Junto a la clásica violencia de género está apareciendo esta otra forma de agresión despersonalizada en la que agresor y agredida no se conocen.

Esta violencia se une al hecho de que, en algunas partes, el sistema de justicia está contaminado de intereses literalmente mercenarios, como es el caso de Ciudad Juárez en México, Guatemala y buena parte de Centroamérica, donde la policía es parte del problema. Las muertes de mujeres aumentan, mientras que las sentencias condenatorias disminuyen.

Primera línea de defensa: identidades o multiculturalismo

En respuesta a la violencia del esencialismo tradicional y al estatus ontológico de los géneros, el multiculturalismo de los años 90 intentó responder con una filosofía de lo múltiple (identidades existenciales) en oposición a la filosofía tradicional de la identidad ontológicamente fija por su esencia. En su libro Visible Identities, Linda Alcoff arguye que en donde el comportamiento del hombre es subdeterminado, libre para construir su propio futuro a lo largo del curso de su elección racional, la naturaleza de la mujer ha sobredeterminado su comportamiento, los límites de sus esfuerzos intelectuales y lo inevitable de su viaje emocional a lo largo de su vida.

Dice Alcoff que tanto si es vista como esencialmente inmoral e irracional (a la Schopenhauer), o esencialmente amable y benevolente (a la Kant), la mujer es siempre interpretada como un algo esencial inevitablemente accesible a la aprehensión intuitiva de los hombres. A pesar de las diversas formas en las que el hombre ha interpretado sus características esenciales (las de la mujer), ella es siempre el objeto, una conglomeración de atributos predecibles y controlados junto con otros fenómenos naturales.

El lugar del sujeto con libre albedrío que puede transcender los mandatos de la naturaleza está reservado exclusivamente para el hombre. Por lo tanto, el multiculturalismo constituye una contestación a la violencia metafísica, social y aun corporal de tal esencialismo. Para una teórica como María Lugones, las identidades de género, etnia y raza son creaciones de lo que Aníbal Quijano le ha dado el nombre de “colonialidad del poder”.

Además, subraya la importancia de la economía política colonial que sobredeterminó las identidades de raza y de género.

Esta manera de interpretar la construcción y explotación de razas y géneros por la colonialidad del poder, ofrece un modelo de plasticidad cultural (multiculturalismo), que hace posible un proyecto de resistencia y enfrentamiento en contra de la violencia corporal y económica dirigida hoy en día hacia la mujer latinoamericana. Tal proyecto es el de la “identidad híbrida” o mestizaje de Gloria Anzaldúa.

La “mestiza” anzaldúana: proyecto de resistencia y enfrentamiento

Según el modelo de multiculturalismo intercultural, la comunidad cultural o el grupo social propios son objeto de mirada crítica y de reconocimiento a la vez.

La red de relaciones de poder sobre la que se asienta esa sociedad y el conjunto de definiciones sociales que alimentan el imaginario colectivo deben ser sometidos a crítica. Se critican las culturas dominantes y, a su vez, se hace una crítica intracultural.

Se individualiza y se muestra las diferencias de raza, clase, género, etnia o preferencia sexual, pero se explora lo común, tanto de las experiencias históricas de opresión como de sus proyectos utópicos, sin olvidar las particularidades de cada comunidad. Su objetivo final es construir una nueva y flexible utopía que combine lo local y lo universal, lo particular y lo global.

En ese objetivo final, el capitalismo y el patriarcado deben ser evaluados como sistemas de dominio que deben ser desactivados. Como apunta Gloria Anzaldúa, “la mujer no se siente a salvo cuando su propia cultura y la cultura blanca la critican, cuando los varones de todas las razas la cazan como a una presa” (“Movimientos de rebeldía” 77).

La propuesta de Anzaldúa es la de la configuración de una nueva conciencia de mujer, la conciencia de la mestiza, tal y como lo define en su ensayo “La Conciencia de la Mestiza: Towards a New Consciousness”. Parte de la visión del filósofo mexicano José Vasconcelos de “la primera raza síntesis del globo” que abarque las cuatro principales razas del mundo, “la raza cósmica”, “una raza mestiza, una mezcla de razas afines, un cruce racial, ideológico, cultural y biológico que dé lugar a una conciencia mestiza, “Una conciencia de mujer” (“La Conciencia de la Mestiza” 93).

Dice Anzaldúa que el futuro depende de la ruptura de paradigmas, de cabalgar entre dos o más culturas y que, creando un nuevo “mythos”, es decir, un cambio en la manera en que se percibe la realidad, en la propia percepción de sí misma y en el comportamiento, la mestiza crea una nueva conciencia. Su labor es la de romper la dualidad sujeto-objeto que la mantiene prisionera y mostrar cómo se trasciende la dualidad.

La respuesta al problema entre la raza blanca y la de color, entre los hombres y las mujeres se encuentra en el saneamiento de la división que se origina en los pilares de nuestras vidas, nuestra cultura, nuestras lenguas, nuestros pensamientos. Afirma que un masivo desarraigo del pensamiento dualístico en la conciencia individual y colectiva es el comienzo de una larga lucha que puede llevarnos al fin de las violaciones, de la violencia, de la guerra.

Su primer paso sería hacer un inventario. “Despojando, desgranado, quitando paja”. ¿Qué ha heredado de sus antepasados indios, españoles, anglos? Es difícil diferenciar entre “lo heredado, lo adquirido, lo impuesto”. Este paso es una ruptura consciente con todas las tradiciones opresivas de todas las culturas y religiones, reinterpreta la historia y, usando nuevos símbolos, construye nuevos mitos. Adopta nuevas perspectivas hacia la gente de color, las mujeres y los homosexuales.

Refuerza su tolerancia (e intolerancia) por la ambigüedad y está dispuesta a hacerse vulnerable a otras formas de ver y pensar el mundo. “Deconstruct, construct (…) Se hace moldeadora de su alma. Según la concepción que tiene de sí misma, así será”. La palabra “deconstrucción”, por supuesto, hace referencia al término del filósofo francés Jacques Derrida, quien, como Alcoff, recuerda, espera que en un futuro la mujer absorba y distorsione todo vestigio de esencialidad, de identidad, de propiedad. Siguiendo a Foucault y Derrida, un feminismo eficaz puede ser solo un feminismo negativo, deconstruyendo todo y rechazando el construir algo. Lo que propone Anzaldúa, sin embargo, es deconstruir para construir algo mejor: la nueva conciencia de la mestiza.

Anzaldúa también señala que la lucha de la mestiza es sobre todo una lucha feminista. Explica que mientras que los varones piensen que deben “chingar mujeres” para ser más “hombres”, mientras se les enseñe que son superiores y culturalmente favorecidos con respecto a la mujer, no podrá haber avance. Dice que la ternura, signo de vulnerabilidad, es tan temida que se demuestra con los abusos verbales hacia las mujeres.

La violencia dirigida hacia las mujeres latinoamericanas por los hombres latinos, dice Anzaldúa, es el resultado de la emasculación y el sentido de impotencia económica y social del latino heterosexual; consecuencia, en otras palabras, de la colonialidad del poder de la cual el hombre heterosexual hispano también es víctima.

Es decir, el mismo macho latino es víctima de una jerarquía masculina dominadora que se le ha impuesto, pero el problema reside en que los cambios también tienen que llevarse a cabo en el terreno de la economía y de la política.

La violencia de género y los feminicidios tienen su raíz en la construcción de raza y género de la economía política capitalista. La “mestiza” de Anzaldúa es una expresión de resistencia y un enfrentamiento a tal violencia. Por supuesto, hay otros.

Lo importante para la mujer latinoamericana es servirse de los proyectos que le sean útiles dentro de específicos contextos culturales y nacionales. Un proyecto, como una filosofía de liberación, debe concebirse no como una propuesta abstracta, metafísica, sino como proponían Deleuze y Guattari, como un arma de resistencia a la opresión y de batalla contra el poder opresivo.

Es profesora de literatura española

Tomado de: amerika.revues.org

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