La Gaceta Jurídica

Un abordaje del feminicidio desde la convergencia entre teoría y activismo

La unidad de análisis en este trabajo corresponde al proceso de movilización que se conforma a partir de la violación y asesinato de una mujer en la ciudad de La Plata, Argentina.

Basta de feminicio

Basta de feminicio Foto: radiosenred.org.ar

La Razón (Edición Impresa) / María Silvana Sciortino* Luciana Analía Guerra*

00:00 / 02 de diciembre de 2014

(Parte II)

Feminicidio en el marco de las movilizaciones. Aspectos metodológicos

Luego de reflexionar sobre la violencia contra las mujeres y el feminicidio, en particular, surge la necesidad de identificar posibles formas de confrontar este tipo de crimen. Así, las movilizaciones que comenzaron a organizarse a partir del asesinato de Sandra Ayala Gamboa se presentaron como espacio a partir del cual se construye conocimiento sobre la temática, incluyendo las voces de los sectores involucrados en la búsqueda de justicia para Sandra.

Uno de los primeros disparadores para pensar la articulación del feminicidio con el activismo corresponde a una pregunta que formulada en el XIV Congreso Nacional de Filosofía (1): ¿Qué hacer ante un panorama tan desalentador? Esta intervención abrió un nuevo camino de reflexión, es decir, aunque el reconocimiento de este tipo de crímenes contra las mujeres (diferenciándolo de otros tipos) ya es de por sí valioso y enriquecedor, sentimos la urgencia de identificar acciones que puedan comenzar a confrontar con los mecanismos de violencia que la teoría explica claramente.

En este trabajo intentamos poner en diálogo las reflexiones de diversas autoras que estudian la temática con interpretaciones que las/los partícipes de las movilizaciones nos aportaron sobre este feminicidio, en particular, y sobre los otros, en general, a través de entrevistas a representantes de grupos, así como de discursos, pintadas y canciones a las que accedimos al participar en las manifestaciones.

Un primer desafío metodológico en esta investigación fue comprender nuestra posición al tomar un nuevo rol en las movilizaciones ahora como investigadoras, siendo ambas militantes y miembros de la Comisión de Género de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata, uno de los sectores que acompañaron los reclamos desde el comienzo.

¿Es posible, como sujetos políticos partícipes, lograr una relación metodológicamente adecuada que permita conocer al resto de los actores sociales que militan el asesinato de Sandra? ¿Cómo lograr esa situación de “aproximación y distanciamiento” inherente a la construcción de conocimiento en un proceso del cual somos parte constitutiva?

Indudablemente, fue clave retomar las reflexiones en torno a la posición política del sujeto cognoscente y la imposibilidad de una postura neutral ante las problemáticas que se analizan. Es innegable que nuestro activismo nos lleve a enfocar la temática de determinada manera, por lo que intentamos desdoblar nuestro posicionamiento como militantes feministas con objetivos políticos precisos y nuestra posición como sujetos cognoscentes con objetivos epistemológicos claros y precisos. A pesar de esto, reconocemos que el “objetivo último” de las reflexiones que venimos desarrollando en torno al feminicidio apuntan a la transformación de las relaciones de desigualdad que se hacen visibles en el análisis.Ciertamente, el conocimiento que se genera en una investigación es fuente de poder. Dependiendo de su difusión, los resultados pueden ser utilizados como herramienta de reflexión y también para facilitar un mejor entendimiento de situaciones similares que se presenten en otros lugares, permitiendo, de esta manera, transformar la relación de subordinación.

Por esta razón, somos conscientes de que esta separación entre nuestro objetivo político y epistemológico se produce solo en un plano analítico y metodológico. De esta manera, lo que establecimos como prioritario fue poner en constante reflexividad nuestra interacción y diálogo con los/as otros/as para establecer una relación metodológicamente válida.

La unidad de análisis en este trabajo corresponde al proceso de movilización que se conforma a partir de la violación y asesinato de una mujer en la ciudad de La Plata, Argentina. Es decir, se refiere a las distintas movilizaciones que ocuparon las calles, reuniones organizativas de los sectores involucrados, eventos culturales en conmemoración. Los mismos se iniciaron en febrero de 2007, cuando fue hallado el cuerpo de Sandra en una dependencia del Estado, continuando, básicamente, con marchas el 22 de cada mes, día en que fue el hallazgo. Una de las razones por la que se prefiere un enfoque procesual de las movilizaciones responde a la posibilidad de desplegar (temporal y espacialmente) las categorías y conceptos centrales utilizados en el análisis. Así pudimos observar cómo fueron resignificados dichos conceptos y adquiriendo connotaciones políticas diferentes en distintos momentos del activismo y en los múltiples sectores.

Otra de las razones de la elección de esta perspectiva acuerda con Inés Izaguirre al resaltar la necesaria incorporación en el análisis del conflicto social, de la confrontación de las ideas con la práctica, es decir, de la teoría con la acción. Así se elige “(…) un modelo epistemológico donde la confrontación es la condición necesaria para el aprendizaje de sí mismo y del otro, no solo del enemigo sino también de los aliados, los pares, los iguales, o sea para la toma de conciencia” (Izaguirre, I, 2003:253).

En este modelo de confrontación (y en este trabajo en especial) se recorta el análisis de los distintos “grupos aliados” en el enfrentamiento al poder del Estado. Es decir, el objetivo se focaliza en la interacción de los grupos que se han unido ante el asesinato de Sandra y no entre éstos y el Estado (aunque es imposible no hacer referencia de esa relación). Este recorte posibilita entender los lazos y las tensiones internas que conlleva toda movilización y, sobre todo, interesa comprender las distintas posiciones que los grupos toman frente a este asesinato en particular.

Un momento paradigmático en la génesis de estas manifestaciones fue el 8 de marzo de 2007, cuando se reunieron en una sola marcha los familiares de Sandra, quienes venían manifestándose de forma independientemente, y las movilizaciones por el Día de la Mujer organizadas por las Comisiones de Género, sectores de izquierda y movimientos de derechos humanos. Este puede ser considerado un punto de partida, no solo para el activismo, sino para la comprensión del asesinato de Sandra como un feminicidio.

Comenzaron a nuclearse distintos grupos que exigen explicaciones al Gobierno y justicia para Sandra, conformando un espacio dinámico al cual se fueron agregando y desagregando sujetos políticos diversos.

Para conocer las explicaciones, las opiniones, las acciones propuestas en torno al feminicidio de Sandra, se llevó adelante una serie de entrevistas semiestructuradas a integrantes de los sectores comprometidos. La entrevista implica una relación social en la cual se intercambian significados, formas de ver el mundo, valoraciones, modos de hacer. Justamente, la mirada de cada grupo en torno a este caso es relevante para identificar los sentidos dados al asesinato de Sandra. Las entrevistas intentan acompañar y complementar la observación participante durante las marchas, encuentros conmemorativos y reuniones.

El reconocimiento de que toda entrevista conlleva una relación de poder entre investigador/a y las personas entrevistadas, compromete a la reflexión en torno al vínculo que en cada entrevista se establece.

Si la investigadora o el investigador plantea una relación mercantil con los/as otros/as, es decir, solamente los/as utiliza para obtener (comprar) información, se establece una relación de imposición y violencia.

Por la cual el conocimiento (producto) es el resultado del proceso intelectivo de la investigador/a a partir de la extracción de información en la entrevista. Al contrario, intentar establecer una relación entrevistador/a-entrevistado/a lo más simétrica posible, considerando que ambas partes están involucradas, facilita un tipo de conocimiento que contempla las subjetividades de ambas. Esto no implica que al momento de llevar a cabo una entrevista no se establezcan roles diferentes, sino que se apunta a construir relaciones lo menos jerárquicas posibles. Así, los miembros de una entrevista son considerados interlocutores, agentes sociales que producen conocimiento a partir de un ida y vuelta donde ambas partes poseen saberes que deben ser respetados. De esta manera se quiebra la linealidad entrevistador/a-entrevistado/a para plantear una “conversación” que posee una lógica diferente de organización, la que implica una producción de conocimiento a partir de la dialéctica entre los saberes de los/as interlocutores/as.

Esta manera de comprender las entrevistas no implica hablar de “utilizar” las palabras de los/as entrevistados/as; en oposición con este fin instrumentalista, lo que se intenta es incluir esas voces (siempre con el consentimiento de las partes) para que tomen fuerzas desde los propios sujetos de enunciación.

Las entrevistas se plantearon a modo de conversación y con suma flexibilidad respecto al modo de preguntar. Tres fueron los ejes que determinamos como fundamentales, los cuales debían ser conversados para alcanzar los objetivos de la entrevista:

1. Razones por las que se encuentran participando de las movilizaciones.

2. Interpretación del asesinato.

3. Opiniones sobre la interacción entre los distintos sectores que participan en la movilización.

Presentación de los sectores en lucha

El criterio para seleccionar a los/as entrevistados/as depende del tipo de participación que los/as mismos/as desempeñan en las movilizaciones. Es decir, optamos por entrevistar a los sectores organizadores que sostienen mes a mes las medidas de fuerza desde sus inicios.

Una de las primeras entrevistas fue a Eduardo, militante de los 70, exdetenido desaparecido en la última dictadura militar (2). Durante el juicio a Etchecolatz, en el cual fue testigo, se enteró de la desaparición de una joven peruana y se solidarizó con el caso (3).

La condición de desaparecida en la cual estuvo Sandra por unos días antes de que hallaran su cuerpo en las dependencias del Ministerio, es una de las principales razones por las que Eduardo se identificó con el crimen. Como él mismo explicó en la entrevista:

“Un día agarré el diario y leí que decía que una chica estudiante peruana había desaparecido. Uno, viste que está siempre con lo de los desaparecidos (…), como veníamos con lo del juicio y esta chica que había desaparecido…”

El final inconcluso de esta frase fue reanudado con otra de las razones que lo aúnan al caso: “otro motivo es que mi papá es peruano”. De este modo nos expresa la necesidad de solidaridad con un país vecino y con el conjunto de inmigrantes quienes, como su padre, han llegado a Argentina.

Eduardo fue uno de los entrevistados que marcó distinción importante con el resto, ya que es difícil ubicarlo dentro de un sector específico. Desde los inicios de las marchas junto a los familiares, en especial con Nélida, la madre de Sandra, se convirtió en uno de los principales referentes y organizadores de las movilizaciones y actividades por el pedido de justicia para Sandra. En nuestra opinión, hay que entender su participación en las movilizaciones en tanto mediador entre los grupos involucrados más que como miembro de un sector específico.

Otro de los grupos que participó activamente desde el comienzo de las movilizaciones fue la Comisión de Género de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata. Lo conforman estudiantes mujeres de distintas carreras en esa Facultad, las cuales impulsan el debate de género en el interior de la academia y son activistas dentro del movimiento de mujeres. Ese es un espacio heterogéneo en el cual participan militantes de partidos de izquierda, de agrupaciones feministas e independientes.

Una de las actividades de esta comisión es organizar eventos en las fechas de la agenda feminista, como el Día de la No Violencia contra las Mujeres (25 de noviembre), el Día Internacional de las Mujer (8 de Marzo), el Día por la Despenalización del Aborto (28 de septiembre), etc. Cuando nació la comisión en el 2006, uno de sus objetivos fue impulsar en La Plata las problemáticas de género, por lo cual, cuando sucedió el feminicidio de Sandra se lo tomó como una de las principales consignas y reivindicaciones en casi todas las actividades impulsadas en la ciudad. Asimismo, entrevistamos a dos integrantes de la comisión, Magui y Marilí, las cuales contaron cómo se sumaron a las movilizaciones por el asesinato de Sandra.

Consideramos necesario incluir también las intervenciones de otros sectores que no participan todos los meses en las movilizaciones, pero que acompañan las medidas más importantes. Entre ellos están los/as representantes de los pueblos originarios. Por un lado, la Organización Identidad contra la discriminación, que ya funcionaba diez años con esta temática, tanto en La Plata como en el Gran Buenos Aires y en la puna jujeña.

Para el año del asesinato de Sandra, incluso, se incorporó la Comisión de Mujeres de Mafissa, la cual se desprende de la lucha que venían dando sus esposos obreros despedidos en diciembre de 2007. En consecuencia, tomaron la fábrica en febrero del 2008, fecha en la que este sector se encontraba en su momento más combativo. Es ahí cuando nació la comisión de mujeres con el fin de buscar solidaridad y apoyo a la causa de Mafissa.

Por su parte, la comunidad peruana, a través de la Asociación Vivir Perú Unido y la Comunidad Peruana Platense, acompañó el proceso con mayor participación durante los primeros meses.

Dinámicas entre los grupos

En las primeras movilizaciones por pedido de justicia (marzo de 2007), la Organización Miguel Bru tenía un peso considerable tanto en las movilizaciones como en el enfoque a partir del cual se abordaba políticamente el crimen. Este era presentado como un caso más de inseguridad, junto a muertes por accidentes de tránsito, gatillo fácil, etc. La denuncia era por inseguridad e impunidad (4). La estrategia propuesta era la de no enfrentamiento con el Estado limitándose al pedido de justicia y dejando en manos de la misma la resolución del caso.

Esta posición comenzaba a funcionar como factor desmovilizador, al mismo tiempo que otros sectores veían la necesidad de impulsar acciones y medidas de reclamo. Es así como empieza a crecer la tensión entre estas dos posiciones estratégicas. Al respecto, Eduardo opinó que “se acercaron ellos (Asociación Bru) para ayudar a la madre pero, durante los días que pasaban, veía que la ayuda, ¿cómo te puedo decir?, siempre había un ‘pero’ de algo. Entonces, cuando nosotros queríamos hacer, ponele, ir al Ministro, ellos (Asociacion Bru) decían: ‘No, ¿qué nos va a decir el Ministro? Hay que dejar en manos de la justicia, no hay que enfrentar al gobierno (…)’”

En este sentido, la Comisión de Género agregó que “al principio se lo tomaba, ¿cómo era lo de la asociación Miguel Bru?” (Magui a Marilí), “primero se lo tomaba como un caso más de inseguridad y nosotras tratamos de cambiar eso” (Comisión de Género).

Estas tensiones se profundizaron cuando en una de las primeras movilizaciones, a la cual se incorporaron los pueblos originarios, la Asociación Bru planteó que la bandera de los pueblos no tenía relación con el reclamo de la marcha. A partir de estas diferencias se generó una disputa entre los distintos sectores, que concluyó con la fractura del movimiento y el distanciamiento de la Asociación Bru del proceso.

La posición política fundamental que dividió a estos dos sectores se relacionó con su postura frente al Gobierno. Los grupos que continuaron movilizados acordaron en la denuncia al Estado por la responsabilidad en lo sucedido. Así, Eduardo sostuvo que “esto no tiene que quedar impune porque fue en una dependencia del Gobierno. El Gobierno no nos da muchas garantías, dicen hablar de derechos humanos y qué sé yo, pero a la hora que tienen que actuar los tipos no actúan (…) porque siempre están prendidos los policías, los políticos”, Juan añadió que “(…) estas autoridades no saben hasta ahora dar una respuesta a pesar de que este horrible crimen ha sucedido dentro del ámbito de las reparticiones del gobierno. (…) Acuso a este gobernador nefasto de ser un racista, como nosotros somos los indios no nos da audiencia” (Organización Identidad contra la discriminación).

Del mismo modo, se aseveró que “esta manga de sinvergüenzas e irresponsables que tenemos por gobernantes van a tener que hacer un poco de oído a lo que les estamos pidiendo” (Oratoria de una de las referentes de la comisión de mujeres de Mafissa, en el acto frente a la Casa de Gobierno al año del asesinato).

Otro punto de coincidencia estratégica que compartían todos los sectores era el valor dado a la movilización y a la lucha como medio necesario para alcanzar los objetivos políticos, en este caso el esclarecimiento del crimen y el castigo a los culpables. Esto quedó reflejado en las palabras de la madre de Sandra.

Ella, luego de un año de movilizaciones, manifestó: “les agradezco a cada uno de ustedes por estar acompañándome en este dolor y esta lucha. Espero que no me abandonen, hoy los necesito, ahora quiero hacer justicia, ustedes son mi fuerza. Pido al gobierno del señor (Daniel) Scioli que, por favor, me de una explicación, ¡quiero una explicación! Yo sé que lo va a hacer pero gracias a ustedes, a cada uno de ustedes (…) que me siguen acompañando hasta encontrar a esos asesinos que están sueltos en esta ciudad” (Nélida, oratoria en el marco de la marcha y acto por el año del crimen contra su hija) (5).

Continuará

Notas

1. Este trabajo retoma ponencias del XIV Congreso Nacional de Filosofía Universidad Nacional de Tucumán (AFRA), del 10 al 13 de septiembre de 2007, y en el IX Congreso Argentino de Antropología Social Posadas, del 5 al 8 de agosto de 2008.

2. El 24 de marzo de 1976 los militares llevaron a cabo un golpe de Estado, derrocando al gobierno de María Estela Martínez de Perón. Este período nefasto de la historia Argentina tuvo como consecuencia la desaparición de 30.000 personas.

3. Miguel Etchecolatz fue el primer represor llevado a juicio oral y público en Argentina luego de la anulación de las leyes de punto final y de obediencia debida. Se trata de la primera de una serie de causas penales derivadas de los llamados “Juicios por la Verdad”, que desde 1998 se han multiplicado en todo el país. El 20 de junio de 2006 comenzó el juicio al exdirector general de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Miguel Osvaldo Etchecolatz, el cual se extendió hasta agosto de ese año y fue concluido con la condena a reclusión perpetua.

4. “Gatillo fácil” es una práctica común de las fuerzas de seguridad argentinas. Esto consiste en el asesinato o agresión con armas de fuego como forma de control social.

5. Daniel Scioli era el gobernador de la provincia de Buenos Aires (cuya capital es la ciudad de La Plata) desde diciembre de 2007, reelecto en 2011. Al momento del feminicidio de Sandra el gobernador era Felipe Solá.

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