La Gaceta Jurídica

El abuso sexual, tema de acción ciudadana

La abogada Mary Belén Pérez Becerra dice que la psicología es una rama de estudio muy útil e imprescindible en muchos casos para el campo del Derecho, sobre todo en el Derecho Penal; la validez de su aplicación radica en que el diseño de sus perfiles permite identificar con claridad los rasgos psicológicos y sociales de los delincuentes.

Las estadísticas no reflejan la realidad de los delitos sexuales contra mujeres, niñas y niños en la región.

Las estadísticas no reflejan la realidad de los delitos sexuales contra mujeres, niñas y niños en la región. Foto: caunomasmaltrato.wordpress.com

Amelia Peña Aguilar

00:00 / 22 de agosto de 2014

Es también importante que este tipo de conocimiento no sea exclusivo del uso de los psicólogos, sociólogos, antropólogos o abogados, sino también de la sociedad, pues, en ésta época en el que las familias son expuestas a la delincuencia, tenemos que aprender a desconfiar y observar.

Se ha observado que en los países latinoamericanos los casos de violencia sexual son impresionantemente numerosos, por lo que es importante comenzar a conocer lo que es el perfil psicológico de un delincuente sexual, es decir, de un violador, porque esto permitirá prevenir las violaciones en nuestro entorno.

La psicología tiene referencias teóricas como la Teoría Psicoanalítica de Sigmund Freud, que estudia el “desarrollo psicosexual del ser humano”, mientras que el doctor Cáceres brinda una descripción de las parafilias y delitos sexuales.

¿Cómo piensan y en qué piensan los delincuentes sexuales? ¿Cuál es el proceso psicológico por el que atraviesa el victimario? Son preguntas que ayudan a descifrar la psicología.

Cultura de encubrimiento

Las estadísticas no reflejan la espantosa realidad acerca de los delitos sexuales de los que son víctimas mujeres, niñas y niños en nuestra región, la razón por la que no lo hacen es porque existe una cultura de encubrimiento que responde a diversas razones, el temor a las represalias, al señalamiento público y al desprestigio familiar, entre otras, eso conlleva a un incremento en los suicidios.

Las personas desconocen el peligro al que están expuestas, ya que en la mayoría de los casos el victimario es miembro de la familia, por lo que el conflicto se genera a nivel doméstico; las fuerzas del orden del Estado no cuentan con la tecnología ni la pericia para identificar estos crímenes, por lo que, necesariamente, son las víctimas las que deben denunciar a sus agresores, pero muy pocas lo hacen, ya que la violación es la agresión más devastadora que puede ejercerse sobre una persona.

En primera instancia, los violadores encajan en criterios de trastorno de personalidad. De acuerdo a estudios serios en el campo, se ha establecido que la mayoría de las agresiones sexuales se da de manera oportunista, el individuo agresivo o antisocial se aprovecha espontáneamente de una mujer vulnerable y desprevenida, por lo que las agresiones no son planeadas.

Los delitos sexuales no sólo irrumpen sobre la salud mental y física de la víctima, sino sobre la salud pública, pues es la sociedad en su conjunto la que lamenta y siente el dolor de las víctimas de abuso sexual; la sociedad necesita saber a quién quiere aislar de su vida cotidiana para sentirse y estar segura.

Perfil de un violador

Los delitos sexuales son quizás los más fuertemente rechazados por la comunidad, el aprovecharse de una mujer, un niño o una niña vulnera y transgrede lo más íntimo de una persona, empujándola a la muerte o a un abismo de tortura psicológica inmerecida.

Douglas y Burgess (1995) dicen que no se debe hablar de perfil, sino de perfiles de violadores, puesto que existen diferentes tipos de agresores sexuales. Los clasifican de la siguiente manera:

1. Violador ocasional. Es una persona convencionalmente normal, pero que en determinada circunstancia y ante una mujer bien diferenciada, casi siempre desconocida, bajo efectos del alcohol o drogas, no pone en marcha sus frenos inhibitorios, no éticos, y da salida a un acto violento en forma impulsiva e incontrolada, que no suele repetir y que es imprevisible incluso para ellos.

2. Mental u oligofrénico. Es el que en su hambre sexual busca a una mujer que dé salida a sus impulsos sin importarle quien sea ni de donde sea, estos sujetos suelen dotar sus violaciones de hostilidad y venganza, ya que las mujeres en situaciones normales se han reído de él o lo han tratado de tonto; el débil mental vive el desprecio como una espina irritativa en su nebulosa conciencia.

3. El Perverso Sexual. Está relacionado con el anterior, su personalidad es psicopática de resonancia social y criminal; es mucho más peligroso, busca en la fuerza empleada contra su víctima la seguridad de su sexualidad precaria y pobre que necesita autoafirmarse, por ello es que la resistencia de la mujer lo estimula, por lo que, en muchos casos, decide utilizar elementos sádicos. Para él la relación sexual es la lucha por el poder, nunca será la donación de amor.

4. El fetichista. Es el que utiliza objetos que lo estimulan, ropa interior, un antifaz, una muñeca, guantes, etc., objetos que a nivel del inconsciente se relacionan con trastornos que han sufrido a lo largo de su vida, como el hecho de sentir que es algo impuro o sucio y lo obliga a usar guantes o la ropa interior de su madre, con quien no puede tener relaciones.

5. El fanático. Es una nueva clasificación que sorprende a los estudiosos en la actualidad, ya que, a pesar de que la humanidad es cada día más culta y civilizada, no logra despojarse del miedo a lo que es distinto, es el que viola por su racismo y/o por religión.

6. El pedofílico. Uno de los trastornos más profundos es la atracción por los niños. La relación con una mujer adulta conlleva una comunicación dialéctica que un pedofílico no puede sostener, se siente inferior y se expresa por medio de la impotencia. El niño o niña no exigen condiciones completas de virilidad, por lo que le permiten realizar un acto sexual pobre, vicariante e incompleto. La muerte de su víctima no es buscada, pero tampoco rechazada. Contrariamente, el jurista John Urra (2002), gran estudioso del tema de violación y que visita las cárceles españolas durante muchos años, dice que el violador no es un enfermo mental ni ha tenido una infancia violenta, es decir, es “normal”. Los agresores a mujeres y niños en su mayoría tienen familia y no sienten arrepentimiento por su agresión, recién se dan cuenta de que es un delito al verse recluidos en la cárcel.

Violencia sexual femenina

En menos ocasiones, pero ocurren también casos en los que una mujer viola a un varón. Garrido, Redondo, Gil y Torres (1993) estudian lo que llaman la “vagina dentada” que es la que castra psicológicamente a los varones, las palabras que hieren y maltratan a los hombres, dejando secuelas emocionales difíciles de superar y que se dan a través de la ironía, la risa, la humillación y el rechazo, sutileza femenina que es igual de tóxica que los fármacos.

La “vagina con dientes” es un término psicodinámico, como lo es también lo de la castración masculina, pero que nos permite descubrir quizá el origen del porqué existen hombres inmaduros, dependientes, inseguros e incapaces de salir adelante; una madre o una novia castrante pueden destruir el futuro de un varón.

Violación y poder

La violación a un hombre, así como lo es a una mujer, provoca el obsesivo cuestionamiento de ¿por qué le sucedió a él o ella? Acompañado de un sentimiento de culpa de por qué fueron elegidos. La víctima llega a sospechar de sí misma y analizar los hechos de manera que denoten una conducta equivoca, una ropa provocativa, etc. que “justifiquen” el ataque que sufrieron.

Las corrientes feministas han analizado que esto responde al “paradigma de la sexualidad masculina”, basado en el poder que ejerce el hombre sobre la mujer en una sociedad patriarcal, por lo que incluso afirman que “todo hombre es un potencial violador”.

¿Por qué hay más violaciones en tiempos de guerra que en tiempos de paz? ¿Por qué la violación está acompañada de la muerte? La violación es una estrategia para causar terror, es un hecho colectivo, tribal y reafirma la superioridad del vencedor, es una manifestación, sin duda, de poder.

El varón ha creado otro paradigma, “todas las mujeres quieren ser violadas”, porque, según ellos, todas fantasean con ser violadas, pero la fantasía es un intento de controlar el terror por medio de una repetición compulsiva imaginaria.

A pesar del terror, la violación está presente en la literatura erótica y pornográfica. En tiempos de paz, las víctimas de violación tratan de sobrevivir al trauma, necesitan contarlo, pues así sienten que se les devuelve su humanidad,  por eso se necesita entrenar a los policías para recibir denuncias de las víctimas, educar a los familiares; no todos están capacitados para manejar correctamente ésta situación.

Las víctimas necesitan entender lo que pasó. Según datos de Echaburua (1998), una de cada siete mujeres elige el silencio y queda devastada llegando a la depresión, alcoholismo, enfermedades mentales, etc.

Al contrario, las víctimas de violación masiva en tiempos de guerra, a pesar de que el terror es más traumático, no se preguntan ¿por qué les tocó vivir eso a ellas?

No tienen sentimiento de culpa, el autocuestionamiento es inexistente, pues logran entenderlo políticamente.

Acción ciudadana

En todo el mundo, la mayor parte de las personas desconoce lo que son los “delitos sexuales”, también las consecuencias de los mismos sobre sus víctimas; esto nos lleva al encubrimiento por parte de la misma familia y la sociedad en su conjunto o se evalúa la importancia del acontecimiento violento en su real magnitud.

Por otro lado, la legislación es laxa con los delincuentes sexuales ya que las penas no van acorde al enorme daño que provocan a las víctimas. No existen peritos para la atención a las víctimas desde policías, fiscales, etc.

En éste contexto, es el ciudadano y la ciudadana quienes deben tomar conciencia de que si se continúa guardando silencio, si no se denuncia, se causa un mayor número de víctimas y la reincidencia de los delincuentes sexuales. Se debe crear leyes menos flexibles para los delitos sexuales y se debe crear instituciones especializadas en tratar víctimas de violencia sexual.

En los colegios se debe aplicar programas de prevención con los estudiantes y con los padres y como tales no encubrir, sino denunciar con miras a lograr la salud mental de los individuos y la salud pública, haciendo que la sociedad se sienta segura.

Fuente

Pérez Becerra, Mary Belén. Violación Sexual, una mirada al perfil psicosocial del victimario. Universidad de Pamplona. Facultad de Humanidades, Programa de Psicología Familiar, San José de Cúcuta, Colombia, 2006.

Cáceres, J. (2001). Parafilias y Violación. Madrid, Ed. Masson, Barcelona, 2001.

Douglas, John, y Burges, A. Crime Classification Manual, San Francisco, 1995.

Garrido, V., Redondo, S., Gil, A., Torres G. Violadores y Agresores Sexuales. Estudio de una Muestra de Encarcelados. Barcelona. 1993.

Urra, John. Delincuentes sexuales en Cárceles de España. Ed. Pirámide, Madrid, 2001.

Es economista, egresada en Derecho y diplomada en Pedagogía para la educación superior y en Diplomacia Cultural de los Pueblos.

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