La Gaceta Jurídica

Los “ajayus” de mi tierra

Descripciones y experiencias

El alma de la ciudad trasciende de la memoria y se esparce por la vida de sus habitantes actuales.

El alma de la ciudad trasciende de la memoria y se esparce por la vida de sus habitantes actuales. Foto: dfenviaje.wordpress.com

Amelia Peña Aguilar

00:00 / 24 de octubre de 2014

Cuando crecemos vamos adquiriendo conocimientos, experiencia y sobretodo retenemos acontecimientos en la memoria, al menos los más importantes de nuestras vidas. No todos son datos históricos para una sociedad pero sí para la vida individual de cada cual.

Un evento que puede marcar nuestra infancia y el shock hacer que dicho trance sea parte de nuestros recuerdos es el fallecimiento de un familiar o de un amigo y es en ese momento en que empezamos a pensar en la vida, en el legado, en la huella, en el alma.

Y cuando se trata de una ciudad, una La Paz como la nuestra, en la que cada 20 de octubre la recordamos con trajes de antaño, con fotos antiguas de una época dorada, añorando quizás el retorno de algo que se ha perdido, que va muriendo cada día con la modernidad, ¿no estamos pensando acaso en su alma?

El alma

Tal vez éste es uno de los temas que más ha reflexionado el ser humano, individual y socialmente, superficial y en profundidad, a través de sus filósofos, científicos y religiosos. Etimológicamente, alma viene de la palabra latina “anima”, que era la cualidad por la que los seres animados contaban con movimiento propio.

Platón consideraba al alma la dimensión más importante del ser humano y que ésta se encontraba presa dentro del cuerpo. Aristóteles pensaba que es la forma o esencia de las cosas, lo que hace que un ente sea lo que es. Tomás de Aquino interpretaba la definición de Aristóteles como que cada ente posee una forma material (indeterminada) y una sustancial (determinada).

En el mundo andino el equivalente de alma es el ajayu, comprendido como la fuerza que contiene a los sentimientos y a la razón; también es entendido como el centro de un ser que siente y piensa, es la energía cósmica que genera y otorga el movimiento de la vida. En el mundo andino todo lo que nos rodea, incluso las piedras, tiene un ajayu que le hace ser lo que es.

El ajayu paceño

Es complicado determinar la forma, la imagen, la sensación del ajayu paceño. ¿Qué le hace ser La Paz a La Paz? Matilde Casazola Mendoza, en su canción “De regreso”, recuerda a Bolivia con “...sus montañas recortadas...”; Manuel Monrroy Chazarreta le canta a una pareja de dos enamorados mirando desde el cerro la ciudad en su canción “Hoy es domingo”.

O serán tal vez sus personajes, como los lustrabotas, los aparapitas, los fotógrafos en las plazas, las caseras... O sus ruidos y sonidos, las campanas de la Plaza Murillo, el zureo de las palomas en la Catedral, los petardos en la iglesia San Francisco… O las sensaciones de fatiga por las cuestas, su frío matutino, su sofocante calor meridiano, sus noches bohemias...

Cuántos escritores se inspiraron en las atrocidades paceñas, literatos como Víctor Hugo Viscarra las convierten en un arte macabro  “...ayer, por ejemplo (creo que al mediodía), trajeron los restos de una cholita de unos veintitantos años de edad a la que la habían sacado del fondo de un barranco, lugar al que habría ido a parar presumiblemente por problemas sentimentales”.

“Si bien no la encontraron en posición decúbito dorsal, estaba hecha mierda, porque, durante la caída, su cuerpo había chocado repetidas veces contra las salientes del barranco, que, al llegar al fondo, de la cholita no quedaba casi nada. Toda ella era una miseria; pero, antes de que llegue el forense de turno para realizar un examen parcial de lo que quedaba del cadáver, con un alicate le saqué el engaste de oro de su dentadura, y -ojo clínico-, calculé que de allí se podía obtener tranquilamente unos ciento cincuenta dólares”.

“Con el tiempo uno llega a encariñarse con los muertitos porque –aparte de sus familiares y conocidos– nadie más se acuerda de ellos; muchas veces he sentido algo semejante a la tristeza cuando nadie viene a reclamar por uno de ellos. Se siente como si el corazón se nos rompiese en pedacitos, pues están abandonados y no tienen ni siquiera un perrito que les aúlle, a manera de despedirlos, cuando sus almas ya han abandonado para siempre este perro mundo...” (Cadáveres y cia.).

Jaime Sáenz, estudiado actualmente en universidades del mundo entero, escribió casi exclusivamente de las sensaciones que producen las calles, las personas, el telúrico de nuestra ciudad. Publicó Imágenes Paceñas en 1979 pensando en la La Paz de su juventud, pero en esa obra se lee y se siente como si fuese hoy mismo, ¿acaso ésta sensación es porque Sáenz logró describir de alguna manera el ajayu de nuestra ciudad a través de su personaje Felipe Delgado?

La pintura de Édgar Arandia con la alegría de los kusillos, la nostalgia de las anticucheras en las acuarelas de María Haydeé Aguilar Fuentes y la bohemia en los lienzos de Mario Conde plasman en imágenes el día a día de una ciudad cuya noche tiene vida y, en esa vida que tiene noche, los bailarines urbanos ensayan acrobacias y los graffiteros se expresan forjando viñetas en las paredes.

Melodías como el “Tango Illimani”, la letra de “Kollita” de la agrupación Wara, el “Subiendo” en el charango de Ernesto Cavour, el rap “Metafísica popular” o “La cabeza de Zepita” del Papirri, el “Aparapita” de Atajo, “Millones de estrellas en el suelo” del grupo roquero Etrea, la morenada “La Guerra de La Paz” del conjunto folklórico Ayra, “No hay paz en La Paz” de la banda punk 3:18, el “Pacto telúrico” de Marcelo Marín o el “Salud” de El Cholo Yáñez son un pequeño punteo de la gran inspiración que provoca esta ciudad.

Los ajayus de mi tierra son las montañas, los nevados, las calles y plazas, los callejones y rincones, las subidas interminables, los escondites, el paisaje nocturno, también su gente, sus lustras, sus cebras, sus poetas, sus caseras, sus pintores, sus fotógrafos de plazas, sus sonidos,  sus miles de bailarines del Señor del Gran Poder, sus locos, su historia y sus ciudadanos que han proclamado a la ciudad como “tumba de tiranos”, todo eso y más le han dado a esta ciudad un alma.

Es economista, egresada en Derecho y diplomada en Pedagogía para la educación superior y en Diplomacia Cultural de los Pueblos.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia