La Gaceta Jurídica

¿Por alimentación saludable?

…ni qué decir de las cadenas de moda que negocian comida para personas que están convencidas de las falacias de la publicidad y las presuntas cualidades de un modo de vida que ofrece imaginarios.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 10 de enero de 2016

El viernes fue promulgada en Palacio Quemado la Ley de Promoción de Alimentación Saludable, que tiene como principales objetivos proteger la salud, prevenir ciertas enfermedades y modificar la forma de alimentarse; esto quiere decir que, con una aplicación adecuada del articulado, se ayudaría a cambiar los malos hábitos alimenticios que han proliferado de manera exponencial en la población boliviana en los últimos 30 años.

Si se acata la norma, también se colaboraría a evitar problemas de malnutrición debido a la ingesta de alimentos con grasas saturadas, sales y azúcares, entre otros productos dañinos, cuyo consumo deriva en enfermedades crónicas y no transmisibles como la obesidad, diabetes, males cardiacos, hipertensión, cáncer y otros de carácter circulatorio y hasta renal.

Las justificaciones para la normativa entienden bien que en el país existen malos hábitos de vida y de alimentación, por ello, el articulado establece la obligación de las empresas de detallar el contenido de sodio o sales, azúcar y diferentes tipos de grasas en los envases o etiquetas de sus productos; al mismo tiempo se prevé la regulación de la publicidad de alimentos y bebidas no alcohólicas y del etiquetado de estos.

Sin embargo, la aplicación podría tener problemas como varias de las nuevas normas que están vigentes en el país, las cuales pierden valor al no mostrar empleo práctico, peor si se trata de una ley como la de Promoción de Alimentación Saludable, que tendrá que hacer frente a un mercado creciente de consumidores con poca conciencia sobre lo que consumen y con mínima información de las consecuencias que esto tiene.

Asimismo, en la economía de mercado en la que vivimos la competencia es evidente en cuanto a la oferta de productos de mala calidad se refiere, de ese modo, la comida chatarra, las gaseosas y las golosinas han ganado un espacio difícil de recuperar con hábitos alimenticios saludables. La situación es tan peligrosa vista desde cualquier ángulo, pues el contrabando y la importación legal están plagados de artículos elaborados en base a azúcares y sales, ingredientes que son acompañados, para colmo, con colorantes, conservantes y saborizantes.

Otra de las aristas de alarma demuestra que la malnutrición con comida grasosa ha enraizado de manera profunda en cualquier lugar del territorio nacional, lo que hace pensar que el pollo frito o broaster con papas fritas y gaseosa es el plato nacional, pues puede ser encontrado en los lugares más recónditos a diferencia de los productos naturales y locales que han desaparecido de la dieta de la población.

Las dudas que se vislumbran a priori sobre la nueva ley deberán ser disueltas en el reglamento, pues no servirá de mucho el etiquetado si se ignora los daños que producen los ingredientes de determinado producto. Esto tampoco podrá incidir contra los comestibles que se vende al paso si los locales no exhiben letreros o murales con los daños que provoca su comida. Asimismo, ni qué decir de las cadenas de moda que negocian comida para personas que están convencidas de las falacias de la publicidad y las presuntas cualidades de un modo de vida que ofrece imaginarios.

La legislación por sí sola no sirve mientras las políticas que se propone no arranquen con información adecuada y permanente.

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