La Gaceta Jurídica

Los ancianos y la Constitución

Algunos datos estadísticos que manejan organizaciones especializadas en el tema muestran una realidad muy dolorosa. Algo más del 60 por ciento de los ancianos se ve en la necesidad de trabajar hasta el día de su muerte. Por lo menos el 50 por ciento de este sector de la población vive en situación de pobreza.

00:00 / 17 de junio de 2014

Los derechos que tienen las personas de la tercera edad siguen siendo vulnerados, pese a que la Constitución Política del Estado garantiza una vejez digna, con calidad y calidez humana, y sanciona toda forma de maltrato, abandono, violencia y discriminación.

Esta realidad muestra que no existen avances que muestren que la situación que enfrentan los ancianos haya cambiado, pues sus derechos continúan siendo afectados.

Algunos datos estadísticos que manejan organizaciones especializadas en el tema muestran una realidad muy dolorosa. Algo más del 60 por ciento de los ancianos se ve en la necesidad de trabajar hasta el día de su muerte. Por lo menos el 50 por ciento de este sector de la población vive en situación de pobreza.

Ante esta lacerante realidad y con motivo de recordar el Día Mundial de la Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato de Personas Adultas, el Defensor del Pueblo, Rolando Villena, pidió que tanto las instituciones estatales como  la sociedad en su conjunto vean la forma de generar una cultura de respeto a este sector de la población y que se elimine la violencia y el maltrato de que son objeto.

Según los datos del Censo Nacional de Población y Vivienda, realizado en el país el 2012, Bolivia tendría casi 900 mil adultos mayores de los que menos del 20%  tiene una jubilación, la mayoría con montos inferiores a los 850 bolivianos.

Según el Defensor Villena “el maltrato y la violencia que ejercemos contra los adultos mayores se fortalece por un modelo basado en el culto por la juventud y el hedonismo que menosprecia los valores de la ancianidad y les niega el derecho a ser partícipes, actores y constructores de la sociedad. Esta violencia se expresa en conductas cotidianas como la invisibilización, la discriminación, el abuso y la negación de sus derechos y está ocurriendo tanto en las ciudades como en muchas comunidades campesinas donde se los considera una carga o muchas veces se los trata como personas sin valor, sin considerar que las personas adultas mayores pueden aportar con su experiencia, su sabiduría y sus conocimientos más allá de lo que se puede aprender en las escuelas y las universidades”.

En muchos de los casos denunciados por los propios ancianos que recurrieron a presentar su queja en alguna oficina especializada, se pudo constatar que lamentablemente los abusos que reciben, provienen de familiares.

Las oficinas de Defensoría distribuidas en todo el país recibieron en la gestión pasada un total de 3.243 denuncias referidas a vulneración de derechos de las personas adultas mayores, entre las que destacan el maltrato físico, sicológico, despojo de bienes, abandono, marginalidad, discriminación en razón de edad y falta de acceso a la justicia.

Pero, debemos tomar en cuenta que la mayoría de los ancianos que reciben malos tratos prefieren no denunciarlos, porque estas agresiones provienen precisamente de familiares.

Pese a que en el país se tienen grandes avances en materia de legislación a favor de las personas de la tercera edad, como lo reconoció Carlos Loza, presidente de la Asociación Nacional del Adulto Mayor, queda mucho por hacer en lo que concierne al cumplimiento de las leyes, porque lo contrario significaría que este sector de la población tiene derechos sólo en papeles.

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