La Gaceta Jurídica

El arte, como todo, es histórico

La política y la expresión

El artista refleja su sentimiento hacia los problemas sociales, su falta de inspiración,  su frustración, etc.

El artista refleja su sentimiento hacia los problemas sociales, su falta de inspiración, su frustración, etc. Foto: poesi.as

Amelia Peña Aguilar

00:00 / 21 de octubre de 2014

Susana Pérez Tort, crítica de arte, dice que “toda acción humana es política”, toda acción nace preñada de alguna ideología. Por eso, ninguna obra de arte puede escapar a la coyuntura que la vio nacer. Las obras de ayer se disfrutan hoy, pero la pregunta está en cómo una obra puede cambiar o perforar la coyuntura al mismo tiempo en el que se expresa.

Toda acción humana es política, entonces, el arte es político. El arte es humano y es acción, así que, de manera más o menos evidente, toda obra artística responde a las circunstancias históricas, objetivas y subjetivas en las que se creó.

Por eso, no podemos decir que una obra de arte es “inocente” o está al margen de la sociedad; cada cuadro, cada canción, danza, teatro, foto, escultura... lleva consigo un discurso; en algunas obras más claro, en otras menos legible, pero toda obra nos habla del artista, de su tiempo, de su geografía y de las circunstancias que le tocó vivir.

Francisco Goya y Los fusilamientos de la Moncloa

El famoso cuadro de “Los fusilamientos de la Moncloa” narra uno de los sucesos ocurridos en Madrid a comienzos de mayo de 1808, tras la revuelta iniciada el día 2 por el pueblo madrileño contra los invasores franceses; éstos hicieron numerosos prisioneros, a muchos de ellos los fusilaron en la noche del 3 de mayo. El cuadro es la ejecución de patriotas españoles a manos de un pelotón de soldados franceses.

La escena transcurre de noche y se ilumina mediante una fuente de luz artificial, un farol situado entre los dos grupos de personajes. La luz ilumina con mayor claridad al grupo de los españoles, mientras deja casi en la penumbra al de los franceses. El grupo de los soldados franceses se presenta en diagonal dando la espalda al espectador, por lo que no podemos ver el rostro de los personajes pero el grupo de los españoles se organiza en la diagonal opuesta de manera que se puede apreciar distintas actitudes ante la muerte.

Uno la afronta alzando los brazos y mirando de frente a sus ejecutores, otros tiemblan, sufren o rezan antes de morir. La sangre de los cuerpos que yacen fusilados momentos antes es bastante visible. El fondo del cuadro se cierra a la izquierda con un paisaje poco definido, tras el que se recortan a la derecha los perfiles de Madrid, donde se distingue con claridad la silueta de una torre.

Es un cuadro con una simbología clara, es uno de los mejores alegatos realizados contra la guerra y sus crueldades en la historia universal de la pintura. Para Goya, la violencia de la guerra carece de justificación alguna, la actitud y la postura del pelotón francés con sus miembros alineados con las piernas derechas retranqueadas y los fusiles listos para el disparo inminente, así como el hecho de que no se vea los rostros de los soldados, simboliza la cobardía del invasor que recurre a la nocturnidad para tomar venganza de los sucesos del día anterior.

Por otra parte, el grupo de españoles representa el miedo, la angustia o el terror, la actitud religiosa ante la proximidad de la muerte. Pero la especial iluminación de la obra hace al espectador dirigir su vista hacia el civil que se enfrenta a pecho descubierto a la muerte y alza sus brazos, mientras dirige su mirada hacia quienes van a fusilarlo.

Goya pintó esta obra en 1814, cuando la Guerra de Independencia acababa de concluir. El artista fue acusado de afrancesado por lo que realizó los cuadros del 2 y 3 de mayo de 1808 para dejar clara su oposición a la invasión francesa y su patriotismo, justo en el momento en que dio comienzo el reinado de Fernando VII.

Ese mismo año este rey declaró abolida la obra de las Cortes de Cádiz y retornó a los principios absolutistas que habían caracterizado a la monarquía española hasta 1808, por todo ello hemos de considerar este cuadro como uno de los mejores documentos visuales para la compresión de lo que supuso en España el largo y complejo periodo de transición del Antiguo al Nuevo Régimen. Actualmente se encuentra expuesto en el Museo del Prado en Madrid.

La carga de los mamelucos

El mismo 1814, Goya pintó otro cuadro relacionado con el mismo tema, “La carga de los mamelucos”, también denominado “el 2 de mayo de 1808”, en el que representó una escena del levantamiento del pueblo de Madrid contra los franceses, con el que comenzó la Guerra de Independencia. En este cuadro la caballería mameluca (mercenarios que prestaban servicio en el ejército napoleónico) aplastó la incipiente sublevación.

Pablo Picasso

“No, la pintura no está hecha para decorar las habitaciones. Es un instrumento de guerra ofensivo y defensivo contra el enemigo” (Pablo Picasso).

Guernica

“Guernica” es un famoso cuadro de Pablo Picasso cuya interpretación es polémica, es considerado una de las obras icono del siglo XX, símbolo de los terribles sufrimientos que la guerra inflige a los seres humanos. El grito de Guernica se profirió para mostrar al mundo esa masacre, muchos críticos de arte sienten el Guernica en cada bomba que cae sobre la Palestina actual.

El Guernica es un óleo sobre lienzo de 3,50 x 7,80 metros, no es un cuadro narrativo, sino simbólico, pintado en blanco, negro y grises. La estructura del cuadro es semejante a la de un tríptico, el panel central está ocupado por el caballo agonizante y la mujer portadora de la lámpara, el lateral derecho está ocupado por la casa en llamas y la mujer gritando, el lado derecho por el toro y la madre con el hijo muerto, las figuras están organizadas en triángulos de los cuales el más importante es el central, que tiene como base el cuerpo del guerrero muerto y como vértice la lámpara.

En el cuadro aparecen representados nueve símbolos, seis humanos y tres animales (toro, caballo y paloma), el toro con el cuerpo oscuro y la cabeza blanca voltea y parece mostrarse aturdido ante lo que ocurre a su alrededor. El mismo Picasso explicó que simbolizaba “brutalidad y oscuridad”, que en otras obras es un autorretrato del propio artista.

La madre tiene a su hijo muerto, con la cara vuelta hacia el cielo en un ademán o grito de dolor, simboliza a la ciudad de Madrid, sitiada por las tropas de Franco. La paloma, ubicada entre el toro y el caballo, tiene un ala caída y la cabeza vuelta hacia arriba con el pico abierto y simboliza la ruptura de la paz.

Con respecto a los símbolos humanos, sólo aparecen unos restos, una cabeza, el brazo completo o antebrazo derecho y antebrazo izquierdo. Un brazo tiene la mano extendida, el otro sostiene una espada rota y una flor, que puede interpretarse como un rayo de esperanza dentro de ese panorama descorazonador.

La bombilla o foco ubicado en el centro del cuadro es una bomba, es el avance científico que se convierte en una forma de destrucción masiva en las guerras modernas. El caballo que está el centro de la composición tiene su cuerpo hacia la derecha, pero su cabeza se vuelve hacia la izquierda; está atravesado por una lanza, con la cabeza levantada y la boca abierta, de ella sobresale la lengua terminada en punta, lo que simboliza a las víctimas inocentes de la guerra.

La mujer del quinqué o candil ilumina la estancia con una vela y avanza con la mirada perdida, como en un estado de shock. Esta persona está interpretada como una alegoría fantasmagórica de la República. El hombre implorando al cielo, como rogando a los aviones que dejen de bombardear, está inspirado en el cuadro de Goya.

Walter Solón, “El Quijote y los perros”

Es una obra boliviana concebida durante la dictadura de Hugo Banzer (1971-1978) y constituye una denuncia ante la desaparición de José Carlos Trujillo, el hijo mayor del artista. En 1976 los militares intervinieron las minas, hecho que dio lugar a otra obra “El Quijote en las minas”.

El exilio de Solón quedó reflejado en “El Quijote en el exilio” y entre 1986 a 1990 creó las series “El Quijote y los ángeles”, famosa por la feroz sátira contra los políticos corruptos.

Walter Solón siempre reflejó en su arte una profunda inquietud por las injusticias sociales, el 20 de mayo de 1989 recibió el título de doctor Honoris Causa por la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz, por la obra “El retrato de un pueblo”, un mural con 400 personajes de la historia boliviana en una superficie de 208 metros cuadrados realizado entre 1985 y 1989.

El arte por el arte

Ars gratia artis (el arte por el arte), desde Immanuel Kant y su obra Crítica del juicio, escrita en 1790, que implica el individualismo contrapuesto al realismo, involucra la libertad del arte, libertad en sentido capitalista a raíz de la revolución liberal o revolución burguesa.

El arte puro o arte desinteresado, resultado de una forma de vida bohemia, desarrolla su destreza de forma ajena a la política. Théophile Gautier, lo utiliza para sugerir que no hay conexión entre arte y moralidad.

Pero incluso el arte por el arte implica una posición política del artista ante la realidad, su inconformidad con la realidad hace que escape de ella y trate de reflejar cosas que lleva dentro y le preocupan más de lo que ve afuera y el individualismo es un triunfo del sistema capitalista sobre el artista.

Es por eso que el arte por el arte, aunque exista como concepto, no existe en la vida real; el artista, incluso al pintar un punto negro sobre un lienzo blanco, refleja su sentimiento hacia los problemas sociales, su falta de inspiración, su frustración, su tristeza. El arte, como todo, es histórico.

Es economista, egresada en Derecho y diplomada en Pedagogía para la educación superior y en Diplomacia Cultural de los Pueblos.

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