La Gaceta Jurídica

Los candados del siglo XX

Reivindicación marítima

Carlos Echazú Cortéz

00:00 / 17 de octubre de 2014

Mucho se ha debatido en la historia de Bolivia en torno al candado que nos pusieron para impedir un acceso al mar. Fundamentalmente, este concepto se ha referido al tratado de 1927 entre Chile y Perú, mediante el cual resolvían su conflicto por las ciudades de Arica y Tacna, otorgando a Chile la primera y a Perú la segunda.

Ambos estados resolvían que no cederían el territorio fijado en ese tratado (ni siquiera una parte de él) a “tercera Potencia” sin el consentimiento de la otra parte. La referencia a la “tercera potencia” era obvia. De este modo, Chile logró que el sentimiento de frustración de Perú por la pérdida territorial en la Guerra lo estrellara contra Bolivia.

Esto tiene raíces en que, durante la Guerra, Chile buscó un cambio de la configuración de alianzas, de tal modo que Bolivia, aliándose con Chile, cediera a este país el desierto de Atacama, además de colaborar para arrebatar a Perú el desierto de Tarapacá. En compensación, Chile ayudaría a Bolivia a quedarse con Arica y Tacna. Es lo que se ha llamado el plan Santa María.

Si bien este plan, pese a las presiones de la oligarquía argentífera boliviana por encausarlo, no pudo consolidarse, fue conocido en Perú y, obviamente, quedó la susceptibilidad de la posible traición boliviana. Por eso, cuando en 1927 se repartieron Tacna y Arica con Chile, no podía quedar rastros de duda para Perú de que no se había implementado algo del plan Santa María que implicara una salida boliviana al pacífico por territorio que antes fuera peruano. Así, con el tratado de 1927, cediendo Arica a Chile, Perú se reservaba el derecho de decidir que el plan Santa María fuera efectuado. Ese ha sido, según la historia, el candado puesto a Bolivia.

Con el tiempo se generó otro candado. Las oligarquías chilenas sabían que la frustración en el pueblo boliviano sería eterna por la pérdida de su acceso al mar. Sabían también que la injusticia hacia Bolivia, tarde o temprano, cuando las sañas de la guerra hubieran pasado, se revelaría como una necesidad de justicia y reparación. Para evitar esta revelación en la conciencia de los pueblos, fundamentalmente en el chileno, se generó en Bolivia con el accionar miope y egoísta de sus clases dominantes el odio hacia el pueblo chileno.

Al poner las cosas claras: Bolivia jamás recuperará un acceso soberano al pacífico si no hay aceptación más o menos significativa para eso en el pueblo chileno. Ningún gobernante chileno, por muy bien intencionado que esté con Bolivia, podrá dar curso a la salida al mar si no tiene aceptación en su pueblo. Consiguientemente, no podrá generarse esa opinión pública favorable si allá saben que acá impera el odio hacia ellos. Ese es el otro candado puesto en el siglo XX.

Ahora bien, no cabe la menor duda de que la Corte Internacional de la Haya fallará, tarde o temprano, a favor de Bolivia. En esa certidumbre caben dos escenarios: el primero que la Corte falla a favor de Bolivia y existe una opinión pública chilena contraria a la reivindicación, el resultado será negativo, puesto que, por mucho que la Corte se haya pronunciado a nuestro favor, no hay fuerza que pueda obligar a Chile a negociar una salida al mar para Bolivia. El gobierno chileno se sentirá con el apoyo de su pueblo para negar la negociación.

En el segundo escenario, la Corte falla a nuestro favor y en Chile existe una opinión pública favorable a nosotros; solo entonces sus gobernantes se verán obligados a negociar nuestra reivindicación, porque, además de la presión externa que significa el fallo de la Corte, habrá presión interna. El gobierno chileno no tendrá apoyo en ningún lado.

Por esta razón complacen las expresiones en ámbitos de la comunidad chilena a favor de nuestra causa. Significa que estamos comenzando a romper el segundo candado. Sin duda hay un giro positivo en la política reivindicativa de Bolivia cuando el presidente Morales declara ante la pregunta periodística de las relaciones boliviano-chilenas que las relaciones con el pueblo chileno son excelentes, aunque no sean muy buenas con su gobierno. Al final, los gobiernos pasan, el pueblo queda.

Es graduado en Ciencias Políticas en la Universidad de Uppsala, Suecia.

Tomado de: bolpress.com

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