La Gaceta Jurídica

El constitucionalismo moderno y las constituciones tempranas

(Parte I)

Foto: glogster.com

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Horst Dippel

00:00 / 28 de octubre de 2014

Hace más de 60 años Charles Howard McIlwain abrió su clásico tratado Constitucionalismo Antiguo y Moderno con esta oración: “El tiempo parece ser propicio para examinar el principio general del constitucionalismo [...] y un examen que debería incluir alguna consideración de los periodos sucesivos en su desarrollo” (1).

Hoy, en el principio del siglo XXI, después de más de doscientos años de constitucionalismo moderno, tenemos que admitir que nuestro conocimiento de la historia del constitucionalismo moderno es casi inexistente.

Aquel moderno constitucionalismo que apareció al final del siglo XVIII parece estar más allá de disputa. Las revoluciones americana y francesa constituyeron, de acuerdo a Maurizio Fioravanti, “un momento decisivo en la historia del constitucionalismo”, inaugurando “un nuevo concepto y una nueva práctica” (2).

Doscientos años más tarde se da por supuesto que cada país en el mundo, con la excepción del Reino Unido, Nueva Zelanda e Israel, ostenta una constitución escrita, basada en el constitucionalismo moderno.

Pero, mientras nosotros reconocemos la aceptación global de un principio político, singular como puede ser, y mientras eruditos como Bruce Ackerman han acuñado el término “constitucionalismo mundial” (3), con dificultad debemos admitir que, a pesar de McIlwain, Fioravanti y numerosos otros académicos, definitivamente no sabemos cómo sucedió todo esto (4).

Gran número de estudios comparativos han sido realizados en derecho constitucional (5) y en historia constitucional (6), y aunque generalmente han enriquecido nuestro conocimiento, nos han dicho muy poco acerca del constitucionalismo moderno y su historia.

Al partir desde el Estado-nación, tendieron a carecer de una perspectiva abarcadora y usualmente se restringieron ellos mismos a acumular información Estado por Estado. En contraste, los más feroces oponentes del constitucionalismo moderno desplegaron su conocimiento completo del concepto, inmediatamente después de la conclusión del evento decisivo, la revolución de 1848.

Ellos denunciaron lo que llamaron la “esencia y fastidio del constitucionalismo moderno”, como dice el título de un libro, y con él su historia y sus principios o elementos esenciales (7). Aunque sus argumentos no pueden reclamar hoy ninguna validez, el fenómeno que ellos describen merece aún más atención en nuestro tiempo que hace ciento cincuenta años.

La declaración de 1776

El 12 de junio de 1776 la Convención General de delegados y representantes de varios condados y corporaciones de Virginia adoptaron lo que ha sido conocido como la Virginia Declaration of Rights (Declaración de los derechos de Virginia ) (8).

Fue un documento revolucionario, pero que algunas veces es incorrectamente llamado la Virginia Bill of Rights (en una inconsciente o tal vez deliberada alusión a la Bill of Rights inglesa de 1689).

La referencia al inglés “Acto de declarar los derechos y libertades del vasallo y establecer la sucesión de la corona”, como su propio título lo dice, es engañosa, pues fue publicada por “los dichos Lores Espirituales y Temporales y Comunes [...] para reivindicar y asegurar sus Derechos y Libertades” (9). En términos estrictamente políticos, esto marcó el final de la revolución gloriosa y entró a formar parte del asentamiento de la Revolución (10).

La Bill of Rights inglesa no se refiere a principios universales ni a ninguna idea abstracta; en realidad, considerando la tentativa del último rey de “suprimir y extirpar la religión protestante, y las leyes y libertades de este reinado”, los Lores y Comunes hicieron uso de lo que ellos entendieron como “sus indiscutibles derechos y libertades” (11).

Los delegados de Virginia de 1776 pudieron fácilmente hacer uso de un lenguaje similar, así como numerosos colonos lo habían hecho durante la década anterior.

Pero ellos introdujeron deliberadamente un nuevo lenguaje: Una declaración de derechos hecha por los representantes del buen pueblo de Virginia, congregados en convención general y libre; cuyos derechos pertenecen a ellos y a su posteridad, como la base y fundamento de gobierno (12).

Este es un documento completamente nuevo, que emplea un lenguaje nuevo y audaz. Fue una “declaración de derechos”, no un documento subjetivo declarando derechos, y fue establecido por “los representantes del [...] pueblo”, quienes fueron “congregados en convención general y libre”, no en una asamblea cualquiera con una legitimización equívoca (13). Además, ellos habían declarado derechos apropiadamente, como pertenecientes al pueblo y a sus descendientes, y no a la asamblea o convención misma, en contraste con alguna otra institución.

Fundamento de gobierno

Estos derechos sirvieron, en la frase más revolucionaria de todas, “como la base y fundamento de gobierno”, una afirmación completamente desconocida y contradictoria con cualquier forma de entender la Constitución inglesa.

Este audaz lenguaje revolucionario fue sustanciado en las dos primeras secciones del documento, el cual develó la fuente de todos estos derechos determinados: la naturaleza. El derecho natural no solamente confería a la gente “ciertos derechos inherentes, de los cuales, cuando entran en estado de sociedad, ellos no pueden, por ningún pacto, privar o despojar a su posteridad”. También probó que “todo poder es conferido y, consecuentemente, derivado del pueblo” (14).

La base del constitucionalismo moderno

Sin palabra alguna referida a la Constitución inglesa o a la necesidad de restaurar antiguos derechos que habían sido violentados, la Declaración de Derechos de Virginia pregonó al mundo la soberanía del pueblo, principios universales y derechos humanos inherentes, declarados en una constitución escrita como “la base y fundamento de gobierno”. Fue el verdadero nacimiento de lo que entendemos hoy como constitucionalismo moderno (15).

En verdad, la Declaración de los Derechos de Virginia no fue el primer documento del constitucionalismo moderno de la Revolución Americana. Fue precedida por la Constitución de New Hampshire del 5 de enero de 1776 y por la Constitución de Carolina del Sur del 26 de marzo de 1776 (16).

Pero el lenguaje de estos dos documentos se parece mucho más a la Bill of Rights  inglesa, el lenguaje de los derechos antiguos y de las libertades violentadas, pero rescatadas para ser restauradas.

A pesar de que hay una referencia casual al derecho natural en la Constitución de New Hampshire y de que el documento de Carolina del Sur por primera vez se autodenominó “constitución”, ninguna de ellas apeló a la soberanía del pueblo, principios universales, derechos humanos inherentes, o a una constitución escrita como “la base y fundamento de gobierno”. Las primeras constituciones escritas fueron nuevas en su forma, pero su contenido no había abandonado todavía sus connotaciones tradicionales.

Todo esto cambió con la Declaración de Derechos de Virginia de junio de 1776. No solamente enumeró varios de estos derechos. También proclamó criterios adicionales que desde entonces son considerados fundacionales del constitucionalismo moderno.

Estos son la responsabilidad y la obligación del gobierno de rendir cuentas por sus actos, el derecho “a reformar, alterar, o abolir” el gobierno, la separación de los poderes, el “juicio por un jurado imparcial” y la idea inherente de que el gobierno constitucional es por su propia naturaleza un gobierno limitado (17).

Fue una mezcla de principios fundamentales y de elementos estructurales que serían integrados a una constitución posterior, considerados precondiciones indispensables para asegurar la libertad individual y garantizar el gobierno racional de acuerdo a la ley, en vez de un gobierno de acuerdo al placer, el privilegio, o la corrupción.

Ninguno de estos criterios fue realmente nuevo. En verdad, ellos fueron extensamente discutidos a lo largo de las colonias durante la década precedente. Pero nunca antes habían aparecido en un documento público en forma coherente, constituyendo la base de un nuevo orden político.

Lo esencial del constitucionalismo

Más allá de haber enumerado ciertos derechos, aunque de forma incompleta, la importancia singular de la Declaración de los Derechos de Virginia en 1776 se basa en el establecimiento de un catálogo completo de lo esencial del constitucionalismo moderno, cuyo carácter fundacional no es hoy menos válido de lo que fue hace más de doscientos años: soberanía del pueblo, principios universales, derechos humanos, gobierno representativo, la constitución como máxima ley, separación de poderes, gobierno limitado, responsabilidad y obligación de rendir cuentas del gobierno, independencia judicial e imparcialidad, y el derecho de la gente a reformar su propio gobierno o el poder constituyente del pueblo.

Estos diez elementos esenciales del constitucionalismo moderno son expresados en la Declaración de Derechos de Virginia y por más de doscientos años ninguna constitución que reclame su adhesión a los principios del constitucionalismo moderno se ha atrevido, abiertamente, a desafiar ninguno de estos principios cuando se ha idealizado la sociedad basada en la razón, que dispone de una base legal sólida para atender los intereses encontrados y los conflictos.

Continuará

Notas

1. McIlwain, Charles Howard, Constitutionalism Ancient and Modern, Nueva York, Ed. Cornell University Press Ithaca, 1940, p. 3.

2. Fioravanti, Maurizio, Costituzione, Bologna, Ed. Il Mulino, 1999, p. 102.

3. Ackermann, Bruce, “The Rise of World Constitutionalism”, en Virginia Law Review, tomo 83, 1997, pp. 771-797. Klug, Heinz, “Constitutional Transformations, Universal Values and the Politics of Constitutional Understanding”, en Sampford, Charles & Round, Tom (Eds.), Beyond the Republic, Meeting the Global Challenges to Constitutionalism, Leichhardt, NSW, The Federation Press, 2001, pp. 191 y ss.

4. Obviamente, yo no estoy de acuerdo con Howard, Dick, “The Essence of Constitutionalism” en Thompson, Kenneth W. & Ludwikoswki, Rett R. (Eds.), Constitutionalism and Human Rights, America, Poland, and France, A Bicentennial Colloquium at the Miller Center, Lanham, MD, University Press of America, 1991, pp. 3 y ss, quien no logra distinguir al constitucionalismo moderno de las ideas y conceptos ingleses desde la Carta Magna de 1215 y trata de establecer siete elementos esenciales del constitucionalismo (consentimiento de los gobernados, gobierno limitado, sociedad abierta, santidad del individuo, rule of law, cumplimiento de la constitución y adaptabilidad), que están más en línea con la interpretación de Dicey de la Constitución Británica que propiamente con las particularidades del constitucionalismo moderno. Más cercano al punto están: Henkin, Louis, “Elements of Constitutionalism”, en International Commission of Jurists, The Review, tomo 60, 1998, pp. 805-809. Grimm, Dieter, “Entstehungs- und Wirkungsbedingungen des modernen Konstitutionalismus”, en Simon, Dieter (Ed.), Akten des 26. Deutschen Rechtshistorikertages, Fráncfort del Meno, 22. - 26.09.1986, Fráncfort del Meno, Vittorio Klostermann, 1987, pp. 45- 76. Preuss, Ulrich K., “The Political Meaning of Constitutionalism”, en Bellamy, Richard (Ed.), Constitutionalism, Democracy and Sovereignty, American and European Perspectives, Aldershot, Avebury, 1996, pp. 11 y ss.

5. Véase interpretaciones pioneras como: De La Croix, Jacques Vincent, Constitutions des principaux États de l’Europe et des États-Unis de l’Amérique, 6 tomos, París, Buison, 1791-1801, 2a Ed., 1883; y la edición realizada por la Comisión de historia constitucional del Comitato Internazionale di Scienze Storiche bajo la dirección de: Volpe, Gioacchino La Costituzione degli Stati nell’Eta Moderna. Saggi storico-guiridici, 2 tomos, Milán, Fratelli Treves, 1933-1938. Más resctrictiva es: Headlam-Morley, Agnes, The New Democratic Constitutions of Europe, A Comparative Study of Post-War European Constitutions with Special Reference to Germany, Czechoslovakia, Poland, Finland, The Kingdom of the Serbs, Croats & Slovenes and the Baltic States, Londres, Oxford University Press, 1928. El más reciente parece ser Maddex, Robert L., Constitutions of the World, Washington, D.C., Congressional Quarterly, 1995, reimpreso Londres, Routledge, 1996.

6. Son notables todavía: Strong, Charles Frederick, Modern Political Constitutions, An Introduction to the Comparative Study of Their History and Existing Form, Londres, Sidgwick & Jackson, 1930, 3a Ed., 1973. Hawgood, John A., Modern Constitutions since 1787, Londres, Macmillan and Co., 1939. Véase también: Fioravanti, Maurizio, Stato e costituzione, Materiali per una storia delle doctrina costituzionali, Turín, G. Giappicheli, 1993. Caenegem, R. C. van, An Historical Introduction to Western Constitutional Law, Cambridge, Cambridge University Press, 1995. También el volumen editado por: Peláez, Manuel J. (Ed.), European Constitutional Law, Derecho constitucional Europeo (Estudios interdisciplinares en homenaje a Ferran Valls i Taberner con ocasión del centenario de su nascimiento, tomo 7), Barcelona, Promociones y Publicaciones Universitarias, 1988.

7. Véase el galardonado tratado de Budy, Johann Friedrich Christian, Wesen und Unwesen des modernen Constitutionalismus, seine Untauglichkeit für Preussen, nebst Vorschlägen zur Abänderung der Verfassung, Ein Buch für Fürsten und Volk, 3a Ed., Stettin, en comisión con F. Schneider & Co en Berlín, 1852.

8. El relato más detallado en la Declaración de Derechos de Virginia y su historia es el de Howard, Dick, Commentaries on the Constitution of Virginia, 2 tomos, Charlottesville, University Press of Virginia, 1974, pp. 27-313. Para una perspectiva histórica del trabajo de convención, véase: Selby, John E., The Revolution in Virginia, 1775-1783, Williamsburg, The Colonial Williamsburg Foundation, 1988, pp. 100-110.

9. 1 & 2 Gul. & Mar. Sess. 2 c. 2 (citado de Raithby, John [Ed.], Statutes of the Realm, volume 6, 1685- 1694, The statutes of the last years of James II, the Glorious Revolution, and the first years of William and Mary, 1819; puede ser fácilmente accesible en: Williams, E. Neville, The Eighteenth-Century Constitution, 1688 - 1815, Documents and Commentary, Cambridge, Cambridge University Press, 1960, pp. 26-33, 28).

10. Véase Harris, Tim, Politics under the Later Stuarts, Party Conflict in a Divided Society, 1660-1715, Londres & Nueva York, Longman, 1993, pp. 132-140. Prall, Stuart E., The Bloodless Revolution, England, 1688, Madison, Wis., University of Wisconsin Press, 1985, pp. 245-293. Kenyon, John P, Revolution Principles, The Politics of Party, 1689-1720, Cambridge, Cambridge University Press, 1977, reimpreso 1990.

11. 1 & 2 Gul. & Mar. Sess. 2 c. 2 (citado de Raithby, The Statutes of the Realm, tomo 6, p. 142. Ver también: Williams, Eighteenth-Century Constitution, op. cit., pp. 26, 29).

12. Preámbulo de la Declaración de Derechos de Virginia de 1776, en: Thorpe, Francis Newton (Ed.), The Federal and State Constitutions, Colonial Charters, and Other Organic Laws of the States, Territories, and Colonies Now or Heretofore Forming the United States, 7 tomos, Washington, Government Printing Office, 1909, tomo 7, p. 3812. Véase Sutton, Robert P., Revolución a Sucesión, Constitución hecha en el Viejo Dominio, Charlottesville, University Press of Virginia, 1989, pp. 33-34. Grigsby, Hugh Blair, The Virginia Convention of 1776, Richmond, J. W. Randolph, 1855, (reimpreso Nueva York, Da Capo Press, 1969), pp. 161-165.

13. Véase la defensa que hizo Blackstone de la legitimidad de los parlamentos de convención: Blackstone, William, Commentaries on the Laws of England, 4 tomos, Oxford, Clarendon, 1765- 1769 (reimpreso Chicago & Londres, University of Chicago Press, 1979), I, p. 148.

14. Declaración de Derechos de Virginia de 1776, sec. 1 y 2, en Thorpe, The Federal and State Constitutions, op. cit., tomo 7, p. 3813.

15. Véase: Tarter, Brent, “The Virginia Declaration of Rights”, en Pacheco, Josephine F. (Ed.), To Secure the Blessings of Liberty, Rights in American History, Fairfax, VA, George Mason University Press, 1993, pp. 37-54. Schwartz, Bernard, The Great Rights of Mankind, A History of the American Bill of Rights, Nueva York, Oxford University Press, 1977, pp. 67-72; también el trabajo clásico de Rutland, Robert Allen, The Birth of the Bill of Rights, 1776-1791, Chapel Hill, University of North Carolina Press, 1955, pp. 38-39. Esta interpretación obviamente va contra la de Howard, Dick, The Birth of American Political Thought, 1763-1787, Minneapolis, University of Minnesota Press, 1989, pp. 104 y s, quien no percibe las implicaciones que el documento tuvo para el constitucionalismo moderno.

16. Véase Thorpe, The Federal and State Constitutions, op. cit., tomo 4, pp. 2451-2453, VI, pp. 3241-3248.

17. Véase Thorpe, The Federal and State Constitutions, op. cit., tomo 7, pp. 3813-3814.

Es profesor de historia de Norteamérica y Gran Bretaña en la Universidad de Kassel, Alemania, fue decano y es director del proyecto internacional The Rise of Modern Constitutionalism 1776-1849, Alemania.

Tomado de: derecho.unal.edu.co

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