La Gaceta Jurídica

La credibilidad como patrimonio del periodista profesional

El Señor Justicia

Carlos Conde Calle

00:00 / 25 de abril de 2014

Estos días fue noticia de primerísimo orden la CREDIBILIDAD de los medios, en particular de la prensa plana. El manejo y tratamiento periodístico ha sido cuestionado. Uno de los temas tiene que ver con los títulos de las informaciones en los medios de comunicación social. Además, sería recomendable que los medios informaran sobre quién es el dueño del canal o radio. Pero, es una verdad a medias. Sucede que en los mismos medios, los mismos periodistas, a veces sin quererlo, han enajenado su CREDIBILIDAD, cuando menos la hipotecaron.

Existen diversos ejemplos reales de cómo el periodista pierde CREDIBILIDAD. ¿Es creíble el periodista que, de buena o mala fe, titula una noticia en un sentido y el cuerpo de ésta va en otra dirección? Los ejemplos son variados; el titular debe tener correspondencia con el lead y el cuerpo de la noticia. Si el periodista abusa de un titular inapropiado, deja de ser creíble.

¿Es creíble cuando la presentadora de televisión tiene por esposo a una autoridad pública? Parece que entre nuestras presentadoras de televisión se hubiera desatado una competencia para ver quién se casa con una autoridad política.

Duele decirlo, pero esa periodista o presentadora ha enajenado su CREDIBILIDAD o, por lo menos, lo hipotecó. Probablemente, lo sensato sería que dejen momentáneamente el medio donde trabajan o, mínimamente, dejen de informar sobre las tareas de su esposo.

Hace algunas semanas, cuando The Strongest visitó Lima para jugar con Universitario, se informó que los periodistas deportivos bebían con los directivos del club.

Por supuesto que ésta es una manera de perder CREDIBILIDAD. Lo peor sería que los pasajes sean pagados por la fuente informativa. ¿Cuán CREIBLE sería un periodista que viaje al extranjero para realizar coberturas periodísticas, pero que los pasajes y estancia sean pagados por la fuente? Ese periodista, enajena e hipoteca su CREDIBILIDAD.

¿Será CREÍBLE cuando un periodista le cobra dinero a la fuente para la publicación de una nota? Por supuesto que deja de ser creíble. Si se vuelve una constante que el periodista cobre a sus fuentes para la publicación de una nota, ese periodista ya no es creíble.

¿Es creíble cuando un periodista ha decidido REEMPLAZAR a los políticos? Ese periodista que denuesta a los políticos les atribuye todos los males del país y que, según el mismo periodista, al ser todo malo, él es bueno y, al creer que tiene las mejores propuestas para el país, se convierte en un ideólogo; ese periodista no es creíble.

Debe aprender que su tarea es informar y analizar, pero no puede denostar a los políticos. Hay presentadoras que pretenden mostrar abiertamente que tienen mejores cualidades que los políticos. Si esto es así, entonces, ¿por qué no deja los medios y sea dedica con ahincó a la acción política?

Siguiendo con esta reflexión, ¿es creíble el periodista que declara militante de un partido político? Ese periodista con militancia política ha dañado el periodismo.

Sencillamente, no es un periodista creíble. El peor pecado de un periodista es que milite en un partido político, no debe militar en fracción alguna. Si quiere militar, deje los medios de comunicación.

Todos sabemos que existen periodistas que, a pesar suyo, dejaron los medios de  comunicación y se fueron a la acción política, porque la acción maneja otro tipo de valores que no son de la acción comunicativa. Fracasaron, hasta ahí no habría ningún problema, pero lo malo es que, sin ningún rubor, vuelven a los medios como sí nada habría pasado.

Por supuesto que estos periodistas que se incorporación a la acción política no tendrían que retornar a los medios de comunicación social. Al hacerlo QUITAN CREDIBILIDAD a su trabajo, porque su credibilidad ha sido enajenada. Por eso, cuando el periodista quiere entrar a la acción política debe pensar dos veces.

Sabe que, si entra, ésta es una ida sin retorno, es para no volver. Sin embargo, algunos han retornado a los medios. ¿Son creíbles? ¡Por supuesto que no!

¿Es creíble cuando el periodista, fundamentalmente el presentador de televisión, se convierte en Juez, cuando instala tribunales paralelos? Por supuesto que no es creíble. Su tarea es informar y no jugar al rol de juez o, mínimo, de fiscal. Existen periodistas vespertinos que se creen jueces o fiscales. Persiguen delitos, pero, fundamentalmente, emiten sentencias condenatorias con más rapidez que el juez ordinario. Por supuesto que no es creíble ese periodista y presentador, porque está jugando un rol que no le corresponde: no es juez y mucho menos fiscal.

¿Es creíble un periodista que construye la nota informativa sobre la base de una sola fuente? Hay periodistas que de mala fe apoyan su nota en una fuente interesada, con preterición de la otra parte. Si la conducta es permanente, por supuesto que ese periodista NO ES CREÍBLE. La nota debe ser construida con todo los sujetos que participaron del hecho noticioso.

¿Es CREÍBLE el periodista que, para no dejarse “patear”, a cualquier costo busca obsesivamente la primicia? Por supuesto que no. Muchos periodistas, particularmente jefes de prensa, están preocupados por el rating y olvidan que sus fuentes son seres humanos y que hay que respetar todo sus derechos. ¿Es creíble el periodista que, sin importar los medios, pretende ser estrella a pesar de que trata con seres humanos?

¿Es creíble el periodista que apela a métodos dudosos, que constantemente se hace pasar por médico con el sólo objetivo de conseguir la nota informativa? El engañar a la fuente torna no creíble al periodista.

¿Es creíble el periodista que, a pesar de haberse equivocado, no rectifica al error? Si su trabajo se sustenta frecuentemente en mostrar datos falsos y miente impunemente, por supuesto que ese periodista NO ES CREÍBLE. En su deber primordial, sin que se lo hayan pedido, cuando advierte que se equivocó debe RECTIFICAR el error con la misma cantidad de caracteres y en el mismo lugar, si es posible.

Podemos seguir enumerando hechos empíricos que demuestran que la CREDIBILIDAD es el mayor patrimonio que tiene todo periodista. Los seres humanos tenemos nuestro patrimonio, constituido por derechos y obligaciones, traducido en bienes presentes y futuros. En tanto que el periodista debe saber que su único patrimonio es la CREDIBILIDAD. Por tanto, debe cuidarla.

El televidente, el radioescucha y el lector no son tontos y leen, escuchan o ven menos al periodista que enajenó o hipotecó su credibilidad. Como último apunte, tampoco es creíble el funcionario público, sea diputado, senador, ministro, alcalde, gobernador o periodista que cumple las tareas de relaciones públicas, este último no puede cumplir las tareas de periodista en ningún medio de comunicación; lo contrario, lo hace poco creíble para los receptores de la información.

Por tanto, debemos cuidar de no enajenar ni hipotecar, nuestro mayor patrimonio, la credibilidad.

Es experto en Derecho de la Información.

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