La Gaceta Jurídica

La crítica moralizante o la moral crítica

Proyectar la justicia

 “No hay que atacar las problemáticas por su forma, sino buscar el origen esencial de los fenómenos”.

“No hay que atacar las problemáticas por su forma, sino buscar el origen esencial de los fenómenos”. Foto: filatina.files.wordpress.com

Amelia Peña Aguilar

00:00 / 11 de abril de 2014

El conocido Karl Marx, a fines de octubre de 1847, escribió una pequeña carta titulada “La crítica moralizante o la moral crítica”, donde analizó el hecho de que lo “justo” no es algo que provenga de la buena voluntad de las personas, ni mucho menos de su “moralidad”, sino de la misma “fuerza que domina igualmente a la propiedad”, que es una especie de poder. Así, por ejemplo, los economistas llaman al capital “el poder sobre el bien ajeno”.

Nos hallamos, pues, en presencia de dos especies de poder: por una parte, el poder de la propiedad, es decir, de los propietarios, y, por otra, el poder político, el poder del Estado.

Para Marx, la injusticia está condicionada por la moderna división del trabajo, no es, por lo tanto, una cuestión de corazón, sino de realidad; no es que los funcionarios del poder puedan ponerse la mano al pecho y hacer las cosas en pro del pueblo, del oprimido o del explotado; la realidad es la que determina su forma de actuar, social e individualmente.

Marx llama a los mismos comunistas ciegos, por no comprender que la fuerza que domina a la propiedad es la misma que domina a la injusticia en el estado de propiedad y de no darse cuenta que no es una cuestión de atacar al rico por el dinero que gana.

Pero claro, “la adquisición del dinero” se transforma en “adquisición de poder” y la “propiedad” en “poder político”, pero esto no hay que convertirlo en un dogma, solamente darse cuenta de que no hay que atacar las diferentes problemáticas por su forma, sino buscar el origen esencial de los fenómenos.

Un país puede tener una igualdad de derechos impresionante, ya que la igualdad está descrita en una ley, pero la desigualdad se manifiesta en la pobreza de ese país.

Carlos Heizen decía que la pobreza, o cualquier situación angustiosa, es obra de un malvado príncipe, pero Marx le respondió: ¿quién hizo a los príncipes y a su autoridad? Es el pueblo que tuvo que colocar en cierta época a su frente a los personajes más eminentes, después este puesto se transmitió hereditariamente y, finalmente, la estupidez y la abyección de la humanidad han tolerado este abuso durante siglos.

Muchos siglos carecieron de buen sentido y dignidad moral humanos. En otros términos, la razón y la moral de un cierto número de siglos correspondían al régimen monárquico, en lugar de contradecirlo. Precisamente, a esta razón y a esta moral de los siglos pasados no las comprende el buen sentido de hoy. Y no sólo no las comprende, sino que, por el contrario, las desprecia.

Una vez más vemos que los conceptos que tenemos las personas en la cabeza, en ésta oportunidad de moral o de justicia, son conceptos históricos.

Su moral y la nuestra

León Trotsky, en “Su moral y la nuestra”, aclaró que la moral en la sociedad dividida en clases posee inevitablemente un carácter de clase. Para él quedó al descubierto que no hay “valores morales universales” por encima de esta lucha y quien crea poseerlos está condenado a aplicar la moral de la clase dominante.

Su moral: “Hay pues, distintas morales según los fines de clase que persigan. “Su moral” responde a los intereses de la burguesía, camuflada bajo el manto de la universalidad, como una emanación sobrehumana común a todos los hombres y con sus valores invariables. En realidad se persigue la confusión y la parálisis de la clase trabajadora, asegurando así un mecanismo de control ideológico de lo más contundente, ya que la lucha del proletariado por su emancipación no es aceptable según el esquema de esta supuesta “moral universal”, moral burguesa en realidad”, señala el pensador.

La nuestra: “Está permitido, todo lo que conduce realmente a la liberación de la humanidad. Y puesto que este fin sólo puede alcanzarse por caminos revolucionarios, la moral emancipadora del proletariado posee indispensablemente un carácter revolucionario. Se opone irreductiblemente no sólo a los dogmas de la religión, sino también a los fetiches idealistas de toda especie, gendarmes filosóficos de la clase dominante. Deduce las reglas de la conducta de las leyes del desarrollo de la humanidad y, por consiguiente, ante todo de la lucha de clases, ley de leyes”, agrega el texto.

La moral revolucionaria y la moral del “vale todo”

Martín Hernández ayuda a reflexionar cuando la moral burguesa está en decadencia y la moral revolucionaria también, toma una cita del mismo Trotsky que señala: “el bienestar de las naciones civilizadas y, parcialmente, también el de las masas obreras se acrecentaba. La democracia parecía inquebrantable. Las organizaciones obreras crecían... Las relaciones entre las clases, por lo menos exteriormente, se suavizaban. Así se establecían en las relaciones sociales, junto a las normas de la democracia y a los hábitos de paz social, ciertas reglas elementales de moral. Se forjaba la impresión de una sociedad cada día más libre, justa y humana”.

Pero este “idilio” de las clases no duro mucho. Tuvo su final con la llegada de la I Guerra Mundial. “Los antagonismos de clase se exacerbaron y se manifestaron a plena luz. Los mecanismos de seguridad de la democracia comenzaron a hacer explosión uno tras otro. Las reglas elementales de la moral se revelaron todavía más frágiles que las instituciones de la democracia y las ilusiones del reformismo. La mentira, la calumnia, la venalidad, la corrupción, la violencia, el asesinato cobraron proporciones inauditas. A los espíritus sencillos y abatidos pareció que semejantes inconvenientes era resultado momentáneo de la guerra. En realidad, eran y siguen siendo manifestaciones de decadencia del imperialismo”.

El teórico Nahuel Moreno se preguntó, pero, ¿existe una moral socialista que se contraponga a la moral del “vale todo”? y se respondió que no. No existe ni podrá existir hasta que no triunfe el socialismo a nivel internacional.

¿Pero sí existe la moral de los militantes revolucionarios por el socialismo? Y Moreno afirmó: “los compañeros que se incorporan al partido... vienen de una sociedad en quiebra, nauseabunda... y esto no puede menos que reflejarse en las propias filas partidarias, ya que no vivimos enlatados al vacío, sino dentro de esa sociedad”.

“La moral del vale todo, a nivel de los oprimidos, tiene muchas veces elementos progresivos que es cuando el “vale todo” es usado contra la patronal, contra los gobiernos burgueses y contra el imperialismo, pero esta moral, en la medida que expresa la lucha por la sobrevivencia, se torna sumamente negativa cuando ella lleva al enfrentamiento en el interior de las masas explotadas y oprimidas. Cuando el vale todo significa enriquecimiento a costa de sus hermanos de clase, cuando el vale todo significa agredir a alguien más débil para conseguir sus fines, normalmente una mujer, cuando el vale todo significa calumniar a un compañero”.

“Hay decenas de ejemplos de militantes revolucionarios de larga trayectoria que adhirieron a esta nueva moral y, peor que eso, no son pocas las organizaciones revolucionarias que están con la “guardia baja” y, cuando son sorprendidas por este tipo de acontecimientos, tienden a justificarlos en función de las cualidades políticas del inmoral de turno”, explicó Moreno.

Moralizar la justicia

En nuestro contexto actual existen posiciones políticas bastante parecidas a las de Heizen de 1847, él creía que los conflictos económicos se resolvían con “principios razonables y congruentes con la honesta “equidad”, que un “reglamento a la propiedad” eliminaría las clases sociales, hoy en día se cree que la “injusticia” se resuelve con “moralidad”, cuando la injusticia tiene como base la desigualdad de las clases.

Para que exista más igualdad, más justicia social, se debe eliminar las clases sociales; si se cree que el socialismo o el comunismo son sistemas políticos utópicos, de igual manera la justicia es utópica, pues no escapará jamás de su origen estructural.

Fuentes.

Hernández, Martín. De la moral revolucionaria al vale todo.

Marx, Karl. La crítica moralizante o la moral crítica.

Moreno, Nahuel. ¿Moral bolche o espontaneísta?.

Trotsky, León. Su moral y la nuestra.

Es economista, egresada en Derecho y diplomada en Pedagogía para la educación superior y en Diplomacia Cultural de los Pueblos.

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