La Gaceta Jurídica

La cultura africana y su persistencia

El doctor José Campos, investigador peruano afrodescendiente, decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Huma- nidades de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, La Cantuta (une), y autor de publicaciones, explica que, como toda sociedad tiene formas de ver y percibir el mundo, los africanos tienen las suyas.

Los esclavos encontraron en sus expresiones la forma para luchar y osbrellevar su situación.

Los esclavos encontraron en sus expresiones la forma para luchar y osbrellevar su situación. Foto: wikipedia.org.

Amelia Peña Aguilar

00:00 / 10 de abril de 2015

Los historiadores tradicionales no admiten que el contacto que tuvo la sociedad occidental fue con una cultura africana muy desarrollada, por ejemplo, en el norte con Egipto y en el sur con las culturas Bantú, Zulú y Malí.

Otra cosa que no se dice es que los negros fueron traídos a estas regiones, no solo como mano de obra, sino para ser utilizados por sus conocimientos en agricultura y minería, actividades que en África estaban bastante desarrolladas. En Colombia, la extracción de oro se realizó con africanos conocedores de esta labor.

Hacia 1449, la propiedad sobre la tierra en África era comunitaria, social; las personas se trasladaban libremente en todo el territorio buscando mejores recursos para vivir, además, en relación simétrica con la naturaleza y con la alegría del ritmo.

“Los occidentales no entienden que cuando hay una relación entre el hombre y la naturaleza, la alegría de vivir está a flor de piel, también cuando no existe opresión”, dice Campos.

África estaba muy desarrollada culturalmente cuando llegaron los occidentales, incluso existía la Universidad de Timbuctú (N del E), que reconocen muchos historiadores europeos, una verdad que se ha querido ocultar.

El Código Negro francés

El abogado mexicano Daniel Jacobo Marín encontró, entre muchas, una cita bíblica donde se menciona al esclavismo como una orden divina, “¡Maldito sea Canaan! ¡Siervo de siervos sea para sus hermanos! ¡Bendito sea Yahveh, el Dios de Sem y sea Canaan esclavo suyo!” (Génesis 9, 25 y 27).

Marín hace un exhaustivo estudio acerca del Código Negro francés, en el que la trata de negros fue “regulada”; era un tratado incluso publicado con ilustraciones que reflejaban las vejaciones a las que eran sometidos y estaba fundado en ideas erráticas y denigrantes sobre estas personas.

Marín concuerda que la definición de esclavitud es “la sujeción excesiva de una persona para prestar trabajos y servicios subordinados a favor del amo”.

En Europa esto se puntualizó legalmente como “la relación de un individuo sujeto a otro con derecho de propiedad sobre su persona”.

A finales del siglo XVII y principios del XVIII, Francia era el país más desarrollado de Europa y sabemos, por demás, que cuando un país es hegemónico económicamente también lo es políticamente, condición que esa nación aprovechó para proyectar a nivel mundial su pensamiento racial e inhumano mediante el Código Negro, promulgado en Versalles en marzo de 1685, durante el reinado cuadragésimo segundo de la corona gala y firmado por su majestad Luis XIV.

El Código fue promulgado primero para las Antillas, que dependían de Martinica; luego, el Consejo Soberano de Santo Domingo, con el edicto de 29 de septiembre de 1688, ordenó que sea publicado en todas las parroquias de la Colonia para que “nadie pueda violarlo por malicia o ignorancia”.

Desde entonces ese documento se convirtió en la norma para el tratamiento de los esclavos en las colonias francesas en América, Luisiana, Martinica, Guadalupe, la parte occidental de Santo Domingo –hoy Haití–, Guayana Francesa y las Islas Malvinas.

El Código Negro constaba de 60 artículos e indicaba cuál era el trato a los esclavos. Entre sus principios se establecía que éstos eran bienes muebles, es decir, desde el punto de vista del Derecho Romano clásico eran prácticamente “cosas” que los amos tenían la facultad de azotar, pero no mutilar.

En caso de fuga, al esclavo se le cortaba una oreja y era marcado con una flor de lis en el hombro; si el esclavo golpeaba a su amo se lo castigaba con pena de muerte; no tenía derecho a reclamar por alimento, vestido o cualquier otra necesidad básica.

Los esclavos no podían profesar una religión distinta al catolicismo, contraer nupcias sin el consentimiento de su amo, portar armas, reunirse, vender en los mercados o “de casa en casa” ni consumir aguardiente.

Entre sus derechos figuraban ser alimentados y vestidos a gusto de los dueños; los esclavos atacados por vejez o enfermedad debían ser alimentados y sostenidos por sus amos; los esclavos abandonados eran adjudicados al hospital y los dueños condenados a pagar seis sueldos por día para la alimentación y cuidado.

Aunque en Francia se abolió la esclavitud en 1848, en América, por ejemplo en Estados Unidos, Puerto Rico y Cuba, prevaleció por varias décadas más.

Visión occidental

José Campos considera que la mentalidad libertaria de los negros se expresa también en un grupo occidental, más conocido como “negrismo”.

El enfoque que le da Occidente a la vida de un negro es el de un hombre bueno y servil, esto se refleja en obras como La cabaña del tío Tom (Uncle Tom's Cabin), una novela de la escritora estadunidense Harriet Beecher Stowe, publicada el 20 de marzo de 1852. El tema central del libro es la esclavitud contada por el tío Tom, un esclavo afroamericano que tiene fe en cambiar y superar la esclavización de los seres humanos.

Asimismo, una novela influyente es María, de Jorge Isaacs, publicada en 1867 y que relata el desdichado amor de dos adolescentes, Efraín, hijo del hacendado de la región del Cauca, Colombia, y María.

Otro referente es el escritor y poeta peruano Enrique López Albújar, conocido como el iniciador de la corriente indigenista del siglo XX. Su obra Matalaché, publicada en 1928, que habla de un tórrido romance entre una criolla y un esclavo durante las postrimerías de la Colonia a inicios del siglo XIX, es clave en la representación afroperuana al denunciar el esclavismo y proponer que solo el amor sobrepasa las barreras de las diferencias sociales y raciales.

Marín, considera que escritores de gran talla como Bodino, Bossuet, Blas Pascal, Rousseau y Descartes discutían sobre la libertad del hombre y la autolimitación del Estado frente al individuo, pero que ninguno se pronunció cabalmente respecto a la esclavitud de los humanos negros, cosa que sí hicieron los novelistas mencionados.

África vive en cada afroamericano

De 1800 a 1900 los afroamericanos comenzaron la lucha por su liberación, al respecto, José Campos hace notar que mucho influyó la lucha de grupos armados que tomaron la ciudad de Lima, por lo menos, tres veces.

En 1821 José de San Martín promulgó la Ley de la Libertad del Negro, dos años después se promulgó la Ley del Padrinazgo, que proclama que, a partir de que un negro es libre, se hace ahijado del dueño de la hacienda. Los negros que en esa época eran adolescentes se convirtieron en defensores de esas leyes y de sus derechos, aunque en su momento se los quiso mostrar como vándalos.

Pero, la sobrevivencia de los negros en América se debe más a la resistencia cultural que a la lucha por la fuerza. El maestro Marco Antonio Esqueche Castañeda cuenta que los negros hallaron en la música, el canto y la danza la forma de resistir los sufrimientos de la esclavitud y las ganas de vivir, a pesar de todos sus pesares.

La música africana era considerada música salvaje, música inculta, de ahí nació el típico verso que se escucha en salsas y merengues, “así, así, así me gusta a mí –dice Esqueche–, pues, sea inculta o salvaje, los negros disfrutamos la música de esa manera. Y la alegría de vivir, la armonía de esa vida con la naturaleza que nos rodea es la forma en la que África sobrevive en cada afroamericano”.

Fuentes

Universitarios Potosinos. Órgano Informativo de Divulgación.

El Código Negro Francés y la Esclavitud en América de Daniel Jacobo Marín. Nueva época, año seis número seis noviembre del 2010.

Los Pueblos Indígenas y la Integración Andina, Primer Foro de Intelectuales e Investigadores Indígenas, Lima 4, 5 y 6 de julio de 2007.

Nota del editor

La Universidad de Timbuctú fue establecida en el siglo 12 en esa ciudad de Malí, África Occidental, En esa centuria tenía unos 25.000 estudiantes de África matriculados en cuatro niveles de estudios, Círculo del Conocimiento, Grado Superior, Grado de Secundaria y Grado de primaria, además de los principios religiosos y enseñanzas de geografía, matemáticas, ciencias y medicina, entre otras.

Es economista, egresada de Derecho y diplomada en Pedagogía para la educación superior y en Diplomacia Cultural de los Pueblos.

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