La Gaceta Jurídica

Los daños al Titicaca

…los recursos hídricos de los ríos, lagos y lagunas (…) se consideran recursos estratégicos (…). El Estado evitará acciones en las nacientes y zonas intermedias de los ríos que ocasionen daños a los ecosistemas…

Editorial

00:00 / 12 de mayo de 2015

Uno de los problemas más graves que se vive en el país, pero que no es enfrentado de manera conveniente, es la contaminación ambiental, y no se trata de algunos ámbitos o ecosistemas, como muchas veces se ha señalado, sino que es un flagelo que se expande debido a que la naturaleza es un sistema en permanente movimiento, pues todos los elementos que la conforman están ligados entre sí para conservar el equilibrio natural que permite la existencia de la vida.

En muchos casos se justifica la destrucción del entorno con el pretexto de progreso y de la necesidad de aprovechar los recursos naturales, pero siempre con una perspectiva inmediatista y extractivista que no tiene una visión de futuro, tal como ha ocurrido de manera desaforada en el hemisferio norte durante varios siglos y con mayor intensidad en los últimos 150 años, a tal punto que recién se ha admitido que la explotación del planeta es más rápida que la capacidad de regeneración de los ecosistemas.

Sin embargo, esta aseveración no ha servido para tomar conciencia, ni mucho menos, pues la aceleración de la acumulación de capital es cada vez mayor y los medios para la producción industrial de tipo mercantil son cada vez más complejos y destructivos; en este empeño delirante, se continúa con la búsqueda y explotación de petróleo y la elaboración de elementos nocivos para el medio ambiente y para la salud de los mismo seres humanos. Este desequilibrio que deja grandes destrozos no solo ocurre en bosques, humedales o sabanas, entre otros ecosistemas, sino que se extiende a las aguas de todo tipo, que son el elemento primordial para que exista la vida y para que ésta se mantenga.

En este contexto, y de manera particular, hace mucho se ha denunciado que el lago Titicaca –sagrado para los manoseados ancestros– sufre del embate de la contaminación, en especial en la bahía de Cohana, donde desaguan líquidos infecciosos provenientes de ciudades y localidades próximas y de industrias de diversa índole. Se ha detectado que al lugar llega gran parte de los principales contaminantes del agua que ha descrito en el mundo, entre ellos (como lista inacabable) basura, desechos químicos, aguas residuales, materia orgánica, agentes patógenos, bacterias, virus, parásitos de desechos orgánicos, nutrientes que desequilibran y descomponen el agua, minerales, detergentes…

En un análisis de estas circunstancias, la Autoridad del Lago Titicaca (alt), entidad binacional y autónoma de los gobiernos de Bolivia y Perú, que además maneja varios programas como el Sigar (Sistema Integral de Gestión de Aguas Residuales), Citar (Centro de Investigación Tecnológica para Tratamiento de Aguas Residuales) y, por lo menos, una media docena más, ha presentado los resultados de un “conversatorio” acerca de la problemática de la mortandad de peces, aves y anfibios en el lago, lo cual, en resumen, estaría ligado a la falta de oxígeno en el líquido elemento.

En esta grave situación, es de esperar que la masa de agua pueda ser atendida de manera urgente con la Constitución Política, en especial mediante el artículo 376 que establece que “los recursos hídricos de los ríos, lagos y lagunas (…) se consideran recursos estratégicos (…). El Estado evitará acciones en las nacientes y zonas intermedias de los ríos que ocasionen daños a los ecosistemas (…)”. Al no ser el único articulado vigente, ¿será posible que las acciones no queden solo en conversatorios?

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