La Gaceta Jurídica

Los delitos transnacionales

(Parte I)

Foto: agorarevista.com

Foto: agorarevista.com

La Gaceta Jurídica / Mariano Rodríguez García

00:00 / 24 de septiembre de 2013

El caso de los delitos transnacionales y el crimen organizado transnacional es un tema que cobra bríos novedosos en el marco de la globalización neoliberal, de ahí que nos propongamos investigar, esperando traer luz sobre el particular, acerca de lo que llamamos “el quinto jinete del Apocalipsis”, es decir, el problema de la delincuencia organizada, que en los tiempos que corren trae aparejada una internacionalización de sus operaciones, recayendo, por ende, necesariamente en la comisión de los denominados delitos transnacionales, tan discutida su conceptualización en la doctrina.

Los delitos transnacionales

Evolución histórica

A finales del siglo XIX y principios del XX se comenzó a considerar la creación de un Derecho Penal Internacional (1), conformado por normativas que regulen los asuntos de aplicación de la ley penal en el espacio, en parte por el aumento de los actos delictivos cometidos por extranjeros, incluidos los representantes diplomáticos, así como por el choque entre las legislaciones nacionales en materia de extradición, ayuda jurídica y confrontaciones limítrofes.

Igor Karpents cita autores como N. Korkunov, ruso de la época  prerrevolucionaria, quien fuera uno de los primeros en fundamentar la necesidad del Derecho Penal Internacional en su artículo “Experiencia en la construcción del Derecho Penal Internacional”;  a F. Martens, quien escribió una importante obra donde, entre otros problemas, examina éste.

También cita al jurista alemán A. Heffter, quien escribió, por ejemplo, “... toda negación verdadera e incondicional de los derechos personales y de los pueblos, toda infracción de carácter general o particular dirigida contra estos derechos y formulada fuera de la adopción de las correspondientes medidas constituye una violación del Derecho Internacional, un agravio a todos los Estados”.

La vieja doctrina, por supuesto, no trazaba límites precisos entre la responsabilidad política internacional de los Estados y la responsabilidad penal internacional de personas aisladas y formulaba los principios de la responsabilidad penal internacional con poca exactitud.

Se sabe que en el Derecho Internacional no siempre puede plantearse la cuestión de la culpabilidad individual. En cambio, según el Derecho Penal, sin culpa no puede haber responsabilidad.

Por último, no puede ignorarse que la idea de crear el Derecho Penal Internacional apareció debida también a que el capitalismo quería crear un frente único, incluso mediante el Derecho Internacional, contra los trabajadores que luchan por sus derechos y contra su vanguardia, los comunistas.

Por ese entonces, el joven estado soviético, tras salir a la vasta arena internacional, comenzó a practicar una política exterior de nuevo tipo, que contribuyó a crear principios verdaderamente democráticos en el Derecho Internacional.

Tras los juicios de Nüremberg y Tokio no sólo quedó reconocido el principio de la responsabilidad penal individual de personas físicas en el Derecho Penal Internacional, revalidado en la Resolución Especial de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (onu) del 11 de diciembre de 1946 (2), sino que fueron reconocidos, además, los primeros delitos internacionales.

Esto sucedió aunque ya en los años 20 y comienzos de los 30 del siglo XX varios delitos penales se habían definido en convenciones internacionales como infracciones penales contra los que todos los Estados, o al menos la mayoría, debían luchar; entre ellos se incluyó el comercio de narcóticos.

Mucho tiempo después, en el otoño de 1980, durante el Congreso de la onu para la prevención de la delincuencia y el trato a los delincuentes, la Asociación Internacional de Derecho Penal realizó un intento de discusión de un proyecto de Código de delitos internacionales, lo cual no se realizó pese a la presión ejercida por sus miembros, quienes, además, no tuvieron en cuenta que desde 1954 se encontraba a disposición de la onu un proyecto análogo elaborado por la comisión de Derecho Internacional.

Por último, debemos decir que, según la doctrina moderna, el Derecho Penal Internacional es un sistema de normas formadas como resultado de la cooperación entre Estados soberanos u órganos y organizaciones internacionales y tiene como objetivo defender la paz, la seguridad de los pueblos y él orden jurídico internacional, tanto de los crímenes internacionales más graves dirigidos contra la paz y la humanidad como de los delitos de carácter internacional previstos o no en los tratados y convenciones internacionales y en otros actos jurídicos de índole internacional, castigados a tenor con estos reglamentos y convenciones especiales y con acuerdos concertados entre Estados según las normas del Derecho Penal Internacional.

Es ahí donde juegan los delitos transnacionales que se desligan de los delitos internacionales, formando parte de los delitos que a mi concepción tienen carácter internacional, ya no tanto por estar regulados en convenciones, sino por la necesaria colaboración internacional para perseguirlos y castigarlos.

Concepto y denominaciones

Usualmente se ha tenido a los delitos transnacionales dentro de los delitos internacionales, encontrando criterios que los ubican como delitos internacionales en sentido amplio (3) por compartir semejanzas en cuanto trascienden las fronteras nacionales y tienen repercusión en el orden internacional amén de su más efectiva represión por la colaboración mundial.

Esta confusión de concepciones se debe en gran medida a la antigua clasificación de los delitos que se ubicaban bajo el principio de la jurisdicción universal.

Conocidos comúnmente como delitos universales o delicta iuris gentium (4).

También se ha hecho por los bienes jurídicos protegidos una asimilación a la competencia estrictamente nacional, cuando se les denomina delitos nacionales de trascendencia internacional, haciendo hincapié más que nada en las consecuencias de los mismos, lo que hace una abstracción de ellos que en nada beneficia para su especificación en uno u otro delito.

Incluso se les denomina delitos de carácter internacional, cuestión que no considero desacertada, pero no se especifica a este tipo de delitos pues esta denominación, según mi criterio, abarca a todos los delitos que tienen de alguna forma relación con la comunidad Internacional, ya sea por los bienes jurídicos protegidos, la repercusión, la necesidad de colaboración para su represión, etc., los que podrían ser delitos internacionales, delitos contra el Derecho Internacional o los que analizamos, los transnacionales.

Luego de determinar las denominaciones que han tenido los delitos transnacionales, debemos determinar un concepto lo más acorde posible con las características de los que son considerados como tales.

Aparte de las concepciones que los han ubicado dentro de una u otra categoría de tipos de delitos, yo considero que los delitos transnacionales son aquellas acciones u omisiones socialmente peligrosas que tienen una esfera de influencia marcada fuera del ámbito nacional, que aunque sean reprensibles por el derecho nacional, necesitan de la colaboración internacional para su más efectiva persecución, estén o no en convenios o tratados internacionales.

Distinción con los delitos internacionales y los delitos contra el Derecho Internacional

Las cuestiones fundamentales que permiten diferenciar los delitos transnacionales de los internacionales y aquellos que afectan el Derecho Internacional, son que en los primeros hace muy difícil la persecución por los organismos de seguridad estatales solamente, necesitando la colaboración internacional para su represión efectiva, debido a esta trascendencia fuera de los marcos nacionales.

Estos delitos deben ser comprendidos como aquellos que son perseguibles y reprensibles por el derecho nacional, pero que su esencia es involucrar directa o indirectamente a personas de diversas nacionalidades, así como a multiplicidad de naciones, además de la naturaleza de los actos delictivos.

Mientras tanto, los delitos internacionales son aquellos que atacan bienes y valores jurídicos internacionales como la paz y la integridad de la Comunidad Internacional (5), exigiéndose directamente por ello una responsabilidad basada en el Derecho Internacional, entiéndase todos aquellos regulados en los Estatutos de la Corte Penal Internacional.

En cambio los delitos contra el Derecho Intencional específicamente, debemos entenderlos como aquellos que atacan bienes y tratados internacionales, por la naciones que los hayan o no firmado, que llevan aparejada la responsabilidad del estado por el acto delictivo propiamente, aunque no firmara el convenio o fuera ocasionado directamente por un ciudadano sin la responsabilidad estatal.

Este delito no lleva aparejado como los demás comparados una sanción penal determinada, sólo se basan en la violación del tratado y la responsabilidad corresponde al o los estados que lo violen o sus ciudadanos independientes de la responsabilidad individual que pueda exigir el propio estado al nacional que atacó ese convenio.

Los delitos transnacionales y la ley penal en el espacio

A partir de la fundación de los Estados nacionales ha debido delimitarse consecuentemente la extensión de cada país y, por lo tanto, la ubicación entre los límites estatales de las fronteras o espacios divisorios, que más que estructuras físicas, tienen una repercusión legal en diversos ámbitos como la ciudadanía, los derechos constitucionales y la aplicación de la ley nacional. Es precisamente la implementación de esta normativa la que genera criterios contrarios acerca de su vigencia, ya sea dentro del marco nacional o fuera de él.

En fin, se ha seguido tres criterios doctrinales, dentro de los que encontramos el de la territorialidad absoluta, el de la extraterritorialidad absoluta y el de la territorialidad relativa (6).

Si analizamos el primer supuesto, el que defiende la idea de que los Estados deben defenderse únicamente de los delitos cometidos en su territorio, sin considerar la nacionalidad de ninguno de los sujetos involucrados (dígase el autor y la víctima), vemos que es un criterio demasiado estrecho si lo tratamos de relacionar con los delitos transnacionales, lo cual se puede demostrar claramente con un ejemplo:

Varios sujetos de diversas nacionalidades, conformando un grupo criminal, atacan indistintamente bienes jurídicos ubicados en distintas regiones del mundo a través de diversas acciones delictivas, pasando posteriormente mediante otro actuar ilícito a resguardar el botín en otro país ajeno a las actividades comunes de ellos, siendo aprehendidos por las autoridades de esta última región.

Si los órganos de administración de justicia se vieran guiados por una normativa basada en el criterio de la territorialidad absoluta, sólo podrían atacar el actuar criminal en ese país, dejando impunes parcialmente a los delincuentes y rompiendo el vínculo entre gravedad de las acciones u omisiones socialmente peligrosas y la pena a sufrir por ellas.

Por el contrario, si aceptamos la extraterritorialidad, considero que estaríamos más que resolviendo un problema creando otro adicional, pues si bien cumple con el principio de jurisdicción universal, provoca fricciones por lo general entre los estados afectados por estos delitos, en el sentido que, como tienen normativas diversas que afectan la colaboración policial, permiten que escapen de la justicia los criminales que se hallen en situaciones que merecen la represión penal.

Lo digo en mi entender por las dos posiciones que toma esta extraterritorialidad, la de asumir por la personalidad de los comisores o por la de la protección (7).

Existiendo al final una tercera posición que es la de la territorialidad relativa, que propugna una posición mixta entre las dos que se mostraron inicialmente, aplicando en principio para estos delitos la persecución por los hechos cometidos en el territorio nacional, pero con posibilidades de perseguir los delitos fuera del territorio ante determinados supuestos determinados en la ley nacional y los tratados internacionales.

Criterio que me parece el más acertado, pues trata de soslayar las contradicciones que pudiera haber entre las leyes de diversos países y las normativas contenidas en convenios firmados al respecto.

El crimen organizado transnacional

Evolución histórica

Desde la aparición del fenómeno de la criminalidad organizada se ha derrochado tinta en determinar cómo surgió y continúan desarrollándose las mafias en el mundo, sin embargo, se ha impuesto en la palestra pública un fenómeno que va en pleno auge a pasos agigantados, que es el caso del crimen organizado transnacional.

Este no es más que las asociaciones mafiosas tradicionales, elevadas por la globalización a una categoría superior que abarca espacios supranacionales, es decir, estamos hablando del proceso de transnacionalización de la delincuencia organizada.

Todo ello es posible gracias a los adelantos científicos y técnicos que experimentan todas las esferas de las comunicaciones y el transporte, que han permitido la internacionalización de las economías nacionales. Adelantos que, aunque de forma no intencional, crean marcos favorables para la estabilidad y expansión internacional de las grandes organizaciones criminales.

Los resultados de esa transformación han formado un nuevo esquema de criminalidad organizada con varios elementos novedosos, que son:

-La operatividad a escala mundial.

-Las amplias conexiones internacionales.

-La capacidad novedosa de retar a las autoridades nacionales e internacionales.

Pero ahí no para el proceso de desarrollo de estos grupos ilegales, pues a su encuadre doctrinal se le añaden nuevas conductas que coadyuvan a sus actividades criminales, como es la disminución de los enfrentamientos por disputas territoriales o de intereses entre las mafias y el aumento de la colaboración entre las mismas, así como que son los principales, para no ser absolutos, detentadores de la comisión de los delitos transnacionales, debido a la necesidad de especialización que requieren los mismos, así como los recursos monetarios y la compleja organización que requieren para su ejecución.

Este nuevo fenómeno originó una modificación de la problemática que comúnmente ocasionaba, pues, junto con este proceso de internacionalización, evoluciona el problema que representan. Si antes constituían inconvenientes de naturaleza local e incluso nacional, se han convertido en una preocupación de orden mundial, por su capacidad para poner en peligro el correcto funcionamiento de las sociedades, los gobiernos, las instituciones financieras, entre otros bienes protegidos, constituyendo su naturaleza un salto cualitativo grande, de una forma más sutil y peligrosa, que ya no pretende subvertir el orden establecido sino ponerlo a su disposición para alcanzar el máximo de poder.

Concepto

Usualmente esto se ha debatido en la doctrina penal y criminológica a raíz de la revolución tecnológica, económica y social que vive el mundo en torno a una definición unitaria de crimen organizado transnacional.

De ahí que encontremos algunas concepciones como la que establece Interpol cuando aduce que es “cualquier grupo que tiene una estructura corporativa cuyo objetivo primario es obtener dinero a través de las actividades ilegales y sobrevive a menudo en el miedo y la corrupción”.

Este concepto es a todas luces demasiado general y ni siquiera establece los requisitos específicos sobre el elemento transnacional en que han incurrido estas asociaciones criminales, sin embargo, la ONU, mediante su Comité Especial para la Elaboración de la Convención de Delincuencia Organizada Transnacional, propone la siguiente definición:

“Se entiende por grupo delictivo organizado, un grupo estructurado, existente durante un periodo de tiempo y que tenga por fin la comisión de un delito transnacional grave, mediante la acción concertada, utilizando la violencia, la corrupción u otros medios, para obtener, directa o indirectamente un beneficio económico u otro beneficio de orden material”.

Este concepto da una mejor delimitación de lo que es crimen organizado transnacional al ubicar caracteres propios de los grupos mafiosos, además del requisito de que cometan delitos transnacionales graves (dígase tráfico de personas, de drogas, armas, lavado de dinero etc.), que permitan ver estos grupos como generadores fundamentales de los delitos transnacionales.

Naturaleza y fines de la delincuencia organizada transnacional

El crimen organizado transnacional tiene naturaleza flexible que le ha permitido adaptarse a las diferentes medidas que han implementado los cuerpos de seguridad nacionales, fundamentalmente debido a que no existe una determinación global unitaria como es la propuesta de la onu.

Es incluso difícil enmarcar la naturaleza que presenta este fenómeno criminal transnacional, en parte no sólo por las nuevas dimensiones que aún ahora está tomando en el campo de la informática, las telecomunicaciones y las manipulaciones genéticas para asimilarse a las nuevas regulaciones que se impongan, sino también por el poderío que han adquirido estas organizaciones ilegales que han amasado, según estimados de 1994 de Naciones Unidas, beneficios anuales que rondan los 750.000 millones de dólares, incluyendo unos 500.000 millones por razón del narcotráfico.

Estos últimos años están caracterizados por un significativo aumento de las actividades delictivas transnacionales como el lavado de dinero, el tráfico de tecnología y material nuclear, la comercialización de órganos humanos, el tráfico de personas, el desplazamiento ilegal de inmigrantes que se agregan a las actividades ilegales tradicionales como el tráfico de armas y el de drogas.

En base a los comportamientos habituales del crimen organizado transnacional, las principales conductas propias del mismo son: lavado de dinero, tráfico de personas, tráfico de drogas, tráfico de armas, tráfico de órganos humanos y tráfico de tecnología y material nuclear.

En fin, la criminalidad organizada transnacional, como una de las consecuencias no deseadas de la globalización, afecta no sólo a determinados países o regiones, sino que abarca a toda la comunidad internacional, constituyendo los recursos monetarios generados por tales actividades ilegales el 9 por ciento del comercio internacional y algo más del 2,5% del producto interno bruto mundial.

Es necesario aclarar que las organizaciones criminales transnacionales ya han superado el ámbito de sus actividades regionales y, a su vez, han apostado por evitar las confrontaciones con otras asociaciones mafiosas y crear alianzas que permitan dividir el mercado, así como colaborar para penetrar dentro de las instituciones estatales para acceder a esferas de poder, de ahí que se encuentran claramente determinados cinco fines importantes que tienen estas asociaciones.

Continuará

Notas

1. Kárpets, Igor. “Delitos de carácter internacional”, Editorial Progreso, Moscú, 1983, Pág. 9.

2. Sitios Web: www.personal2.com , www.daccesdds.un.org/resolution

3. Gil, Alicia. Derecho Penal Internacional: Especial consideración del delito de genocidio. Editorial TECNOS, SA; 1999, Pág. 44.

4. Concepción antigua, también conocida como delitos contra el derecho de gentes, que abarcaba una amalgama de actividades delictivas contra el Derecho internacional, los delitos transnacionales y los delitos internacionales.

5. Comunidad internacional, entendida como la Organización de Naciones Unidas, así como a los países que integran el orbe.

6. Quirós Pírez, Renén. Manual de Derecho Penal. Ed. FÉLIX VARELA. La Habana 2002. Pág. 55.

7. Ob. Citada, pág. 55, cuarto párrafo.

Es licenciado en Derecho con Diploma de Oro por la Universidad de La Habana, Cuba, en 2008. Profesor de Derecho Procesal Penal de La Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, Juez Profesional Suplente No Permanente del Tribunal Provincial Popular de La Habana, Cuba, especializado en Ciencias Penales y Criminológicas por la Facultad de Derecho de La universidad de La Habana.

Tomado de: ambito-juridico.com.br

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia