La Gaceta Jurídica

Sobre la demanda marítima de Bolivia

Realidades jurídicas

Gabriel Peláez G.

00:00 / 15 de mayo de 2015

En las últimas semanas, el tema referido a la demanda marítima de Bolivia y los distintos alegados expuestos por Boli- via y Chile en la Corte Internacional de Justicia de La Haya (cij) han sido,  a no dudarlo, materia de todos los días e, incluso, las horas.

Y todo ello a pesar de que, por el momento, solo está en debate la excepción previa planteada por Chile de incompetencia de esa Corte. O sea, estamos frente a un detalle importante, pero formal y no de fondo.

No pretendemos en este trabajo –porque sería algo muy pretencioso de nuestra parte– realizar un análisis de contenido del texto de la demanda boliviana.

Pero, queremos referirnos a algunos aspectos relacionados con la misma, que igualmente son de interés general.

El primero es, precisamente, el que hemos citado líneas arriba. En este momento, el Tribunal de La Haya está frente a un tema inicial o preliminar: su propia competencia para tratar la demanda. Esto implica que aquél deberá pronunciarse sobre si el ejercicio de su jurisdicción abarca un tema como el referido al que ha planteado Bolivia en su demanda.

El Tribunal tiene aquí tres opciones, una, simplemente rechazar la excepción chilena y entrar a la consideración del tema, o sea el asunto de fondo; esto implica que, dadas las características del Tribunal, el fallo podría darse de aquí a algunos años.

Otra opción es aceptar su falta de competencia, lo que implicaría dejar a Bolivia en la indefensión. Nuestro país no tendría a dónde más recurrir.

Y la tercera es la de dejar la resolución de la competencia para el final o sea junto con el fallo, cuando, supuestamente, se tenga mayores elementos de convicción. Esto nos llevaría a una situación parecida a la del segundo caso. La variante favorable se daría en el caso de que ese fallo nos fuese propicio.

Pero ahora nos gustaría ir para atrás y preguntarnos, ¿qué sucedió antes de la presentación de la demanda en un país como el nuestro, en el que nadie se pone de acuerdo en nada, donde la parte política se impone a todo lo demás?

Pues, debe admitirse que el tema marítimo ha sido una excepción. Feliz- mente, hay que destacar que el Gobier- no, una vez decidida la presentación de una demanda ante un Tribunal Inter- nacional, conformó un equipo de exper- tos, no solo en materia jurídica, sino incluyendo a expresidentes y excancilleres, que ha desarrollado una tarea sobresaliente. Por fin se ha cumplido aquello de “zapatero a sus zapatos”.

El tema sigue siendo complejo y era de esperar que Chile mostraría todas las garras. La respuesta de ese país al cuestionar la competencia de La Haya para conocer la demanda es una indicación de ello.

Sin entrar en mayores detalles, creemos que el trabajo de ese grupo de profesionales ha esgrimido argumentos sin duda sobresalientes. Pero, además, tiene que destacarse una publicación ya editada y que se dijo que se convertiría en texto de colegios (no sabemos si esto último se ha concretado, pero debería hacérselo). Se trata del llamado el Libro del Mar.

Nos parece una publicación que resume y justifica las varias argumentaciones y realidades referidas a la problemática del mar. Creemos que es la publicación más completa efectuada sobre ese tema.

Un tercer tema que quisiéramos analizar en esta temática general es ese que tiene relación con la llamada socialización de todo lo referido a la problemática del mar.

Las preguntas son las que siguen: ¿Hasta qué punto la ciudadanía en general tiene la información y los conocimientos suficientes en torno al tema? ¿Por qué formulamos esta interrogante?

Por una razón muy simple. Hemos aprendido a repetir desde la escuela el eslogan de “mar para Bolivia”. No estamos de ninguna manera quitando validez ni legitimidad a esta vieja aspiración boliviana. Pero no podemos quedarnos en el eslogan. Necesitamos los argumentos necesarios. Requerimos de los fundamentos que nos permitan, ante cualquiera, rebatir cualquier “argumento”, entre comillas, que se pretenda presentar.

Hemos escuchado en días pasados algunos de esos “argumentos”, también entre comillas, en los alegatos de Chile ante la Corte de La Haya. Los alegatos del país vecino, como lo aseveró la delegada de Bolivia, adquirieron de repente una amnesia colectiva, aseverando que nuestro país pedía la devolución de algo que nunca tuvo.

En este tema referido a la divulgación de los distintos detalles, todos los responsables, gobierno y entes no gu- bernamentales, habrán de preguntarse si realmente han cumplido su labor tan a satisfacción como en otros campos. Pensamos que no. Entendemos que so- lamente a medias.

El Gobierno podía haber hecho bastantes más cosas. Sobre todo para explicar a través de personajes entendidos qué es un tribunal como el de La Haya: quiénes lo componen, qué hacen, cómo fallan en las causas, en qué tiempo, en qué consiste básicamente la demanda de Bolivia, qué se quiere obtener con ella y qué es una excepción de incompetencia; en qué estado se en- cuentra ahora el juicio, qué podrá suceder después.

Hay que buscar los mecanismos más adecuados para ello. No se debe improvisar, todavía estamos a tiempo. Es importante dejar la menor cantidad de interrogantes.

Esto último en beneficio de la población en general que no tiene a quién más acudir en un tema que nos interesa a todos.

Es abogado, analista de la constitucionalidad y ensayista.

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