La Gaceta Jurídica

Ante la desinformación y “malinformación”, deber ético de rectificar

El Señor Justicia

La Gaceta Jurídica / Carlos Conde Calle

00:00 / 27 de septiembre de 2013

En la noble tarea de informar, el periodista puede –y de hecho ocurre– equivocarse en la elaboración de las notas informativas. Si es de buena fe, congruente con los códigos de ética, debe corregir el yerro. Si es de mala fe debe asumir la responsabilidad legal sobre el mismo. Nuestra columna dice relación con la ética (y no con el Derecho), en consecuencia, nuestra reflexión será ética.

Aunque soy escéptico de las conductas morales; v. g. la ética dice que cuando un periodista optó por la acción política no debería volver, por ningún motivo, a los medios y... sin embargo políticos vuelven a sus tareas periodísticas como si nada habría pasado. Es frecuente ver a funcionarios del Estado realizando, simultáneamente, tareas periodísticas.

También nos ratificamos que, al no existir ninguna norma jurídica que prohíbe estos hechos, NO HAY NINGUNA VIOLACION A LA LEY. Admito también que las reflexiones éticas son personalísimas y, en el peor de los casos, la sanción será también personal y, a pesar de todo, la sanción mayor es el remordimiento.

En momentos muy difíciles para la tarea periodística donde hay fuego cruzado entre oficialistas y opositores, el periodista debe manejarse con mucho cuidado. V. gr., sustentarse en el rumor (que tanto daño hace) es un gravísimo error. Basar las informaciones en fuentes inexistentes, es fatal. Las actitudes de conductores de programas de televisión que amenazan y vilipendian a las autoridades políticas y judiciales, no son responsables.

El trato cordial y amable entre los periodistas y las fuentes debe ser una regla moral de irrecusable cumplimiento. El mal mayor es sustentar la nota informativa en un rumor, ningún rumor puede ni debe ser la base de nuestra tarea de informar. Por otro lado, no todo es informable.

Las personas públicas, aun cuando sean autoridades, tienen derecho de vivir su privacidad y, como cualidad mayor, su intimidad. El periodista no puede informar bajo el argumento de “todo vale”, porque le respalda el derecho de la información. Por ejemplo, si dice que un artista muy famoso de un grupo folklórico que goza de un gran predicamento habría discutido con su esposa y el medio dice que la esposa habría sido objeto de una paliza feroz, dos días después los esposos aparecen en las pantallas de televisión y reconocen haber discutido, pero que no hubo violencia física.

¿Quién tiene la razón? Tal vez el medio que informó o, tal vez, los protagonistas del hecho.

Nosotros, como profesores de la materia, creemos que el medio invade la vida íntima de las personas y, por tanto, es una violación ética. Pero, admitamos que el hecho noticiable estaba en lo correcto; posteriormente, se encuentra que la información no cuadra con lo que realmente sucedió. Así nace para el medio y, fundamentalmente, para el periodista el deber ético de RECTIFICAR la información y, por supuesto, la disculpa pública.

Hasta el presente nada ha ocurrido, el medio que informó sobre ese hecho no rectifica la nota y mucho menos pide disculpas. Esto es apenas una pequeña muestra de lo que pasa en nuestro sistema mediático. Hay cientos de casos. Ya en la primera parte de ésta columna escribimos, desde el punto de vista legal, cómo se resuelve el tema (y no redundaremos más).

En esta segunda parte estamos formalizando nuestra columna en el campo ético, esto es en el análisis de las conductas morales; dicho de otro modo, analizamos la tarea periodística desde la ética y reflexionamos sobre las conductas más o menos morales.

Lo que pasa es que el conjunto de los intelectuales que escribe sobre ética de la información tiene la costumbre de confundirla con el DERECHO. Es cierto que el Derecho presupone ética; pero la ética no supone derecho. Porque, si así fuera, dejaría de ser ética para convertirse en Derecho. El Derecho, es heterónomo, bilateral y COERCIBLE; en tanto, que la ética es autónoma, unilateral e INCOERCIBLE. No hay ninguna fuerza institucional (fundamentalmente ente estatal) que puede ejercer coerción para cumplir reglas morales.

Volviendo a este deber ético de rectificación, existen los códigos de Deontología, que son deberes que cumplir, y uno de ellos es el de rectificar. La prensa plana cumple a cabalidad con este deber (v.gr., la noticia de la excomunión). No sucede lo mismo en la televisión y la radio. De manera particular, en televisión algunos conductores (presentadores y periodistas) se han erigido en jueces y fiscales encargados de dilucidar los hechos; son los que condenan o absuelven. La creencia de ser portadores de la verdad absoluta oscurece su tarea.

No obstante, existen códigos de ética que establecen la obligatoriedad de enmendar un error, rectificar un error. Veamos. El Código de ética de la Confederación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia dice: “numeral 9.- Los periodistas deben RECTIFICAR ESPONTÁNEA E INMEDIATAMENTE las informaciones inexactas o erróneas, así como consideran el derecho de réplica. RECTIFICACIÓN Y RESPETO A TODA PERSONA O INSTITUCIÓN QUE LO SOLICITE. Los rumores, noticias e informaciones sin confirmar deberán presentarse o identificar como tales” (sic).

Esto quiere decir que el medio que informó sobre el grupo María Juana debe, sin ninguna petición, RECTIFIFICAR la información. Nada sucedió hasta el momento; seguramente están esperando la solicitud (que tal vez no llegue nunca). En lo que no estoy de acuerdo, como profesor universitario es que el rumor sea fuente de noticia. El rumor nunca (jamás) es noticia seria, es irresponsable.

Luego, el Código de Ética de la Asociación de Periodistas de La Paz, subraya que se debe “rechazar toda acción que tienda a mancillar la dignidad de la instituciones y la HONRA DE LAS PERSONAS”. Concordante con este dispositivo deontológico, el Código Nacional de Ética que sustenta el Tribunal Nacional de Ética instituye el DERECHO DE RÉPLICA, cuando sostiene que “el medio debe corregir de inmediato la difusión de cualquier inexactitud, declaración engañosa o distorsión informativa: en un espacio similar al que la generó de manera específica para ese fin, así como permitir del Derecho de Réplica de las personas e instituciones afectadas. Además, cuando corresponda, debe expresar una disculpa de manera pública”.

Al parecer, muchos comunicadores no conocen estas normas deontológicas que, reitero, no son normas jurídicas y, por tanto, no son de cumplimiento obligatorio. Debemos rescatar del dispositivo deontológico que la rectificación o la corrección deben ser en el mismo lugar y, de ser posible, con la misma cantidad de caracteres.

Finalmente, el Código de Ética de la Unesco de 1983 manda que “... el carácter de la profesión exige, por otra parte, que el periodista favorezca el acceso del público a la información y la participación en los medios, lo cual incluye la obligación de la corrección y rectificación o el Derecho de Réplica”. En todos los códigos de deontología que compilan Hugo Zanar y Portirio Barroso nos encontramos con el derecho y obligación de rectificar las notas donde hay yerros, es decir, es un valor universal.

Los periodistas no podemos erigirnos en superjueces o superfiscales y condenar a diestra y siniestra. Nuestra labor es informar con la mayor exactitud posible. Debemos procurar no instalar TRIBUNALES PARALELOS, debemos tomar conciencia de que podemos equivocarnos y, conforme a los códigos de ética debemos tener la hidalguía de rectificar de oficio el dato erróneo, sin que nos pidan.

Los propietarios de medios de comunicación social deben confiar a personas responsables con alto grado de profesionalidad, que sepan discriminar opinión e información.

Es experto en Derecho de la Información.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia