La Gaceta Jurídica

¿Son los despachos online el futuro de la abogacía?

Perspectivas

Silvia Oliden Castro

00:00 / 20 de septiembre de 2015

Los despachos buscan nuevos nichos de mercado y, sin duda, uno de ellos es el cliente con escasos recursos. Por eso, han aflorado en España multitud de despachos que tratan de cubrir ese nicho de clientela: el del ciudadano que necesita un asesoramiento jurídico low cost.

Además, aunque las expectativas sobre la recuperación son optimistas entre los despachos, éstos siguen siendo más que conservadores en sus políticas de gastos. Se tiende a crear modelos de negocio que gracias a un fuerte control de sus costes abaratan el precio de sus servicios y cubren las necesidades de una buena parte de la población que no puede asumir los honorarios de un despacho tradicional. Pero no hay que olvidar de que hablamos de un servicio diferente al que ofrece el despacho tradicional.

Los despachos online son una buena opción para aquel que decide ahorrar dinero y no le importa renunciar a algunas prestaciones. Hay muchos despachos que temen la llegada de estos nuevos operadores, para mí este miedo es infundado, porque se trata de modelos de negocio distintos que se dirigen a segmentos diferentes.

Cada negocio tiene que buscar servir bien al mercado al que se dirige. Para el cliente del despacho tradicional es impensable no sentarte enfrente de su asesor a comentar las vicisitudes de su caso, por eso es difícil que cambie su despacho tradicional por uno online.

Tenemos que tener en cuenta que hay servicios más propicios para su adquisición online y otros que, desde luego, sería impensable ofrecerlos a través de internet.

Servicios adecuados para un despacho online y otros que no lo son

En el mundo de la asesoría jurídica hay determinados servicios que pueden prestarse a distancia, online o telefónicamente: resolución de consultas, re- dacción o revisión de contratos, elaboración de informes, solicitud de visados y permisos de residencia o, por ejemplo, la redacción de cartas de reclamación y la gestión de multas. Estos problemas pueden sistematizarse sin me- noscabar su calidad.

Hoy en día ha proliferado el negocio de la resolución de consultas online, incluso, de manera gratuita. El fin es encontrar, entre esos consultantes, potenciales clientes para asuntos concretos derivados tras la resolución de dicha consulta. Para el resto de servicios la prestación se complica si el abogado no puede sentarse cara a cara con su cliente. Hoy en día el cliente no está dispuesto a pagar mucho por este tipo de servicios, al igual que no pagará mucho por un asesoramiento ordinario: los denominados commodities (que aportan poco valor añadido), el asesoramiento recurrente, las segundas opiniones jurídicas, etc.

Sin embargo, hay otro tipo de servicio, el asesoramiento de alto valor por el que el cliente está dispuesto a pagar precio más elevado y es menos proclive a discutir su factura final.

A las empresas no les importa pagar más por un servicio que le proporciona valor añadido o el que por su complejidad requiere de una mayor experiencia y especialización, pero solo pagará lo estrictamente necesario por los servicios básicos o aquellos que puede desarrollar un junior.

Las nuevas tecnologías y su influencia en la abogacía

En general, los abogados somos reacios a la innovación y los cambios, pero, lo queramos o no, nuestro sector está inmerso en un proceso de reinvención que cambiará la manera tradicional de trabajar. Las nuevas tecnologías han revolucionado nuestras vidas a nivel personal y profesional; de las nuevas tecnologías han nacido modelos de negocio y múltiples oportunidades para quienes les asusta la utilización de las herramientas de internet.

El mercado demanda precios más competitivos y, para poder ofrecerlos sin renunciar a la calidad, necesitamos ser ahora el doble de eficaces en el trabajo.

En el acto de clausura del Legal Management Forum 2014 que se celebró en Madrid, el gurú de la abogacía y profesor de Oxford Richard Susskind anunció que el futuro en el sector legal pasa por perder el miedo al uso de las nuevas tecnologías y trabajar en la estandarización de algunos servicios. Defendió que en los próximos diez años el impacto de la tecnología traería más cambios para la abogacía que los acontecidos en este sector en el último siglo.

Sus argumentos se basaban en que en el actual mercado las empresas están reduciendo los costes en abogados ex- ternos y recortando el número de internos, a la vez que aumenta la complejidad regulatoria, por eso el reto es “apostar por una estrategia colaborativa que reduzca costes y mejore la eficiencia”. Esta estrategia pasa ineludiblemente por la externalización de determinadas funciones y la simplificación y estandarización de otras, que pueden ser asignadas al propio personal de apoyo.

Hay muchas cuestiones que se le plantean al cliente que pueden ser resueltas a través de una plataforma de servicios legales en internet mediante un paquete de servicios con un precio cerrado y estandarizado. Fijar un precio de antemano se impone en determinadas áreas de servicio, ya que aporta al cliente una sensación de seguridad.

Entre mis clientes son muchos los interesados por esta modalidad de prestación del servicio. De hecho, son muchos los colegios de abogados y universidades de Derecho que tienen entre sus cursos y asignaturas las relacionadas con el uso profesional de la red.

Si bien es cierto que actualmente hay todavía mucha difidencia respecto a internet y sus usos, no es menos cierto que es una buena plataforma para ofrecer servicios legales low cost, los cuales son una realidad que convive con el ejercicio artesanal de la profesión. Además, merece la pena pensar en las nuevas generaciones que han nacido con la tablet, los “nativos digitales”, quienes en breve conformarán la masa activa y son mucho más proclives a la contratación online.

Cómo aprovecharnos las nuevas tecnologías

Ser un despacho tradicional no es una excusa para vivir anclados en la era de la máquina de escribir. Hoy en día, si queremos ser competitivos tenemos que innovar porque convivimos con un maremágnum de despachos (nacionales, extranjeros, multinacionales, redes, asesorías, despachos online) entre los que debemos, si ya no destacar, al menos estar al mismo nivel para sobrevivir.

Los modelos de negocio para la prestación de servicios jurídicos han cambiado. El cliente cada vez es más sofisticado, está más informado, tiene más posibilidades de elegir y sus expectativas son más altas. Además, los departamentos jurídicos de las empresas han crecido de manera exponencial conforme éstas reducían sus presupuestos de externalización de servicios legales. Así pues, el uso de la tecnología se convierte en un aliado a la hora de estandarizar determinados servicios, de gestionar eficazmente nuestros recursos y nuestros datos, de implantar sistemas más profesionales de atención y relación con el cliente y, por ende, de abaratar los costes de nuestro servicio a fin de seguir siendo competitivos.

La clave reside en ajustarse a las necesidades del cliente, ofrecerle lo que demanda de manera sencilla y trasparente, utilizar economías de escala, invertir en nuevas tecnologías y nutrir nuestros equipos, de abogados expertos en las materias que asesoran. Sin duda esa es la clave del éxito en un despacho del tipo que sea: online o tradicional.

La irrupción de las nuevas tecnologías representará el mayor reto para los abogados. Hay quienes hablan incluso de desarrollo de sistemas de tecnología cognitiva e inteligencia artificial, como el proyecto Watson de ibm, con los que una máquina podrá responder a consultas legales complejas. Pero eso, todavía es una utopía.

*    Es consultora de marketing jurídico.

Tomado de: diariolaley.es

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