La Gaceta Jurídica

Ante el destino de la postmodernidad

La educación ha transitado etapas, entre ellas la originaria, “(…) donde se concebía la educación en la vida, es decir, concebían la educación en las relaciones socioculturales económicas y políticas” (BARRAL, 2005); sin embargo, no hay escritos acerca de la educación en la comunidad, toda vez que, una de las características de las culturas originarias era, sin duda, que sus costumbres no estaban escritas, sólo se sabe que la educación estaba vinculada a la producción.

La Gaceta Jurídica / Ery Iván Castro Miranda

00:00 / 30 de noviembre de 2012

Rolando Barral indica en relación a los modelos pedagógicos originarios que existía una variedad de muestras y experiencias, por ejemplo, la escuela-ayllu de Warisata y el Ayni Ruway, que recuperan la educación nativa.

Para Gustavo Adolfo Otero, citado por Barral, “La vida social en el coloniaje, la política económica de España de los siglos xvi y xvii estaba basada, como en todos los países contemporáneos, en la doctrina del mercantilismo y del monopolio, es entonces que la educación era considerada como un tumor dentro de la comunidad algo que destruía, algo que prohibía la lengua, que prohibía los valores” (ARAMAYO, 1996), por eso se crean las universidades como organismos de orientación política y filosofía a favor de los conquistadores.

La educación en la República distingue dos etapas, la primera durante la fundación (1825), que corresponde al periodo de la república propiamente dicha, y, la segunda, a la revolución nacional (1952), denominada periodo liberal; para Barral la educación en relación a “ (…) La política educativa republicana tuvo dos obstáculos; el primero consistía en encajar una política ajena a la nueva república; segundo, que chocaba con una economía feudal, además de la aborigen” (BARRAL, 2005), es decir, las políticas en materia de educación en la naciente república eran fruto de una copia de otros países y no se adecuaban a la realidad, por tanto, era deficiente respecto a su aplicación.

Desde 1952 la educación tenía concepción de universal y homogénea, toda vez que la política liberal no tenía relación con la economía originaria. Algunos historiadores han considerado ésa como la “época de oro de la educación”, es decir, de aculturación, civilización, castellanización y desaparición de culturas originarias, pues el liberalismo tuvo como uno de sus objetivos organizar el sistema educativo, modernizar y desarrollar el capitalismo, en este periodo se sentaron las bases de una reforma (1955) que reconoce la responsabilidad estatal en la educación.

Periodo neoliberal

En 1985 se apertura la etapa neoliberal que trajo reformas estructurales. En la educación se expresa con la privatización y se vulnera el derecho universal a la educación gratuita; la transferencia de la educación a los municipios y corporaciones de desarrollo fue una forma solapada de privatizarla (BARRAL, 2005), proliferan establecimientos privados de educación, porque el gobierno crea condiciones objetivas y jurídicas de privatización.

En 1994 (7 de julio) se promulga la Ley 1565 de la Reforma Educativa, que menciona que, para la transformación del sistema educativo en función de los intereses de Bolivia como un proceso planificado, continuo y de largo alcance, la educación se debería estructurar sobre bases y fines fundamentales.

Pareciera que la ley tiene carácter liberador y anticolonial, pero se ha demostrado que con su implementación la clase dominante, a nombre de la reforma educativa, pretende eliminar el derecho a la educación del pueblo, porque la crisis de la educación en nuestro país es producto de la dependencia externa y el colonialismo interno agravado por el neoliberalismo.

Nueva etapa

A partir de la presidencia de Evo Morales en 2006 se inicia un proceso de transformación (cambio), es así que el 7 de febrero de 2009 se promulga una nueva Constitución Política del Estado (cpe) que en sus artículos 77 y 78 refiere que la educación: “(…) constituye una función suprema y primera responsabilidad financiera del Estado (…)”, además, indica que “La educación es unitaria, pública, universal, democrática, participativa, comunitaria, descolonizadora y de calidad. II. La educación es intracultural, intercultural y plurilingüe en todo el sistema educativo”, es decir, se apertura un nuevo enfoque educativo basado en una educación descolonizadora.

Bajo ese mandato constitucional, en 2010 se promulga la Ley de la Educación Avelino Siñani-Elizardo Pérez, que se caracteriza por ser “intra, intercultural y plurilingüe, porque potencia las prácticas, saberes, conocimientos y la diversidad lingüística de las naciones originarias y no originarias en el marco de la interrelación y convivencia en igualdad de oportunidades, a través de la valoración y el respeto ético y recíproco de las culturas del estado plurinacional”  (ZILVETTY, 2012).

Esta ley pretende la formación integral (holística) de las personas, además, señala que, mediante la educación, se debe lograr que el individuo actúe como agente transformador de la realidad vigente en beneficio de su comunidad y luego de la sociedad.

Ahora existe un vertiginoso crecimiento de la población local y mundial y profundas transformaciones en la educación en los países desarrollados, acompañadas de un progreso técnico-científico. Ese progreso técnico y científico, acompañado de tecnología, es conocido por algunos autores como tercer momento y por otros como postmodernidad, “que es identificado como el predominio de la razón humana como creadora y reformadora de su entorno, sin embargo, en la actualidad se habla del advenimiento de una nueva época, la postmodernidad” (JOGUITUD).

Es conveniente hacer referencia a la postmodernidad y dejar a un lado la modernidad, porque ésta tuvo su época ubicada a partir del pensamiento ilustrado, que significó el rompimiento con los postulados del pensamiento teleológico, pues la modernidad rechaza la sujeción del hombre a la religión, supone un momento impregnado de confianza en el progreso a partir de la lógica del capitalismo, donde el eje teórico es la razón para valerse con independencia del propio pensamiento.

El momento actual, impregnado de acontecimientos como el desastre ecológico, la devastación nuclear, desigualdad social, opresión de pueblos enteros, conflictos internacionales, sugiere el nacimiento de una nueva época, la postmodernidad. “Post” no implica una superación o negociación y lo característico de lo postmoderno es que no intenta superar el pasado siempre hacia lo nuevo, como fue el caso del modernismo, sino sobreponerse del mismo. 

La postmodernidad abarca de manera transversal todas las áreas del conocimiento. La postmodernidad se traduce en la posibilidad real de elegir y decidir libremente la vida, porque una de las características de esta época es que reivindica la razón sin fines, existe el predominio de lo efímero, instintivo, subjetivo y estético.

Jean F. Lyotard, señala que; “Bajo la palabra postmodernidad pueden encontrarse las perspectivas más opuestas, por ejemplo, la reconstrucción de mitos, la negación absoluta de la modernidad, el replanteamiento y continuación de la modernidad, la construcción total y nueva de nuevos paradigmas” (LYOTARD, 1995).

Entonces, el postmodernismo es una época de crisis de los paradigmas y de nostalgias, es una sociedad de consumo, así como de medios masivos de comunicación, tecnología sofisticada y economía globalizada; en esta época se destacan transformaciones culturales y reconocimiento a esas culturas en lo ideológico y psicológico, donde existe desintegración de los principios morales, éticos y políticos, donde la ligereza, desilusión, escepticismo se muestran como productos naturales del pensamiento.

Se debe hacer una diferencia sustancial entre modernidad y postmodernidad, pues la primera está llena de certezas y la segunda marcada por un amplio y profundo escepticismo; a manera de ejemplo, la modernidad en relación a los encuentros personales se realiza a través de un contacto directo, dentro de un espacio y tiempo bien delimitados.

Aplicaciones

En la postmodernidad los encuentros personales y de interacción social planetaria se facilitan y aceleran por las innovaciones tecnológicas; estos encuentros dejan de ser delimitados por tiempo y espacio porque la web, tele-conferencias, chat y redes sociales constituyen un desafío tecnológico a nuestra racionalización moderna; por ello, la educación en nuestro país debe estar presente no al margen de la postmodernidad. A decir de Morin, la educación debe desarrollar individuos para hacer frente a lo inesperado y trabajar para lo improbable (VALLEJO-GÓMEZ, 2003), porque, de lo contrario, nuestra educación estaría en retroceso y no acompañada de postmodernidad.

En esta etapa postmoderna la educación boliviana debe alcanzar dinamismo y significación acompañados del avance tecnológico; no debe ser un culto a las tecnologías de información y comunicación con instrumentos reales de poder; a partir del cultivo del conocimiento, se debe lograr la plena realización humana; debe tener un sentido social y colectivo, una visión de grupo (equipo) abandonando el viejo paradigma del individualismo como forma de aprendizaje.

La educación debe plantearse desde una perspectiva cultural educativa, como señalan Antonio J Colom y Joan-Carles Mélich: “Deberá plantearse una cultura educativa que mire fundamentalmente al porvenir. La educación no debe ser ya la transmisora de la cultura del pasado y la guardiana de la historia en las nuevas generaciones. Tampoco debe ser comprensiva del presente, ya que éste no es perdurable; el presente, el momento, debe servir como mecanismo didáctico para explicar el cambio y conseguir así el objetivo prioritario de la educación: la movilidad, la adaptación a lo nuevo, a lo cambiante, por lo que la educación se plantea como el instrumento-guía que oriente a las generaciones sobre las previsiones del futuro. Ello implica transformar las aulas en verdaderos laboratorios de simulación; así, los medios informáticos, las técnicas de juegos, las previsiones del azar, la prospectiva, etc., se nos presentan como los pilares donde fundamentar la acción docente que a partir de ahora no podrá ya descansar por más tiempo y exclusivamente en los profesionales de la educación” (MELICH, 1995), es decir, la educacion debe ser permanente y buscar adaptarse a lo nuevo, a lo cambiante; esa adaptación constituye el postmodernismo.

Actitudes

La educación, ante el destino de la postmodernidad, debe facilitar el acceso oportuno a una formación basada en la adquisición de nuevos conocimientos, mismos que han de permitir el desarrollo de habilidades necesarias en la sociedad de la información tecnológica, es decir, habilidades como la selección, el procesamiento de la información, autonomía, capacidad para tomar decisiones, trabajo colaborativo (grupo), polivalencia, flexibilidad, etc.

Esto implica que los docentes y estudiantes deben acompañar los cambios profundos y severas readaptaciones de la educación, consistentes en conocer la sociedad en la que desarrollan sus actividades y los cambios que se generan para potenciar las competencias de los grupos privilegiados y las competencias requeridas socialmente, pero desde la consideración de todos los saberes del conocimiento, es decir, como bolivianos debemos pasar de una cultura de la excusa a una cultura de la transformación y eso sólo se logra con una educación oportuna y de calidad, basada en competencias.

La educación en nuestro país siempre tuvo concepción eurocentrista, existía un bloqueo mental de creernos inferiores (por lo general al extranjero); existe aún colonización mental, prueba de ello Barral indica que se realizaron estudios sobre el niño boliviano aplicándose pruebas psicológicas, como la escala métrica de Bidet y Simón:

“El niño Boliviano muestra inteligencia como cualquier otro niño, pero no razona, tiene fantasía pero se deja llevar por ilusiones; su motricidad es desbordante, pero decae al primer obstáculo, no persevera, por eso, en la vida no es un triunfador; el niño indígena no difiere del niño de la ciudad, el niño campesino lleva siglos de atraso y aislamiento; el niño no es esforzado ni aspirante” (BARRAL, 2005).

La experiencia nos demuestra que la conclusión de estos estudios es cierta, el individuo es consciente de sus actos, este tipo de boliviano vive en permanente autocontradicción consigo mismo, porque, a consecuencia de su mente colonizada, pretende ser lo que no es, pretende en primera instancia conocer e interiorizarse de otras culturas e historias (generalmente extranjeras), ahí es donde radica su inseguridad y dubitación, por eso no sabe lo que es y tampoco lo que debería ser, por eso es necesaria la descolonización mental y crecer como sociedad a partir de la reeducación cimentada en valores ético-morales.      

Debe existir una transformación en la educación en aras de jerarquizarla incorporando nuevas técnicas de didáctica y pedagogía donde se despliegue las capacidades del individuo que se quiere formar, desarrollar sus habilidades y destrezas en el manejo de nuevas tecnologías de información en el proceso de enseñanza-aprendizaje y en la instrumentalización didáctica de recursos pedagógicos provenientes de la propia creatividad, afrontando el escepticismo creado por la postmodernidad y romper las formas de dominio que imposibilitan nuestro desarrollo.

*    Es abogado constitucionalista (UMSA).

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