La Gaceta Jurídica

El día de la democracia

Esta realidad contradice con las facetas teóricas de la democracia y la Constitución actual, pues ya es momento para que las relaciones y equidad sean realmente indivisibles entre géneros, como deben serlo entre las naciones del Estado y entre actores económicos.

La Gaceta Jurídica / Editorial

00:00 / 12 de octubre de 2012

El 10 de octubre se recordó 30 años del retorno a la democracia en el país, evento histórico registrado en esa fecha en 1982, cuando el último presidente militar inconstitucional, Guido Vildoso Calderón, entregó el mando al ganador de las elecciones generales de dos años antes, Hernán Siles Zuazo, quien no pudo asumir el cargo debido al golpe de otro uniformado, Luis García Meza, hoy preso por los delitos cometidos durante su gestión ilegítima.

Pero esta rememoración, como cada año, merece ser relacionada con los eventos importantes que han marcado la vida democrática nacional en tres décadas, de esa forma se puede tener una visión amplia de lo que significa este estado de cosas y de la posibilidad de elegir a los representantes legislativos y las autoridades de los gobiernos nacional, departamentales y locales; además de poder ejercer con garantías todos los derechos establecidos en la Constitución Política del Estado (cpe), en las normas especiales y en los convenios, pactos o tratados internacionales elevados a rango de leyes nacionales.

Sin embargo, esto no debe significar sólo una lectura cronológica e historicista del proceso en cuestión, relatando los triunfos logrados, las dificultades atravesadas y los desafíos que todavía amenazan para el futuro, sino que debe ser un examen de los grados alcanzados en cada caso; pues, por ejemplo, la inclusión y ampliación de la participación han sufrido desequilibrios notables que pueden quedar invisibilizados como avances democráticos si sólo se reducen a la relación de mayorías y minorías.

En este sentido, también parece pertinente concatenar una conmemoración cercana al 10 de octubre, como es el Día de la Mujer Boliviana, y poner en evidencia la situación, todavía sin cambios, de esta parte de la sociedad que se divide en grupos etáreos y sociales al cual más vulnerables según su mayor o menor cantidad de años o su lugar de origen y tamaño de posesiones.

Esta realidad contradice con las facetas teóricas de la democracia y la Constitución actual, pues ya es momento para que las relaciones y equidad sean realmente indivisibles entre géneros, como deben serlo entre las naciones del Estado y entre actores económicos. De este modo la democracia podrá ser festejada desde un solo ángulo plural y no como entendimientos personalizados.

Al mismo tiempo, es laudable recoger el ejemplo de quienes pudieron haber participado incansablemente de este proceso de recuperación democrática, de consolidación de su presencia sin que debamos pretender recurrir a la mano dura para organizar lo que parece imposible y de quienes han dado pautas para la construcción todavía endeble y sin obra fina de este proceso.

A la par están los avances normativos y estructurales de las instituciones del Estado, lo que es como un colofón de la instalación democrática sostenida; sin embargo, no es suficiente el reformismo si estos sistemas apenas han mudado sus identidades pero no sus procedimientos ni conductas, si la posta ha sido pasada sin haber merecido un cambio de ruta ni haber ingresado en un periodo de recomposición mental para no persistir en las posturas individuales o de grupos bajo imperio de la avidez.

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