La Gaceta Jurídica

La economía, desde una mirada femenina

El trabajo, la ley y el amor

Amelia Peña Aguilar

00:00 / 10 de octubre de 2014

La economía feminista es una rama de la economía cuyo método de estudio ha conseguido visibilizar elementos que durante siglos han sido menospreciados e ignorados por los estudiosos de la economía a nivel mundial.

La economía se limitaba al análisis de número fríos sin tomar en cuenta la influencia que tienen las personas de acuerdo a su género, su aporte y papel dentro de la economía de una familia, una comunidad o un Estado.

Por otro lado, tampoco tomaba en cuenta a las personas que intervienen en una economía en situaciones de desigualdad, los niños, los adultos mayores, los discapacitados y también las mujeres en situación de disparidad no física, no mental, pero sí social, lo que hace que su aporte, a pesar de ser igual o en algunos casos mayor a las de un varón promedio, se vea con baja o incluso ninguna remuneración lo que significa absoluta explotación.

Es por eso que la economía feminista expone que el trabajo no solo abarca contextos formales como salir de casa, llegar a la fábrica, operar durante un horario y percibir un sueldo al final de la jornada, semana o mes; ése es un trabajo visible, trabajas mucho, recibes más, trabajas menos y recibes menos.

En primer lugar, el trabajo de una mujer se realiza en el hogar, no sale de casa a la fábrica, pero sí sale para llevar y traer a los niños de la escuela, sale al mercado para obtener los elementos que necesita para transformarlos en comida para la familia, también sale eventualmente para comprar artículos de limpieza o de confort para el hogar y se ocupa de la vestimenta de sus hijos (cuando la familia es muy humilde para comprar ropa, muchas veces una madre confecciona prendar en lana,  compra la materia prima y la transforma).

Una madre no tiene horario, no se levanta a las siete para llegar al trabajo a las 8:30, no sale del trabajo para llegar a cenar, mirar televisión y dormir hasta el día siguiente. Una madre se levanta cinco de la mañana a pelar papas, arvejas, lavar verduras y tostar arroz, deja todo listo hasta las ocho que es cuando tiene que servir el café al esposo, el jugo a los niños y llevarlos al colegio.

Vuelve y cocina desde las nueve hasta las once, alista la mesa para servir el almuerzo, sale a recoger a los niños, otra vez en casa sirve el almuerzo al esposo y a los niños, luego lava los trastes, limpia la cocina y, sin tomar descanso, tiene que lidiar con sus hijos para que hagan sus deberes, los asea y lava la ropa; cuando llega el esposo del trabajo le sirve la cena, limpia los trastes y ordena la cocina y, tarde de la noche, duerme para levantarse muy temprano y seguir casi la misma rutina.

Éstas actividades extremadamente agotadoras no generan ingreso “para la economía convencional”, pero para la economía feminista estas actividades son el motor de la economía del mundo, pues de ellas depende la supervivencia del ser humano como especie, de la reproducción de la mano de obra del esposo, de la formación de sus hijos que serán mano de obra en el futuro también.

Reproducción del trabajo

La actividad económica de la mujer produce y reproduce la única fuente de VALOR de la economía CAPITALISTA, el TRABAJO VIVO. La mujer, al alimentar a sus hijos y a su esposo, produce y reproduce la fuerza de trabajo que transmite valor a las mercancías.Y si las mercancías cuentan con el valor de la fuerza de trabajo del esposo, ¿dónde está el valor de la fuerza de trabajo de la esposa?

Este valor queda plasmado en la misma fuerza de trabajo del esposo que la vende como mercancía al dueño de los medios de producción y si la fuerza de trabajo como plusvalía no es pagada por parte del capitalista al obrero, mayor aún es la plusvalía no pagada a la esposa por la reproducción de esa fuerza de trabajo.

Si el esposo es explotado, la esposa es doblemente explotada, pues en ningún momento se le paga por las labores que realizó. Si el obrero recibe poco dinero, el ama de casa no recibe ni un solo centavo, el trabajo de un ama de casa es gratuito.

Pero ya vimos que el hecho de que sea gratuito no significa que no valga, sino que ese valor no está visualizado y es robado primero por el esposo y luego por el capitalista.

La mujer, sobre todo la madre, en especial en países en desarrollo como el nuestro, es considerada más que sostén económico y que sostén social y espiritual, es como la esencia misma del hogar. ¿Qué es lo que le impulsa a una mujer a reproducir una mercancía (fuerza de trabajo de su esposo y sus hijos) sin recibir nada a cambio?

La respuesta es fácil pero compleja como todo, es lo que llamamos “amor”.

A diferencia de otros tiempos, ¿en los modernos las mujeres no están obligadas a vivir junto a un varón, a casarse, luego a atenderlo y a servirlo, a él y a sus hijos? La respuesta, a la vez, es simple como compleja: es “el amor”.

Algunos filósofos, como Luc Ferry, dicen que el amor es un invento del capitalismo para crear esta relación socioeconómica que reproduce la fuerza de trabajo y permitir que exista esta mercancía para venderla al capitalista y así, sucesivamente, reproducir el sistema capitalista.

Por otro lado, como dice el dicho popular, “cuando el dinero sale por la puerta, el amor salta por la ventana” y es en estos casos en los que las mujeres deciden dejar a su pareja, trabajar dentro y fuera del hogar para mantener a sus hijos, pero dejar de reproducir la fuerza de trabajo del esposo, pues ese esfuerzo es vano.

Visibilizar el papel

Por otro lado, las mujeres que han ido más allá de la reproducción de la fuerza de trabajo, mujeres que se han mirado hacia adentro, ya sea por su formación, por las circunstancias históricas en las que vivieron o por el conjunto de todo ello, son las que han logrado visibilizar el papel de la mujer en el desarrollo de la economía y la historia en el mundo.

La profesora y militante de la Asociación de los Derechos de la Mujer Louisa Michel participó en la primera revolución proletaria del planeta, La Comuna de París, llevada a cabo el 18 de marzo de 1871.

Frida Kahlo, en un país tan machista como es México, donde no se permite a una mujer ser autosuficiente, demostró un temperamento que plasmó en su obra.

Eva perón buscó en Argentina la equidad jurídica de los cónyuges y la patria potestad compartida mediane el artículo 39 de la Constitución de 1949.

María Talavera y su hija Lucille Norman fueron activas propagandistas de los ideales comunistas anarquistas militantes del Partido Liberal Mexicano.

Ema Goldman, escritora lituana, luchó por la emancipación de las mujeres y fue deportada de Estados Unidos a Rusia en 1919, donde también cuestionó la diferencia de los derechos laborales entre varones y mujeres, razón por la que la enjuiciaron. En Estados Unidos, J. Edgar Hoover, director del fbi, la calificó como una de las mujeres “más peligrosas de América”.

Marie Curie, química y física polaca, pionera en el campo de la radiactividad, fue la primera persona en recibir dos premios Nobel.

Simone de Beauvoir, autora de “El Segundo Sexo”, investigó acerca de la situación de las mujeres a lo largo de la historia e indagó el camino para que éstas mejoren su vida y se amplíe sus libertades.

Amelia Earhart pilotó un avión sobre el  Atlántico entre el 20 y el 21 de mayo de 1932.

La dama de los derechos civiles, Rosa Louise McCailey, de casada Rosa Parks, fue la primera mujer negra que se negó a moverse a la parte trasera del autobús en que viajaba en 1955.

No es infinita, pero sí bastante extensa la lista de mujeres que se indignaron por la desigualdad entre varones y mujeres y plasmaron su análisis en obras o en activismo político que, de una u otra manera, fue transformando la realidad.

La lucha de las mujeres del pasado y del presente se plasma en el reflejo más palpable de la superestructura de una sociedad, la Ley.

Normativa de género

Las constituciones de los países latinoamericanos en la actualidad hacen énfasis en la no discriminación de género o raza y otras diferencias.

En Bolivia fueron aprobadas normas a favor de las mujeres en esta última década. La Ley N° 243 Contra el acoso y violencia política hacia las mujeres y la Ley N° 348, Ley Integral para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia, son verdaderamente un gran avance.

El Código Penal persigue y penaliza a los que abandonan a las mujeres embarazadas, el Estado busca garantizar la estabilidad de los hogares, el bienestar de los hijos, pero el amor hace que las personas den más de lo que se les exige y el desamor hace que se prefiera ser prófugo de la justicia o estar preso por no cumplir con obligaciones hacia los hijos y la esposa.

Las mujeres seguirán reproduciendo la fuerza de trabajo y seguirán siendo menospreciadas e invisibles ante la sociedad mientras la realidad misma, la estructura misma del sistema, no colapse y cambie a favor de ellas, hasta que el mundo se dé cuenta de que el motor que mueve la economía del planeta es el “AMOR” de las madres.

Fuentes

Vara, María Jesús. Estudios sobre género y economía. Carrasco, Cristina. La economía feminista: una apuesta por otra economía.

Es economista, egresada en Derecho y diplomada en Pedagogía para la educación superior y en Diplomacia Cultural de los Pueblos.

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