La Gaceta Jurídica

El efecto 2/3

En las elecciones generales

Se preparan nuevas elecciones.

Se preparan nuevas elecciones. Foto: www.oep.org.bo

Henry A. Pinto Dávalos

00:00 / 13 de junio de 2014

Hace cinco años, cuando el fenómeno Evo Morales había arrasado en las urnas logrando más del 50% de la votación así como los 2/3 en el Parlamento, en más de un medio de comunicación social diversos analistas políticos se enfrascaron en un debate en torno a si ese nivel expectable de votación era democrático o no. Por  un lado, había algunos que decían que eso era la expresión más democrática acaecida en los últimos 50 años en el país, otros en cambio advertían que ello no podía ser considerado así por cuanto la democracia supone y exige garantizar un cierto equilibrio plural de actores, de modo tal que las minoría también sean representadas efectivamente.

Sobre el particular y cinco años después podemos evaluar con más elementos esta situación que –según parece– vendría a repetirse, puesto que todas las encuestas de intención de voto en el país asignan una victoria irrefutable al Presidente Morales, al punto tal que no solo lograría repetir o mejorar su votación sino también lograr nuevamente los 2/3 de la Asamblea Legislativa, extremo que merece ciertas reflexiones, en particular, considerando la experiencia reciente que vivimos en nuestro país.

Así, en primer término apuntar que si bien no existe expresión más democrática que aquella que se obtiene en las urnas de modo legal y legítimo, empero, la reciente experiencia nos muestra que si bien los 2/3 en el Congreso fueron un factor relevante para que el Ejecutivo opere sin mayores trabas ni controles, sin embargo el rol de este Congreso se vio realmente envilecido, no sólo porque se convirtió en una suerte de apéndice del Ejecutivo sino que evitó un debate democrático de mayor profundidad y consistencia, llegando incluso a anular o invisibilizar a los mismos asambleístas del oficialismo que como en el caso de Cochabamba y salvo una o dos excepciones, han pasado prácticamente desapercibidos.

Ello nos lleva a la conclusión de que si bien resulta muy favorable para el oficialismo (Ejecutivo) contar con los 2/3 en el Congreso, empero en términos de disenso, de construcción de la opinión pública, fiscalización y equilibrio democrático, sus efectos son preocupantes, al punto tal que la Asamblea Legislativa Nacional hoy en día, ha perdido la iniciativa política, limitándose sólo a cumplir o seguir la agenda impuesta desde el Palacio Quemado, debilitando su rol natural de fiscalización, equilibrio y control, tan importantes en un gobierno democrático.

La teoría constitucional de Montesquieu, El Federalista y Karl Lowestein nos enseñan a partir de la doctrina de los cheks and balances o frenos y contrapesos que la democracia, para ser considerada efectivamente así, es un sistema de gobierno en el que los órganos de poder (ejecutivo, legislativo, judicial y electoral) deben ejercer un control recíproco entre sí, de modo tal que uno limite o impida el ejercicio discrecional del otro, evitando la concentración del poder, siendo el equilibrio la nota esencial de toda democracia, tal como se asumió en la histórica Constitución de Filadelfia y el artículo 16 de la Declaración de los Derechos del Hombre de 1789 que reconocen el principio de separación de poderes como condición sine qua non para la conformación de un gobierno democrático.

Estas ideas quizás nos puedan llevar a comprender “los efectos no deseados” de la política, ya que si bien el gran apoyo masivo en las urnas constituyen una expresión democrática indudable, empero, ello puede degenerar en la perversión autoritaria del régimen, como un efecto no deseado, pero evidente de ese apoyo.

Catedrático de Derecho Procesal Constitucional - UMSS

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