La Gaceta Jurídica

Del empate a la “derrota catastrófica”

Elecciones y partidos

La oposición ha mostrado falta de programa, de coherencia y de visión de país, diferencias y debilidades.

La oposición ha mostrado falta de programa, de coherencia y de visión de país, diferencias y debilidades. Foto: Archivo La Razón

Henry A. Pinto Dávalos

00:00 / 17 de octubre de 2014

Finalmente, después de mucho trajinar en un ambiente electoral ciertamente apático, llegamos al 12 de octubre, fecha en la que el electorado boliviano se volcó masivamente a las urnas tanto en el interior como en el exterior del país, marcando un paso importante en nuestro devenir democrático.

Esto sucedió no solo porque por vez primera se ha respetado la regla de paridad en la conformación de listas electorales resaltando la presencia y el rol de las mujeres, sino también porque hemos implementando la elección de diputados supranacionales y el voto en el exterior, ampliando nuestra base democrática, con los resultados que todos ya conocemos: el triunfo indiscutible de los candidatos el Movimiento Al Socialismo (mas), Evo Morales y Álvaro García Linera.

Al respecto, no puede dejar de sorprender nuevamente el masivo apoyo a la candidatura oficialista, que en esta oportunidad no sólo logra la reelección superando su margen previo de votación del 52 por ciento de 2009, sino alcanzando (léase “de nuevo”) los 2/3 de presencia en la Asamblea Legislativa Plurinacional, amén de haber ganado en seis de los nueve departamentos de Bolivia, consolidando su hegemonía política en el territorio, situación que nos lleva a reflexionar sobre la correlación de fuerzas actual, el futuro de la oposición y la perspectiva del oficialismo.

En efecto, un primer elemento que debemos tomar en cuenta es el hecho indiscutible de que estos últimos 5 años la correlación de fuerzas cambió sustancialmente a favor del oficialismo, al punto tal que los viejos diagramas del poder que mostraban a una Bolivia divida entre Oriente y Occidente (La Media Luna) ya no existen más.

La oposición no tuvo la capacidad de comprender oportunamente esta lectura, pretendiendo forzar artificialmente candidaturas “regionales”, pensando que la votación así se podría dividir entre “collas” y “cambas”, sin darse cuenta que, hoy en día, el mas y Evo Morales no solo gozan de la confianza del electorado cruceño, sino de sus elites más conservadoras, al punto tal que empresarios, ganaderos e incluso opositores han pasado a militar a las filas del masismo, sin el menor desparpajo.

Un ejemplo de dicho error son el Movimiento Sin Miedo (msm) de Juan del Granado y Unidad Demócrata (ud) de Samuel Doria Medina que, por más que intentaron, no lograron “polarizar” el país, siendo víctimas de su propia estrategia, olvidando además el sentido pragmático de nuestros empresarios que recientemente declararon: “si el país funciona bien, no interesa quien esté en el poder”.

Expuestas así las cosas, ¿qué le queda a la oposición? Pues poco o nada. Si partimos del dato de que la oposición no controla el Gobierno, menos el Legislativo y carece de una base social importante, lo que le queda es espectar de palco los sucesos que se suscitarán en el país, debido a que su escasa presencia política, no le permite ningún margen de maniobra.

Será una oposición simbólica, sin capacidad real de influir ni cuestionar el poder del oficialismo, situación que debía propiciar una reflexión profunda en su interior, indagando realmente su situación política, la pertinencia y legitimidad de sus candidatos que nuevamente han mostrado una profunda incapacidad de liderar una opción real de cambio e interpelar al Gobierno.

Esto deja la vaga impresión de que en Bolivia no existen voces disidentes con legitimidad social, razón que nos lleva a afirmar que, si bien hace cinco años en Bolivia existía una suerte de “empate catastrófico” entre Occidente y la Media Luna, hoy sucede todo lo contrario, estamos frente a la derrota catastrófica de la oposición, que, además de miope e incapaz, ha mostrado sus profundas diferencias y debilidades, asimismo su falta de programa, de coherencia y de visión de país.

Es catedrático de Derecho y Ciencia Política (UMSS), Cochabamba.

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