La Gaceta Jurídica

La justicia española de la Edad Media. La justicia andalusí y la cristiana

(Parte I)

Foto: tuscienciassociales-teodosio.blogspot.com

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La Gaceta Jurídica / Sacramento Ruiz Bosch

00:00 / 10 de septiembre de 2013

El máximo órgano jurisdiccional en la organización de la justicia islámica era el califa, a éste le correspondía impartir justicia (quda). En cuanto era cabeza de la aplicación del derecho, el Soberano acumulaba en sí la suma del poder absoluto, a modo de jefe de la comunidad musulmana y los cadíes o jueces eran delegados del gobernante, pero, tras su designación no quedaban subordinados a la estructura administrativa, sino que, aunque jerárquicamente dependían del soberano, su mandato era un contrato directo celebrado con la comunidad y quedaba firme tras la aceptación del cargo.

Sin embargo, y a pesar de esta delegación, el califa retenía su capacidad para administrar justicia y, en la práctica, así lo hicieron los califas andalusíes en numerosas ocasiones. Pero el progresivo crecimiento de la sociedad andalusí exigía un ejercicio delegado de la aplicación de las normas jurídicas. El cadí, en cuanto sujeto de la delegación del soberano, se configuró como una magistratura de ejercicio personal que gozó de gran prestigio social.

El cadí era un hombre jurisperito, formado en la escuela jurídica vigente y que aplicaba la justicia conmutativa, distributiva y penal en los litigios que le eran sometidos, bien de oficio, bien a petición de parte.

En todos los periodos en que la doctrina divide la dominación islámica de la Península, incluidos el emirato, el califato, los reinos de Taifas, los reinos africanos y los nazaríes, el soberano delegó en los cadíes la potestad soberana de aplicación de la justicia de forma más o menos similar.

Durante la época Omeya existieron tres etapas en el gobierno de Al-Andalus, que necesariamente hubieron de influir en el nombramiento de los jueces, habida cuenta que la justicia se administra en nombre del Soberano, y así

-En una primera fase se considero que Al-Andalus era una provincia del imperio Islámico, sometida, por tanto, a la autoridad del Califa de Oriente, al cual le correspondía nombrar los gobernadores y en cuyo nombre se dirigían los territorios, se iba a la guerra y se administraba justicia.

-La segunda etapa es la del emirato independiente. Bajo esta concepción del Estado se sigue reconociendo la autoridad religiosa del Califa de Oriente, pero no la autoridad para el gobierno del Estado, que pasa a ejercerla el emir, sin dependencia del califa. Esta época abarca desde Abd al-Rahman I, en el año 756, hasta el Emir Abd Allah en el año 912.

-La tercera etapa es la del Califato cordobés, en ella el califa reúne todos los poderes políticos y religiosos, sin reconocimiento alguno de los califas de Oriente. La justicia se administraba en su nombre.

El juez juzgaba de acuerdo con la ley revelada (Sharia) y a la ciencia del derecho (Fiqh), que aplicaba al caso concreto mediante la analogía (qiyyas).

La estructura jerárquica de la organización político-administrativa en Al-Andalus responde al siguiente esquema general:

El Califa

Canciller - Juez Supremo

Ministro Principal-Caid

El Ejército - secretarios - Consejo Gobierno - Visir - La Administración de Justicia con el juez de la ciudad o Zalmedina

El Inspector de Mercado o almotacén

El califa era la máxima autoridad del Estado y, por ende, del Gobierno, que estaba compuesto por un primer ministro o hadjib, por los visires especializados en esferas determinadas de poder y por los secretarios de éstos o Katib.

Todos ellos estaban sometidos al poder judicial en caso de delito o incumplimiento de las leyes. Pues, en opinión de Sánchez Rosall, “el gran valor que el Islam otorga al ser humano sin distinción de género, de etnia, o posición social y que la justicia debe ser aplicada a todos por igual protegiendo a los individuos y a la sociedad, castigando al agresor una vez demostrada su culpabilidad según la Sharia, provocó que el poder judicial y el poder político fueran independientes”.

El crecimiento y complejidad de la sociedad andalusí a lo largo de ocho siglos dio lugar a que, con el tiempo, se crearan jueces especializados.Nombramiento de los cadíes andalusíes

El nombramiento de los cadíes correspondía al Soberano. En Al-Andalus, era el emir o el califa, según la época histórica, quien nombraba a los jueces de las coras o fronteras.

Los jueces menores eran nombrados por el cadí. Los jueces actúan como delegados del soberano y, en la medida en que han recibido esta delegación, están autorizados para subdelegarla, pues, al pasar el tiempo, esta institución se extendió a las grandes ciudades (qudat al-qawa'id) y a las provincias (qudat al-kuwar), así como a la circunscripción territorial (qudat al-yund) y a los ámbitos rurales (qudat almahalla).

En los últimos siglos del Islam andalusí, los jueces de la capital y de las cabeceras de distrito debían designar a los jueces de partido.

Durante la época de los omeyas los cadíes fueron elegidos por los soberanos entre los notables y nobles árabes, posteriormente, a partir de los taifas, los cadíes eran elegidos entre los notables de cualquier origen.

El procedimiento seguido para el nombramiento de los cadíes, relata López Ortiz, sería el siguiente: “el Príncipe ofrece el cargo al candidato, éste le acepta y con la misma aceptación queda firme el nombramiento; a este contrato, por su especial finalidad, habrá que darle una publicidad para que conste así a los justiciables como nuevo cadí”.

Cualidades de los cadíes

Para ejercer el cargo de cadi es condición indispensable profesar la religión islámica, ya que la sanción al incumplimiento de este deber es la de los pecadores, pues, según la tradición, el mismo Mahoma dijo que “de cada tres jueces, dos irán a la gehenna, sólo el otro se salvará”.Los cadíes debían ser expertos en derecho y haber demostrado un recto comportamiento moral. Debían ser firmes, honrados y justos y era conveniente que destacasen por su elocuencia, carácter equilibrado y agudeza mental.

Los cadíes mayores podían pedir al soberano que relevase a los jueces que consideraban inconvenientes. Estaba establecido que los jueces andalusíes recibieran un sueldo, dependiendo de ellos aceptarlo o repudiarlo. Normalmente, como eran nombrados entre notables y nobles, podían tener una cierta independencia económica.

De los cadíes se esperaba el máximo ejemplo de moral, buenas costumbres y un amplio saber y comprensión del derecho y del Corán. Debían dar con sus conductas muestras de valor, ecuanimidad, y firmeza en sus decisiones. Probablemente, una de las razones por las que el mundo musulmán se extendió en la península ibérica con tanta rapidez fue la seguridad con que ejerció el poder jurídico y, en especial, por la inmediación del poder judicial que, en definitiva, acercó al pueblo llano a las autoridades. La sencillez de costumbres, la modestia y su incorruptibilidad eran condiciones ampliamente reconocidas y valoradas en un juez.

Prestigio social

El prestigio social del cadí de la Aljama en Al-Andalus era grande. Ante el pueblo el prestigio del cadí era muy alto, de hecho, los cadíes se convirtieron en los virtuales censores de las máximas autoridades y en el único freno con que contaba el pueblo frente a las arbitrariedades de emires, califas o visires.Ante la nobleza y los notables el título de Cadí Mayor tenía una triple relevancia:

-Visirial. A partir del califato el cargo iba acompañado del título de visir. Tenía, pues, el rango de secretario de estado y era miembro del consejo real, funciones normalmente de carácter honorífico, pues se limitaban a asistir a las recepciones.

A veces se encargaron de misiones políticas complejas (‘Abd al-Rahman III encargó al cadí mayor Muhammad b. Abí‘Isà de la inspección de algunos sectores de la frontera. Almanzor delegó las negociaciones para la tregua con los reinos cristianos en el cadí Muhammad b. ‘Amir al-Bakri. En Valencia, tras el asesinato del soberano al-Qadir b. Di-l-Nun, asumió las funciones el cadí Yahhaf, que luego sería condenado a muerte por el Cid y ejecutado en la hoguera.)

-Religiosa. Podía dirigir la plegaria solemne de los viernes, aunque no solía hacerlo por el número de cargos que desempeñaban esta función.

-Jurídica. Era la última instancia para la casación de las sentencias en materia civil y era el encargado de la vigilancia fiscal de los otros jueces.

Organización

Durante el emirato, el cadí mayor era denominado “Juez de la comunidad de creyentes” o Cadí de la Aljama, siendo reemplazado el título durante el califato por el de “Juez de jueces” (Cadí al coda), sin embargo, este cambio de denominación no significó un cambio de la figura jurídica.

Junto al Cadí Mayor de Córdoba existían otros jueces que se instalaban en ciudades menores y en las marcas o ciudades de frontera, todos ellos controlados por el Cadí cordobés que ejercía su autoridad vigilando sus conductas y sentencias y ejercía también el poder disciplinario. Durante el periodo Nazarí, el Juez Supremo del reino residía en Granada, existiendo también otros de segundo rango en ciudades menores.

Junto a esta organización jerárquica de la jurisdicción, que podríamos denominar ordinaria, existían otras jurisdicciones especiales o específicas a las que posteriormente se aludirá.

Atribuciones

Durante los primeros tiempos de la conquista, los cargos fueron ocupados básicamente por árabes de la más pura estirpe, aunque no se reservó la exclusividad para ese grupo, en el siglo X, Abd-al-Rahman III tuvo por cadí a un hombre de justicia de origen berebere. En la época nazarí, los jueces eran fundamentalmente de origen andaluz, aunque no se perdía la oportunidad de incorporar juristas marroquíes llegados de las ciudades del norte de África a fin de estrechar los vínculos políticos.

Las atribuciones de los cadíes eran las siguientes:

1. Religiosas, como certificar la aparición de la luna nueva que señala el principio y fin del ramadán o mes de ayuno, dirigir la plegaria solemne de los viernes, llamar a la oración, realizar la oración ad petendam pluviam, recitar la homilía en los funerales y velar por la sana y recta tradición.

2. Civiles, tanto en materia matrimonial, sucesiones y transmisiones hereditarias, como en cuanto a contratos y litigios sobre bienes e intereses de huérfanos y menores.

Las funciones civiles de menor cuantía y los litigios más simples eran desempeñados por los jueces auxiliares, actuando el Cadí Mayor como juez de casación en el caso de que se recurrieran las sentencias dictadas por los jueces auxiliares.

3. Administrativas. Se ocupaban de la administración de las rentas de los bienes waqfs y destinados a las fundaciones pías, que era guardado en las mezquitas aljamas. El cadí se limitaba a supervisar la administración y a ordenar el gasto destinado a obras de utilidad pública.

4. Penales. Intervenían en los delitos contra las personas y cosas e imponían las penas correspondientes, pero los cadíes no podían intervenir en los delitos de impiedad, salvo expreso encargo del soberano, ni en aquellos procesos por delitos que llevasen aparejada la pena principal.

El Cadí de la Aljama o Gran Cadí

El Consejo de Juristas. Los jueces adjuntos y los inferiores

A. El Cadí de la Aljama o Gran Cadí es el juez de la capital. Este título lo llevaban los jueces de Córdoba en tiempos del Califato. En España durante el emirato, el Cadí Mayor era denominado “Juez de la comunidad de creyentes” o Cadí de la Aljama, siendo reemplazado el título durante el califato por el de “Juez de jueces” (Cadí al qoda), sin embargo, este cambio de denominación no significó un cambio de la figura jurídica.

Durante el periodo nazarí, el juez supremo del reino residía en Granada, existiendo también otros de segundo rango en otras ciudades menores. El ámbito territorial de su jurisdicción era la del distrito en que estaba situada la capital del Estado.

Es una magistratura de carácter fundamentalmente religioso. El Gran Cadí era un juez de última instancia, si bien la esfera de su competencia material era la misma que la de los cadíes provinciales, entendiendo, entre otros, asuntos civiles, sobre los divorcios y repudios, de los litigios sucesorios, de las declaraciones de incapacidad, de la administración de los bienes de los huérfanos, de ausentes e incapacitados y, en el caso del Cadí cordobés, también ejerció como consejero de los emires y califas.

Junto al Cadí mayor de Córdoba existían otros jueces que se instalaban en ciudades menores y en las marcas o ciudades de frontera, todos ellos controlados por el Cadí cordobés. Ejercía su autoridad vigilando sus conductas y sentencias, ejercía también el poder disciplinario.

Según la crónica del historiador de jueces de Córdoba, Aljoxani, cuando los jueces de la capital cordobesa enjuiciaban la conducta de algún cadí de provincias, lo hacían por delegación expresa del soberano, sin embargo, en opinión de López Ortiz no hay que dar a este detalle demasiada importancia, ya que, en la ordenación judicial musulmana, el elemento de la delegación va siempre incluido. Abenfarjún, siglos más tarde, incluye entre las facultades del Cadí de la Aljama la de inspección de los demás jueces, concurriendo con el soberano.

A juicio del referido profesor, el modo de proceder para el ejercicio de la facultad disciplinaria sería el siguiente: “el Cadí de la Aljama instruía al encartado en una especie de diligencias sumariales, sobre las que luego dictaba sentencia el soberano, por lo común asesorado por un consejo de juristas”.

El Consejo de Juristas se convirtió en un auténtico tribunal de apelación, ya que conocía de la revocación de las sentencias dictadas en las causas instruidas contra los cadíes. Además, en Al-Andalus el Consejo de Juristas asesoró al soberano en las causas de apostasía, sobre todo cuando ésta consiste en difundir doctrinas heréticas, debido a la necesidad de conocimientos técnicos que permitan examinar su adecuación o no a la revelación. La decisión última correspondía al soberano.

B. Los jueces adjuntos (hakim) y jueces inferiores (mussaddid ). Tanto el Gran Cadí como los jueces de algunas coras o provincias y de las marcas de frontera eran auxiliados por jueces adjuntos (hakim) y por jueces inferiores o mussaddid, que administraban justicia en poblaciones pequeñas.

Jurisdicciones específicas

En Al-Andalus existieron seis jurisdicciones específicas: Hisba, Radd, Mazalim, Mawrat, Surta y Zalmedina.

A. El Almotacén o Zabazoque tenía autoridad en todos los problemas del mercado, incluidas las funciones de policía. Disponía el nombramiento de los alamines gremiales y de los auxiliares. Inspeccionaba pesos y medidas, controlaba la calidad de los productos que se vendía al público y resolvía los litigios que pudieran plantearse entre comprador y vendedor. Si durante sus inspecciones al mercado descubría la existencia de algún delito o fraude, dictaminaba e imponía las sanciones pertinentes, que iban desde la amonestación hasta la cárcel o el destierro.

B. Zabalsorta y zalmedina. 1. El zabalsorta (Sahib al-Surta) era el jefe de la policía ciudadana. Era nombrado por el soberano y se encargaba de enjuiciar las causas penales en las que se inhibía el cadí, aplicando las correspondientes penas.

Según Ibn Hayyán, el creador de esta jurisdicción fue ‘Abd Al-Ramán III, que antes había estado incluida entre las atribuciones del Almotacén. La figura aparece documentada en el siglo IX.

El carácter eminentemente penal de la figura del zabalsorta se comprueba en la existencia de dos surtas o sortas (policías), la gran surta y la pequeña surta, creándose posteriormente la surta intermedia. La jurisdicción de la gran surta abarcaba a la nobleza, la de la surta intermedia a los notables y, probablemente, se creó cuando éstos comenzaron a ser numerosos; la pequeña surta tenía jurisdicción sobre el pueblo.

El cadí podía declararse incompetente para el enjuiciamiento de determinados delitos o para imponer penas que no fueran las reveladas por la ley divina. En estos casos de abstención, el enjuiciamiento corresponde al zabalsorta.

2. El zalmedina (Sahib al-madina). La diferencia entre el zabalsorta y el zalmedina no aparece clara en algunos periodos históricos, quizá porque se conocía con el nombre de zalmedina a una y otra figura. El cargo de zalmedina era relevante y destacado socialmente, por ello era desempeñado por personas pertenecientes a la nobleza o por notables muy destacados. El zalmedina ejercía funciones delegadas por el soberano.

Si bien el cadí reunía en un principio toda la autoridad judicial, la necesaria especialización de la justicia dio lugar a la creación de este juez de menor jerarquía, quien conocía de los asuntos criminales y de policía. Cuando los soberanos omeyas dejaban Córdoba para dirigir una aceifa, dejando a uno de sus hijos como lugarteniente general, el zalmedina debía acompañarle en todos los actos.

A finales del siglo X había en Córdoba tres zalmedinas, uno para la ciudad, otro para Madinat al Zahra y el tercero para Madina Zahira.

Pero la distinción entre ambas figuras fue diluyéndose con el tiempo, según López Ortiz el zabalsorta ha pasado a los fueros municipales con el nombre de zalmedina. Es un funcionario de policía, jefe de la sorta o policía, y, mediante ella, de la ciudad o medina. El zabalsorta termina por convertirse en el único juez de lo criminal, hasta el punto de que el cadí sólo aplica la penalidad en el derecho privado, es decir, en los crímenes sometidos a la justicia privada, y en delitos cometidos en el ámbito religioso.

La sorta pasó de ser la guardia personal del soberano, a ser la policía de las ciudades más importantes e intervenía en los asuntos de más gravedad. En contraposición, la hisba, cuyo jefe era el Mustasaf, quedó como policía urbana. El Mustasaf nunca llegó a tener funciones de verdadera decisión, sino que se limitó desde el principio a intervenir en las batallas del mercado.

Continuará

Es jueza sustituta adscrita al Tribunal Supremo de Justicia región Murcia, España.

Tomado de: monografias.com

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