La Gaceta Jurídica

El fantasma de la reelección presidencial indefinida

…puede tener fines políticos altruistas, como el hecho de no dejar truncados los proyectos de desarrollo planeados durante el periodo de gobierno; sin embargo, ¿es posible conciliar la reelección indefinida con un sistema democrático?

La Razón (Edición Impresa) / Alan Vargas Lima*

00:00 / 03 de febrero de 2015

En octubre del pasado 2014, y cuando ya se conocían los resultados preliminares de las elecciones nacionales que daban un amplio margen de victoria al entonces candidato Evo Morales, él mismo descartó la posibilidad de proyectar una reforma a la Constitución para incorporar la reelección presidencial indefinida, no obstante que ya se preveía una presencia de 2/3 en la Asamblea Legislativa, lo que ahora implica un control pleno.

Posteriormente, en enero de este 2015, a tiempo de inaugurar las actividades anuales del Ministerio Público, el Presidente alegó que apelaría al pueblo para que mediante un referéndum se logre una profunda “revolución dentro de la justicia boliviana”, todo ello, sin descartar la posibilidad de realizar una reforma a la Constitución, dado que, inclusive, reconoció que la elección de autoridades judiciales por voto popular no resolvió los problemas en la administración de justicia; lo cual era previsible hace tiempo.

Recientemente, en el acostumbrado discurso presidencial por la “fundación del Estado Plurinacional”, no se hizo referencia alguna a la posibilidad de reformar la Constitución para asegurar la reelección indefinida, tampoco se hizo referencia a la situación económica internacional (caída del precio del petróleo) y su incidencia directa en el contexto boliviano; omisiones que, aunque puedan pasar desapercibidas, no son de ninguna manera irrelevantes, sino de vital importancia en la política boliviana.

Considero importante tomar en cuenta estos antecedentes, porque, si bien la posibilidad de proyectar una reforma constitucional todavía está circulando como un discurso en los pasillos del palacio presidencial –lo que indirectamente se replicará en las oficinas de la Asamblea Legislativa–, es indudablemente una oportunidad perfecta para que el régimen de go-bierno actual asegure la reelección presidencial indefinida.

Por otro lado, que algunas autoridades gubernamentales nieguen tal posibilidad es igual a la promesa que hizo el presidente Morales (hacia el 2008), cuando se comprometió a no postularse nuevamente en las elecciones a realizarse al término de su mandato; una promesa más que no se cumplió, sino que se encubrió a través de una Ley de Aplicación Normativa que tergiversó el sentido de la Constitución.

Ahora bien, de acuerdo a Dieter Nohlen en el Tratado de Derecho Electoral Comparado, disponible en internet, podemos entender por reelección ”el derecho de un ciudadano (y no de un partido) que ha sido elegido y ha ejercido una función pública con renovación periódica de postular y de ser elegido una segunda vez o indefinidamente para el mismo cargo (ejecutivo) o mandato (parlamentario)”.

En América Latina, dada la frecuencia con la cual se prohibía la reelección inmediata de un mandatario, el tema se discutía generalmente bajo el concepto de la no reelección en sus dos variantes: la no reelección inmediata y la no reelección definitiva.

Sin embargo, en la actualidad el panorama ha cambiado notoriamente, dado que en los recientes procesos electorales que se han sucedido en la región muchos presidentes(as) latinoamericanos(as) han sido reelegidos con un buen porcentaje de voto popular, a lo cual debe agregarse, además, que en 2008 y 2009 Ecuador y Bolivia, respectivamente, habilitaron la posibilidad de reelección inmediata a nivel constitucional y, hasta el momento, el único país que realizó un referéndum para posibilitar la reelección indefinida del Presidente fue Venezuela.

Entonces, es evidente que en la región existen regímenes de gobierno caudillistas que dependen de un solo líder (con el consiguiente culto a la personalidad del Presidente, que se permite en muchas partes del mundo, al igual que en Bolivia), que va procurando perpetuarse en el ejercicio del poder político de sus países, precisamente a través de reformas constitucionales que cambien las reglas del sistema político para que la Ley Fundamental prevea la posibilidad de la reelección indefinida del Presidente o la Presidenta.

Ello puede tener fines políticos altruistas, como el hecho de no dejar truncados los proyectos de desarrollo planeados durante el periodo de go-bierno; sin embargo, ¿es posible conciliar la reelección indefinida con un sistema democrático?

Conviene recordar que una de las bases del régimen democrático es precisamente la alternabilidad, vale decir, la posibilidad de renovar o cambiar a las autoridades gubernamentales (o a quienes detentan temporalmente el poder político) y, a través del derecho político, de elegir y ser elegido libremente, brindar oportunidad a las nuevas generaciones de líderes y profesionales, que sobre la base de lo avanzado, con una nueva mentalidad y mejor visión de futuro, sin dar lugar a la improvisación, puedan superar las deficiencias de una determinada gestión gubernamental, proponiendo me-joras en la conducción del Estado, con nuevas alternativas de desarrollo a nivel político, social, económico, etc., logrando arreglar las diferencias entre las distintas regiones del país para cohesionar a toda la sociedad en un solo propósito.

Esta oportunidad es, precisamente, la que se pierde al permitir que un solo régimen de gobierno, con una sola mentalidad y política única de gobierno, pretenda mejorar el destino de un país o quiera brindar solución de una misma forma a todos los problemas, cuando pueden existir mejores alternativas de solución sin afectar los derechos de las personas; ello sin considerar que, además, la eterna permanencia de un solo régimen de gobierno provocaría inevitablemente copar todas las instituciones y el resquebrajamiento de todo el sistema democrático.

En definitiva, si se abre la posibilidad de reformar la Constitución para lograr cambios trascendentales en la realidad boliviana y, con ello, la eventualidad de permitir que un(a) gobernante se quede en la silla presidencial por el tiempo que a él(ella) le plazca, se incurriría en un grave retroceso democrático y se cometería un gran error.

Lo anterior porque “la continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerlo y él se acostumbra a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía (…)” (Simón Bolívar. Discurso ante el Congreso de Angostura, 1819).

Consecuentemente, no parece existir punto de coincidencia entre un sistema democrático representativo y participativo de gobierno frente a la posibilidad de habilitar la reelección presidencial indefinida o ilimitada.

No es posible menospreciar el sacrificio de nuestros antepasados y dejar que los más de treinta años de democracia boliviana hayan transcurrido en vano, sino, más bien, nos corresponde aprender a valorar las ventajas de una pacífica convivencia en libertad, para nosotros y nuestras futuras generaciones.

*    Es abogado maestrante en Derecho Constitucional (UMSA) y responsable del blog jurídico Tren Fugitivo Boliviano, http://alanvargas4784.blogspot.com

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia