La Gaceta Jurídica

La figura de la alternabilidad

Realidades jurídicas

Gabriel Peláez G.

00:00 / 24 de enero de 2014

La decisión conocida del Tribunal Constitucional Plurinacional (tcp), en una interpretación absolutamente antojadiza del texto de la Constitución Política del Estado (cpe), ha repuesto una discusión que ya estaba cerrada en cuanto al tema de la posible reelección del Presidente y el Vicepresidente del Estado.

En efecto, el artículo 87.I de la Constitución anterior a la actual señalaba: El mandato improrrogable del Presidente de la República es de cinco años. El Presidente puede ser reelecto por una sola vez, después de transcurrrido, cuando menos, un periodo constitucional.

El inciso II añadía: “El Vicepresidente no puede ser elegido Presidente ni Vicepresidente de la República en el periodo siguiente el que ejerció su mandato”. El artículo 168 de la Constitución Política vigente ha cambiado ese panorama con el siguiente texto: “El periodo del mandato del Presidente o Presidenta y de la Vicepresidenta o Vicepresidente del Estado es de cinco años y pueden ser reelectas o reelectos por una sola vez de manera continua”.

La diferencia entre ambos textos resulta notaria. El de la Carta Magna anterior acogía la modalidad de no reelección sino después de transcurrido un periodO (o sea, cinco años). La actual acoge la modalidad de permitir la reelección, pero sólo una vez en forma continua (o sea, otros cinco años).

Paradógicamente, empero, una disposición transitoria (la Primera de la Constitución vigente, puesta con el propósito de no dejar dudas en torno a la situación que pudiera presentarse en un futuro inmediato) ha sido utilizada para dar paso a una nueva modalidad que no es la de la primera reelección permitida por el texto analizado del artículo 168.

Aquella disposición transitoria (Inciso II) dice que “Los mandatos anteriores a la vigencia de esta Constitución (Promulgada en 7 de febrero del 2009) serán tomados en cuenta a los efectos del cómputo de los nuevos periodos de funciones”.

Lo dispuesto por el ya señalado artículo 168 de la Constitución nueva quedó en la práctica sin aplicación alguna, porque el fallo del Tribunal Constitucional dio la posibilidad de que los actuales Presidente y Vicepresidente del Estado Plurinacional pudieran postularse de nuevo; lo reiteramos, no por primera vez, que era lo permitido, sino por una segunda vez, extremo que no está en el texto constitucional.

Como el panorama que se presenta o se vislumbra en el país tiende, de aquí a cinco años, después del tercer periodo, a intentar otra “rereelección”, lo más probable es que en este caso acabe reformándose el texto constitucional y se opte por la modalidad del sistema de reelección indefinida.

Téngase en cuenta que, y de cara sólo al panorama que tenemos ahora, varios países sudamericanos suprimen toda posibilidad de reelección, otros han optado por la modalidad (que fue la de nuestra anterior Carta Magna) de una reelección, pero después de pasado un periodo (o sea, cinco años).

Otra opción es la que actualmente está en el texto incumplido de la Constitución: reelección por una sola vez en forma continuada (misma modalidad que existe por ejemplo en Estados Unidos).

Nos preguntamos, ¿por qué tanto debate, por qué varias modalidades, todas discutidas en torno a un tema que aparentemente no presenta demasiadas aristas para aparecer tan conflictivo?

Es que si nos adentramos en los vericuetos de la democracia, el panorama se torna más complejo. Y es que aquí aparece el principio de la alternabilidad respecto de las funciones de mayor jerarquía dentro del Gobierno de un Estado.

Los problemas que aparecen cuando, precisamente, se trata de desconocer esa característica resultan evidentes. Y es ésta la situación que justamente está apareciendo cada vez con más claridad en relación a las elecciones de este año para Presidente y Vicepresidente del Estado.

Los candidatos oficialistas ya habrán completado hasta la próxima elección casi nueve años de gobierno y, si son elegidos (como es más que probable), podrán completar catorce años de gobierno. Como también es probable que intenten repetir la reelección, podrán acercarse a los veinte años de gobierno. Estamos hablando de supuestos periodos constitucionales continuados y de las mismas personas.

Pero, tenemos que preguntarnos si también una situación parecida (porque la descrita antes es absolutamente extrema) se da y se observa en otros países.

Tendrán que haber razones.

Una de las principales es aquella que se le entrega en bandeja al candidato gobernante a la reelección todos los instrumentos del poder presidencial para que los use casi a su antojo.

Se podrá decir que esto último, en buena parte, dependerá de qué país se trate y de qué gobiernos y gobernantes se trate. Es cierto. Que este extremo ocurra en un país de Europa o en Estados Unidos donde se permite una reelección continua no es muy probable por razones históricas y socio-políticas.

Pero nuestro país y, probablemente, varios otros de América Latina son precisamente los más propicios a qué se conviertan en escenarios de aquel panorama.

De esta manera, hemos dictado “sin querer queriendo” una auténtica “Ley del Embudo Electoral”, cuyo destino es obviamente no sólo permitir la reelección de los actuales gobernantes, sino más bien “asegurar” que la misma se produzca.

Es proclamar a los cuatro vientos que la norma que permite tal extremo no sólo reniega de la alternabilidad consustancial a la democracia, sino que consagra la vigencia de un sistema absolutamente injusto, pero, además, totalmente inequitativo y abiertamente discriminatorio.

O sea que a las reelecciones no hay que verlas sólo como un jueguito político, son mucho más serias que eso y de muchas mayores consecuencias.

Es abogado, analista de la constitucionalidad y ensayista.

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