La Gaceta Jurídica

El futuro de la abogacía y la formación del abogado

(Parte I)

Foto: eduardobayon.wordpress.com

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Ramón Mullerat

00:00 / 23 de septiembre de 2014

La abogacía del futuro (1)

Nuevo mundo

En 1899, el director de la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos recomendaba a su gobierno el cierre de dicha oficina alegando que “todo lo que podía inventarse estaba ya inventado”.

Manuel Castells afirma que, como resultado de la revolución en el campo de la información, de las crisis paralelas del capitalismo y del estatismo y del florecimiento de movimientos socio-culturales tales como el libertarismo, los derechos humanos, el feminismo y el medioambientalismo, hemos entrado en un nuevo mundo (2).

Noción de la globalización

Aun siendo un proceso multidimensional (3), la globalización o mundialización (4) es fundamentalmente un fenómeno económico (5) derivado de la evolución técnico-científica y de determinados factores que han tenido como efecto la eliminación de los controles estatales y que han ayudado a liberalizar los intercambios comerciales.

La globalización de la economía constituye el resultado de la fusión de los diferentes mercados nacionales en un enorme mercado global (6) [la “aldea global” (7)].

Thomas Friedman (8) define la globalización como la inexorable integración de los mercados, de los estados-nación y de las tecnologías a un nivel nunca presenciado, de forma que permite a las personas, empresas y estados-nación llegar más lejos, de forma más rápida, más profunda y más barata que nunca y de forma que permite también al mundo llegar más lejos, más rápido y de forma más profunda y más barata que nunca a las personas, a las empresas y a los estados-nación.

Precedentes

El filósofo italiano Giovani Vico afirmaba que la historia se repite de forma cíclica (9). Sin embargo, es difícil encontrar un precedente equiparable de este nuevo mundo en el que se han producido cambios tan drásticos y omnicomprensivos. Podemos evocar el inicio del Neolítico, el descubrimiento del fuego, de la rueda o de la prensa de Gutemberg y, más recientemente, el motor a vapor, el ferrocarril, el telégrafo (10) o el teléfono (11).

No obstante, algunos de estos precedentes son demasiado remotos (el Neolítico, el fuego, la rueda) o no generaron una era verdaderamente nueva (prensa, ferrocarril, teléfono). Incluso algunos de los acontecimientos que cambiaron el curso de la historia no sucedieron en tan corto periodo de tiempo. Mientras que la revolución industrial tuvo lugar en tres oleadas a lo largo de dos siglos (12) (de modo que algunos le niegan el nombre de “revolución” como cambio histórico súbito y agudo), este nuevo mundo se inició con la caída del Muro de Berlín y la revolución tecnológica se ha producido en menos de quince años.

Especificidad de la actual globalización

La globalización no es un fenómeno nuevo en la historia. Ha habido muchos intentos de globalización del mundo tal como era conocido en su momento: Grecia, Alejandro Magno, Roma, Carlos V, Napoleón, etc. La actual globalización es comparable con las anteriores, pero resulta de mayor alcance e intensidad (13).

Desde el nacimiento del estado-nación moderno, los países han efectuado retrocesos y avances entre la búsqueda de una mayor integración con el resto del mundo (globalización), mientras que los grupos locales han tratado de lograr una mayor autonomía (localización) (14). Pero, a pesar de la última victoria de la globalización y la localización, hasta ahora su impacto ha sido débil y fugaz.

La espectacular aceleración de la globalización y la localización y los constantes cambios que han provocado distinguen las décadas finales del siglo XX de los periodos anteriores. El crecimiento del comercio y de los movimientos internacionales de capital fue tan rápido en los primeros diez años del siglo XX como en la última década del siglo, pero la actual globalización es de distinto orden, en particular por razón de la creciente cantidad de mercancías que se exportan actualmente, de los avances en la tecnología, de los cambios en la composición de los flujos de capital y de la función más relevante de los organismos internacionales, de las ong y de las empresas transnacionales (15).

Efectos de la globalización sobre la economía

La globalización afecta al mundo entero. La nueva economía está interrelacionada y es interactiva. En los últimos diez años, el comercio ha crecido dos veces más rápidamente que la producción mundial. El comercio total (exportaciones+importaciones) es ahora 16 veces mayor que lo que era en 1950 y la Organización Mundial del Comercio (omc) prevé que crecerá más. Algunos predicen que la globalización producirá inmensos beneficios ya que el crecimiento a largo plazo depende de una mayor productividad e innovación y los incentivos para ambas dependen del ámbito del mercado.

Como sea que el mercado global es el mayor de los ámbitos posibles para un mercado, se dan todos los componentes para que prospere el comercio internacional. Muchos creen que la globalización no es solamente algo bueno, sino un gran salto hacia adelante en la historia que elevará el nivel de los derechos humanos de la justicia, de la ética y del sistema de gobierno de las empresas en todo el mundo (16).

Otros muchos, en cambio, sostienen que, a menos que la economía globalizada se regule adecuadamente, la misma seguiría agravando la desigual distribución de la riqueza.

Crisis de la globalización

La globalización en sí no es ninguna panacea. Es indiscutible que la misma genera mayor riqueza, pero muchos sostienen que hace a los ricos más ricos y a los pobres más pobres (17). De ahí las protestas de Seattle, Praga, Niza y Génova (18).

Con el fin de la guerra fría han desaparecido las divisiones ideológicas. La mayoría de países proclama su lealtad a los mercados globales. Pero una división inextricable va tomando forma, esta vez basada en la tecnología. Una pequeña parte del planeta (aproximadamente 15% de la población) proporciona la casi totalidad de las innovaciones tecnológicas del mundo; una segunda parte (la mitad de la población) adopta esas tecnologías en la producción y el consumo; la parte restante (un tercio de la población) se halla desconectada desde el punto de vista tecnológico, sin innovar ni adaptar tecnologías extranjeras (19).

Georges Soros (20) se lamentó de que el desarrollo de la economía global no ha ido a la par con el desarrollo de una sociedad global. La unidad básica de la vida política y social –dice– continua siendo el estado-nación. El derecho internacional y las instituciones internacionales no realizan esfuerzos suficientes para impedir la guerra y las violaciones de los derechos humanos.

Las amenazas a la ecología no están siendo adecuadamente abordadas. Los mercados financieros globales se hallan fuera del control de las autoridades nacionales e internacionales. Añade que muchas actividades no pueden ni deben regirse puramente por las fuerzas del mercado, incluyendo los más importantes aspectos de la vida humana, desde los valores morales y las relaciones familiares a los logros estéticos e intelectuales.

El fundamentalismo de mercado trata de extender su influencia a esas áreas en forma de imperialismo ideológico. Según este fundamentalismo, todas las actividades sociales e interacciones humanas deben considerarse relaciones contractuales y ser valoradas desde el punto de vista de un único común denominador, el dinero.

Las actividades deberían regularse lo máximo posible por nada más impertinente que la mano invisible de la competencia en la maximización de los beneficios. Las incursiones de la ideología de mercado en campos alejados por completo de los negocios y la economía están teniendo efectos sociales destructivos y desmoralizantes.

Pero el fundamentalismo de mercado es tan poderoso que toda fuerza política que ose resistirse al mismo es tachada de sentimental, ilógica e ingenua. Sin embargo, la realidad es que el fundamentalismo de mercado es, en sí mismo, ingenuo e ilógico. Incluso si dejamos a un lado las grandes cuestiones morales y éticas y nos centramos en el terreno económico, la ideología del fundamentalismo de mercado falla completamente por su base.

Soros opina que si se atribuye facultades plenas a las fuerzas del mercado, incluso en los campos puramente económico y financiero, las mismas producen el caos y podrían llevarnos, en última instancia, al desmoronamiento del sistema capitalista global. Como acertadamente señala Stanley Fischer, exdirector del Fondo Monetario Internacional (21), no todas las críticas a la globalización deben considerarse proteccionistas o aislacionistas; muchos de los ataques a los gobiernos, empresas o instituciones internacionales basados en la antiglobalización son válidos y sólo reclaman una “globalización mejor”.

De ahí que haya que exhortar a los países desarrollados a levantar las restricciones sobre el comercio agrícola que injustamente deja fuera de los mercados mundiales a los países en vías de desarrollo. En Génova quedó claro que la preocupación de los críticos de países industrializados por el daño potencial a los derechos sociales y al medio ambiente derivados de la globalización no puede ser tomada a la ligera.

Gobierno global

En la misma línea, Reginald Dale (22) sostiene que muchos de los problemas de hoy en día (delincuencia, enfermedades, contaminación, movimientos deses- tabilizadores de capital) no quedan confinados en el interior de las fronteras nacionales y no pueden ser resueltos por los gobiernos de forma individual. Las fronteras son cada vez más porosas como consecuencia de la caída de las barreras económicas, de la velocidad de las comunicaciones y de los movimientos de capital y de la capacidad de las sociedades multinacionales para operar virtualmente desde cualquier lugar.

El resultado de ello es que el estado-nación tradicional, ligado a un pedazo de territorio, es cada vez menos capaz de hacer frente a los problemas que afectan a sus ciudadanos. Las instituciones internacionales luchan para hacerles frente, pero se las ataca por falta de legitimidad o por ineficacia. Los críticos en países ricos y en pobres atacan a las instituciones financieras internacionales como el Fondo Monetario Internacional (fmi) y el Banco Mundial (bm), especialmente por falta de legitimidad y responsabilidad democráticas.

Este nuevo mundo precisa un “gobierno global”: una forma nueva y cooperativa de dirigir los asuntos mundiales como respuesta a los enormes cambios que la globalización y los avances tecnológicos traen. Pero existe aún multitud de opiniones respecto de la forma que debe adoptar este “gobierno global”. Las propuestas van desde planes quiméricos para una democracia global a propuestas más realistas consistentes en asociaciones de gobiernos, organizaciones internacionales, empresas y sociedad civil para hacer frente a los problemas económicos o medioambientales.

La solución no es un gobierno mundial, sino más bien un estrato adicional que sea democráticamente responsable de la adopción de decisiones internacionales por encima de los gobiernos nacionales (23). Un “gobierno global” salvaguardaría la paz, los derechos humanos y los recursos del planeta, regularía la competencia y garantizaría la no discriminación.

Globalización del derecho

El Derecho, demasiado fragmentado

Si bien gran parte del comercio y demás relaciones humanas operan globalmente, el Derecho y la administración de justicia continúan siendo materia nacional y fragmentada y la carencia de leyes a escala mundial resulta evidente (24). El mercado mundial ha sido descrito como un nuevo Oeste Salvaje, un sistema en el que sin perjuicio de algunas normas, a menudo prevalece un poder ilimitado (25).

Armonización y unificación del Derecho

Al ser las relaciones humanas cada vez más internacionales y complejas, el Derecho precisa ser más global mediante un proceso de armonización e incluso de unificación (26). El fenómeno de la globalización ejerce gran presión sobre muchos campos del sistema jurídico mundial, la privatización, la insolvencia, la propiedad industrial, el comercio electrónico, la protección de datos, la lucha contra el terrorismo, la corrupción, etc.

La codificación del Derecho internacional va igualmente eliminando muchos de los riesgos que comportan las operaciones internacionales. Creo que ello será pronto aplicable, por ejemplo, al comercio electrónico. Si bien la Directiva del Parlamento Europeo (2000/31/EC) sobre comercio electrónico es de aplicación solamente a los prestadores de servicio establecidos en la Unión Europea (ue), fue redactada con especial cuidado para evitar contradicciones con tendencias jurídicas en otras partes del mundo (27).

Es importante relatar la acción de los agentes del movimiento unificador entre los que destacan el Instituto para la Unificación del Derecho Privado (Unidroit) y sus trabajos sobre el derecho de la venta internacional de mercancías y la Comisión para el Derecho Internacional y el Derecho Mercantil de Naciones Unnidas (Uncitral) que promueve la armonización del derecho mercantil internacional (contratos de venta internacional de mercancías, letras de cambio y pagarés internacionales, insolvencia transfronteriza, comercio electrónico).

Las Conferencias de La Haya colaboran también en la promoción del derecho internacional y otras organizaciones internacionales han avanzado en la unificación del derecho del transporte, los derechos de autor y el derecho laboral. Finalmente, el American LawInstitute (ali) (derecho procesal internacional global) y la Unión Europea (directivas sobre consumidores, sobre responsabilidad por productos defectuosos, derecho de sociedades, derecho bancario, etc.) merecen especial mención en la armonización del Derecho (28).

Igualmente existe una convergencia de normas encaminadas a garantizar que el comportamiento global de las empresas se realice dentro de límites jurídicos y éticos adecuados. Éste es el caso de Estados Unidos (“Foreign Corrupt Practices Act 1977”), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (ocde), el proyecto de Declaración Universal de Responsabilidades Humanas de 1997, etc.

Sin embargo, queda mucho por hacer en el campo del blanqueo de dinero, secreto bancario, transparencia en la contabilidad y demás manifestaciones de la lucha contra la corrupción, etc. Por su lado, la lex mercatoria moderna se evidencia en la tendencia de los juzgados y tribunales arbitrales a confiar en sus propias resoluciones a fin de crear un patrón de jurisprudencia comercial internacional uniforme.

Desde el punto de vista jurisdiccional, los Convenios de Bruselas y de Lugano en la ue y el proyecto de Convenio sobre jurisdicción y sentencias extranjeras de La Haya son otros pasos importantes hacia la globalización del derecho (29).

Notas

1. En este capítulo me baso en el mi artículo publicado en La Ley de 15 de octubre de 2001, titulado “Globalización del mundo. Globalización del Derecho. Globalización de los abogados”.

2. Manuel CASTELLS, End of Millennium, 1998, p. 336.

3. Manuel CASTELLS, Globalización y antiglobalización, El País, 24 julio 2001.

4. Las lenguas latinas utilizan el término mundialización, mondialisation, mundializaçao, ya que “global” significa “integral”.

5. Sobre los significados de “Globalisation”, véase Philippe HUGON, “L’évolution de la pensé e économique et la mondialisation”, Mondialisation.

6. Michael CHISSICK y Alistair KELMAN, Electronic Commerce-Law and Practice, 1999, p. 2, dicen que la actual revolución tecnológica es equiparable a la revolución del transporte. La creación del ferrocarril significó que los productos locales podían venderse a nivel nacional en lugar de regional y respaldó la creación de un sistema nacional de marcas y reputación comercial. Pero el ferrocarril también llevó a la creación de los periódicos de ámbito nacional y los viajes de vacaciones de fin de semana y supuso una mejora de la salud de la nación al hacer posible un más amplio acceso a los productos perecederos tales como el pescado y la fruta. Es este último tipo de cambios el que domina nuestra percepción moderna del ferrocarril más que el aspecto económico de los viajes en ferrocarril.

7. Marshall McLuhan, The Gutemberg galaxy: “The new electronic interdependence recreates the world in the image of a global village”.

8. Thomas L. Friedman, The lexus and the olive tree, 1999, p. 9.

9. Giovani Vico, corsi e ricorsi.

10. Tom STANDAGE, The Victorian Internet, 1998, p. 2, dice: “Today the Internet is often described as an information highway; its nineteenth century precursor, the electric telegraph, was dubbed the highway of thought… The equipment may be different, but the telegraph’s impact on the life of its users was strikingly similar”.

11. Muchos periodos de la historia han sido considerados una nueva era. Por ejemplo, el reinado de Enrique VIII. Peter Ackroyd, The life of Thomas More, 1998, p. 131: “It is hard to think of any other country, or reign in England which opened with such hopes”.

12. Clive Trebilcock, “The industrialisation of modern Europe”, in The Oxford history of modern Europe, 2000, p. 47.

13. Thomas L. Friedman, op. cit., p. XVII.

14. Murray Gellman, “Transitions to a more sustainable world”, Scanning the future, 2000, p. 73: “The world is experiencing simultaneous trends toward unity and toward fragmentation within that unity”.

15. Shahid Yusuf, The changing development landscape, 36/4 Finance and Development, 15 de diciembre de 1999.

16. Dudlay Fishburn, “The world in 2001”, The Economist.

17. El presidente de Tanzania, Benjamin William Mkapa, expresó el 26 de enero de 2000 en Davos la frustración de África respecto de las deficiencias de la globalización: “The evidence points to exclusión rather tan integration, deprivation rather tan benefit”. Otros, como Dudley Fishburn, “The World in 2001”, creen que para un tercio de la población mundial (China, India) la prosperidad aumentará al doble de la velocidad del mundo rico. Por su parte, William Greider considera que la superproducción y el desequilibrio de la oferta y la demanda pueden desestabilizar la economía global.

18. Martin Wolf, “In defence of global capitalism”, Financial Times 8 de diciembre de 1999, dice que la reacción violenta contra la globalización no es sorprendente y que las pasiones que han caracterizado al siglo XX no se han desvanecido. Entre ellas, la hostilidad hacia el mercado, el temor ante la ciencia y tecnología modernas, la ansiedad respecto del cambio social y económico y la nostalgia de un mundo más sencillo y espiritual.

19. Jeffrey Sachs, “A new map of theworld”, The Economist, 24 de junio de 2000.

20. Georges Soros, The crisis of global capitalism, 1998, pp. XX y XXVI.

21. Citado por Gerard Balker, “Critics of globalization promised a hearing”, Financial Times, 28 de agosto de 2000.

22. Reginald Dale, “A new debate on ‘Global governance’”, Herald Tribune, 25 de Julio de 2000, p. 5.

23. Un ejemplo es la autoridad global en materia de competencia preconizada por Joel Klein en el Alto Funcionario sobre Competencia de Estados Unidos, Paul Meller, “US calls for global regulator”, European Lawyer, ctubre de 2000, p. 4.

24. Martin D. Cargas, “Globalisation: the new world order”, Anheuser Busch Update, diciembre de 2000: “While it is easy to declare a free market, it is far harder to establish the rule of law that will protect commercial transactions and a free press that will expose government corruption”.

25. Jay Mazur, presidente de Unite (Sindicato de trabajadores textiles americanos), citado por E. J. Dionne Jr. “Free trade critics are right to worry about the new inequalities”, International Herald Tribune, 7 de junio de 2000. Mahattir Mohamed, primer ministro de Malasia, comparó los mercados de capitales de hoy con una “jungla de animales feroces”.

26. Kofi A. ANNAN, Global law in procedure, 1997, prólogo, p. V.

27. The European Lawyer, “E-Commerce frame work directive nodded through by Strasbourg”, junio de 2000, p. 6.

28. Zweigert Krophallan, Quell en des International en Einheit rights, 1971.

29. Ver, por ejemplo, los trabajos del simposio A global law of jurisdiction and judgements: A lesson from the Hague, Paris, Sorbone, 7-8 de julio de 2000.

Es abogado, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona; expresidente del Consejo de los Colegios de Abogados de la Unión Europea (CCBE).

Tomado de: uam.es

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