La Gaceta Jurídica

La idea de la Constitución a través de la historia

El término politeia era utilizado para designar la “forma de ser” de la “comunidad” o Estado-ciudad; era, por tanto, un concepto material de Constitución.

Foto: pedro-mota.blogs.sapo.pt.

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Rolando Durán Dávila

00:00 / 25 de noviembre de 2015

Para dar una sumarísima explicación de la evolución de la “idea” de la Constitución nos apoyaremos en las sintéticas pero concretas y esclarecedoras líneas de Fix-Zamudio y Valencia Carmona, así como en las de Rolando Tamayo y Salmorán.

Grecia

El término politeia era utilizado para designar la “forma de ser” de la “comunidad” o Estado-ciudad; era, por tanto, un concepto material de Constitución (1).

En aquélla época no era, siquiera, atisbado el concepto actual de Constitución (Constitución normativa). El concepto que imperaba era el de una Constitución como algo meramente social; es decir, la politeia incluía toda índole de reglamentaciones que regían a toda la sociedad, yendo más allá de las meras reglamentaciones fundamentales del Derecho; en suma, el concepto de Constitución de la antigüedad era descriptivo: la Constitución era solo una mera forma de ser de la “comunidad” (2).

Por el libro de Pampillo Baliño, Historia General del Derecho, hacemos una alusión a la idea griega del Derecho como corolario para entender la “materialidad” del concepto griego de Constitución.

En primer lugar, cabe apuntar que la reflexión griega es cosmológica y concibe al mundo como un “universo ordenado” dentro del cual el ser humano se desenvuelve como sujeto –y, a la vez, como objeto– de la reflexión y donde, de cierta forma, el hombre mismo es propuesto como centro del universo: antropocentrismo.

En segundo lugar, los griegos manifestaron una predilección por la expresión simbólica, lo cual hizo de su lengua el sustrato mismo de nuestra cultura. (…) si el espíritu griego se detiene en lo particular concreto, lo hace solo en tanto es capaz de evocar y suscitar la comprensión de lo general abstracto, es decir, en la medida en que nos ofrece una resonancia universal de sus congéneres y en tanto que supone una realización sensible y particular de una noción intangible y universal. Y aquí es donde estriba precisamente la clasicidad (sic) de la cultura griega: en la formulación simbólica de realidades condensadas en un acervo de ideas, nociones y conceptos universales que recogen la palpitación profunda de realidades concretas (3).

De ahí, como apunta Pampillo Baliño, que su mitología es mucho más que el producto de una religiosidad primitiva, es expresión de su “espíritu simbólico”.La idea griega del Derecho está caracterizada por:

a) ser novísima, pues antes de la reflexión griega no existía una idea clara del Derecho;

b) buscar una expresión simbólica de manera relativamente abstracta;

c) iniciar su tránsito hacia la secularización;

d) inscribirse contemporáneamente dentro del contexto del hombre y del cosmos y

e) estar referida, en tanto que idea humanista del derecho, a la polis, misma que es conceptuada en sí misma como un microcosmos, o sea, como una inarticulación (sic) armónica de sus elementos varios en la medida en que el hombre es un animal social.

Por último, esta idea humanista y política del derecho está también arraigada en la idea de la educación del ciudadano en la virtud social (paideia) (4).

No siendo nosotros historiadores y menos aún historiadores del Derecho, no podemos aventurar conjeturas sostenidas y sofisticadas cuanto bastante cimentadas respecto a los “temperamentos” que permeaban en aquella época.

Estos temperamentos provocaron el paradigma de la Constitución griega en tanto que politeia (politeia), sino, y en base a lo ya dicho, solo especular preventivamente –si cabe decirlo y ciñéndonos o constriñéndonos a la idea griega del Derecho– y si acaso aventurar –permitiéndosenos la osadía– una opinión respecto a la razón por la cual la idea griega de la Constitución fue como se describió.

Así, consideramos que al igual que la idea griega del Derecho –en tanto que idea secularizada y contextualizada en el ámbito del kosmós y referida específicamente al ser humano y cuya marca señera consiste en su carácter ético enclavado en la Paideia, así como la originalidad de la reflexión griega en tanto que ocupada de resolver las cuestiones relevantes del “más acá” (en contraposición con las reflexiones místicas y hasta religiosas relativas al “más allá”)– tanto el Derecho como la “polis” y, en consecuencia, la “politeia”, eran concebidos como “cosas naturales”; es decir, cosas que “son” (ser) por naturaleza, cosas que ya están en la naturaleza.

De ahí el porqué, creemos, el carácter meramente descriptivo del concepto de Constitución (politeia).

Roma

Curso obligado es pasar por Roma, cultura cuna del Derecho. Basta, como dice Rolando Tamayo y Salmorán, una sola palabra para señalar la importancia de Roma en la historia universal: iurisprudentia.

De Roma proviene, efectivamente, la palabra Constitución. Así, Constitución deriva del vocablo latino consitutio (onis), el cual, a su vez, deriva del verbo latino constitutuere que significa poner, colocar, levantar, construir, fundar (así, por ejemplo: Virgilio dijo “Urbem quam statu vestra est”, La ciudad que creo es vuestra).

Por su parte, el verbo statuere viene de status, que, a su vez, deriva de sto y significa acto de estar en pie, situación de lo que está quieto o en reposo, postura, actitud, estado, situación (por ejemplo: Cicerón señaló “Oratoris status eriterectus et celsus”, el orador se mantendrá derecho, erguida la cabeza; por su parte, Cicerón exclamó “Status signi”, la actitud de una estatua).

El uso dado a la palabra Constitución en Roma, hay que decir, no fue unívoco. Los significados (5) más importantes de la palabra Constitución son los siguientes:

a) Estado, postura, condición, carácter, constitución. Así, por ejemplo, cuando Cicerón dijo Constitutio Corporis se refirió a “el estado del cuerpo”, “complexión”, “la forma de ser de algo”;

b) Arreglo, disposición, orden, organización. Así cuando Cicerón señaló Constitutio republica lo hizo para referirse al orden o la forma de la comunidad, y

c) Norma. Así cuando Quintiliano expresó Justum omne continetur natura vel constitutione, que significa “lo justo se basa en la naturaleza o en la ley” o bien cuando Florentino (Digesto I.V.4.1) indicó Servitus est constitutio iuris gentium, qua quis dominio alieno contra naturam subiicitur, que quiere decir “la esclavitud es una constitución (norma) del derecho de gentes por la que alguien está sometido contra naturaleza al dominio ajeno” (6).

Según apunta Tamayo y Salmorán (página 38) existen otras palabras que sirven para entender el significado de constitutio: constitutum, que significa convención, acuerdo, pacto; constituere, que significa construir, fundar, instituir, disponer.

Así, por ejemplo, Julio César manifestó Constituere oppidum, Fundar una ciudad; Cicerón exclamó Constituere coloniam, Fundar una colonia; Neponte dijo constituere urben, Fundar una ciudad; Hermogeniano (Digesto I.V.2) señaló Hominum causa omne ius constitutum est, Todo el derecho ha sido constituido (instituido) por causa de los hombres).

Dentro de la “jerga jurídica”, dice Tamayo y Salmorán (página 38), el término constitutio  discrimina varios de los significados ordinarios para significar, principalmente “lo que es establecido jurídicamente”. A su vez, constituere pasa a significar, en la jerga jurídica, “constituir, crear una relación u obligación jurídica”.

Sin embargo, al pasar del tiempo, por constitutio se entendió un acto legislativo en general o su resultado. Constituere iura (ius), establecer normas; esta expresión es aplicada a todo tipo de actividad creadora de Derecho (ya del Senado, del populus, del pretor, del emperador o ya de los juristas). Cabe apuntar que este uso de constitutio fue el más extendido en la época del Imperio.

Por último, para el Digesto I.IV.1 onstitutio es lo que el emperador ordenaba y que tenía la fuerza de una ley (7). Posteriormente pasa a significar –merced a su objeto– “concesión del carácter de civitates a ciertas comunidades y otorgamiento de la ciudadanía o de ciertos privilegios a los individuos”; en tal razón, constitutio empezó a querer decir “estatuto de una civitatis”. Como se desprende de lo anterior, todo estaba listo para su uso medieval.

Respecto de estos últimos puntos (la constitutio como ley y como concesión de civitates)  es pertinente señalar, como lo hace Tamayo y Salmorán (página 41), que la autoridad de cualquier forma de legislación romana (en general y no solo el de las constituciones) dependía invariablemente de su relación con la lex, puesto que ésta era populus tenutur.

Con esto queremos decir que la autoridad (y obligatoriedad) de las constituciones romanas no dependía tanto de quien la emitiera (v. gr. el emperador) sino única y exclusivamente de la ley (lex). Por tanto, podemos afirmar que la lex es la forma originaria; las demás formas legislativas derivan su autoridad de la propia lex.

Por ley entendieron los romanos, en palabras de Gayo, “(…) lo que el pueblo ordena y ha establecido” (8). Cuatro siglos después, Justiniano, en sus institutas, la define como todo aquello que “(…) el pueblo romano acostumbra establecer a instancia de un magistrado senatorial, por ejemplo, un cónsul” (9).

Entendido lo anterior, podemos concluir que en Roma las constituciones del emperador valen y tienen autoridad e imperio de ley no por el hecho de haberlas emitido el emperador, sino porque quien las emitió obtuvo su poder de emitirlas a través de una lex dada por el propio pueblo: la lex regia (10). Por tanto, es posible afirmar que, por virtud de dicha lex regia, el emperador recibía nada menos que la totalidad del imperium y potestas del populus.

Redundando un poco, creemos, junto con Tamayo y Salmorán (página 43), que para entender el porqué de la obligatoriedad de las formas legislativas es necesario comprender, ante todo, la naturaleza de la lex.

Lex, como señalamos, era para Gayo “lo que el pueblo ordena y ha establecido”. Esto no es otra cosa que una forma de “obligación” aplicable al opulus en conjunto.

El derecho de la comunidad (res publica)  es la voluntad del conjunto de ciudadanos. La lex es un contrato por el cual los cives se obligan recíprocamente a observar cierta conducta. El sujeto del poder legislativo, no es el Senatus o el princeps colocados por encima de los ciudadanos, sino los propios ciudadanos en su conjunto.

Lex no era una orden o prohibición dirigida a súbditos, sino una convención celebrada entre iguales. En tanto que obligación del populus, ella necesita una stipulatio, el populus es consultado y responde mediante el voto.

Es por lo que Papiniano consideraba que lex era una communis reipublica esponsia. ¿“La lex publica es una convención de todos y, a la inversa, una convención privada es una (lex) para ambos contratantes” (11).

Por último, para acabar con los romanos, basta ahondar un poco sobre la acepción de constitutio, entendida como concesión de civitates.

Tamayo y Salmorán (página 44) sobre esto escribe que el antecedente más importante fue la constitutio del emperador Carcalla, por la cual los habitantes del imperio, organizados en civitates con autonomía local, obtuvieron la ciudadanía romana.

Lo anterior dio pauta a que Roma, paulatinamente, fuera transformándose de ciertas comunidades a civitates, imponiendo una constitución de estilo republicano, es decir, la forma que Roma tenía en la época de la República.

La anterior práctica descrita no era nueva; desde Julio César se tiene registros de dicha situación (12).

Es Importante también, en lo que a la constitutio respecta, señalar que en todo el territorio itálico existieron los municipios, los cuales, al generalizarse el término, fueron equiparados a “ciudades”, con lo cual queremos decir que, a través de las constitutiones (legislación imperial), les fue otorgada la estructura para su cuerpo cívico, es decir, un gobierno local (13).

Por lo anterior, constituere comienza a significar, como ya apuntamos, “establecer o fundar ciudades nuevas”, y constitutio, “fundación o establecimiento de una civitas o comunidad política, por un lado, y por el otro, “otorgamiento de cierto estatus a sus componentes (ciudadanía)”.

Por último, no debemos olvidar que, al constituir una ciudad, dicho acto constituyente (constitución como acción y efecto de constituir) implicaba el otorgamiento de privilegios (como el reconocimiento a sus habitantes de cives –ciudadanos– romanos) y prerrogativas a la dicha ciudad.

Este es un dato que debe tenerse presente para entender, posteriormente, por qué las constituciones medievales fueron, primordialmente, “pactos de privi- legios” celebrados con los estamentos dentro del Estado.

Continuará

Notas

1. “Muchas de las cosas eran explicadas por los griegos conforme al dualismo del todo y de sus partes. La (…polis…) no fue la excepción. Es fácil descubrir que, en cierta forma, para los griegos, la (…polis…) es un compuesto y el componente es el ciudadano. Cabe decir: la (…polis…) es un estrecho círculo de ciudadanos.

“Los ciudadanos componen la (…polis…) de maneras diversas, no todas las (…poleis…) van a tener una forma particular de ser. De todos los diversos significados que puede tener la palabra (…politeia…) ella significa la (…polis…) tal como realmente es, su forma de ser. (…Politeia…) es un término que abarca todas las innumerables características que determinan la peculiar índole de la (…polis…). Es un término puramente descriptivo y en su significado se incluye el mismo uso que nosotros hacemos de la palabra ‘constitución’ cuando hablamos, en términos generales, de la constitución de un hombre o de la constitución de la materia” Tamayo y Salmorán, p. 25 y 26.

2. Es interesante lo que dice Tamayo y Salmorán (página 26) respecto al significado que tiene “polis”: “Politeia se encuentra en íntima relación con polis. Pero ¿qué significa polis? Polis representa más que un concepto político; la traducción usual: ‘ciudad-estado’ no cubre su campo de aplicación. Polis significa la total sociedad y civilización del Estado Griego. La mejor manera de expresar en lengua moderna la idea griega de polis es, más que ‘Estado’ o ‘ciudad-estado’: ‘comunidad’.”

3. Pampillo Baliño, Historia…, página 71.

4. Ídem.

5. Los significados los sacamos de la excelente obra Rolando Tamayo y Salmorán, Introducción…, páginas 37 y 38.

6. Hemos reforzado las citas de Tamayo y Salmorán sobre el tema, auxiliándonos con el hermoso libro de Guillermo Cabanellas, Repertorio Jurídico de principios generales del Derecho, locuciones, máximas y aforismos latinos y castellanos, cuarta edición, Argentina, Editorial Heliasta, 2003.

7. “Quod prinicipi placuit legis habet vigorem; utpote quum lege regia, quae de imperio eius lata est, populus ei et in eum omne suum imperium et potestat em contulit”, lo que ha placido al príncipe tiene vigor de ley; así que por ley regia que se promulgó acerca de su autoridad, el pueblo confirió a aquél y para aquél todo su imperio y potestad”.

8. Tamayo y Salmorán, página 42.

9. Ídem.

10. Así, Tamayo y Salmorán (página 41) señala que “El emperador legisla pero el mismo emperador recibe su imperium justamente por una ley (‘…cum ipse imperator per legem imperium accipiat’): la lex regia”.

11. Ibídem, página 43. De lo últimamente trascrito deriva el famoso principio contractual que reza: “el pacto (o contrato) es la ley entre las partes”.

12. Tamayo y Salmorán (página 45) describe cómo a través de una lex coloniae genetivae fue otorgada a la Colonia Genetiva Julia un gobierno cívico.

13. Recuérdese, como anota Fustel de Coulange (páginas 125 y siguientes), que urbe y ciudad no son lo mismo. “La ciudad era la asociación religiosa y política de las familias y de las tribus; la urbe era el lugar de reunión, el domicilio y, sobre todo, el santuario de esta asociación”. Más adelante, señala el autor en cita: “Entre los antiguos, la urbe no se formaba a la larga, por el lento crecimiento de hombres y de construcciones. Fundábase (sic) la urbe de un solo golpe; totalmente terminada en un día”.

Es licenciado de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma del Estado de México.

Tomado de: durandavila.com

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