La Gaceta Jurídica

La imparcialidad judicial

Foto: turismo20.com

Foto: turismo20.com

La Gaceta Jurídica / Adolfo Alvarado Velloso

00:00 / 23 de octubre de 2012

He de exponer algunas ideas acerca de la imparcialidad judicial como elemento esencial para la realización del debido proceso.Para efectuar tal tarea, debo comenzar necesariamente haciendo un poco de historia.

Orígenes del problema

Con las limitaciones del escaso conocimiento que se tiene de la historia jurídica antiquísima, en un principio todo conflicto intersubjetivo de intereses (1) terminaba por la fuerza que un coasociado ejercía sobre otro más débil.

Así era que, frente a la existencia de un conflicto, la solución sólo se lograba con la realización de un acto de fuerza, usando la razón de la fuerza.

Uso de la fuerza

Si atendemos a la desigualdad natural entre los hombres que integran un conglomerado social, la estructura de todo conflicto puede sintetizarse en que un antagonista está siempre frente al otro y uno de ellos (no importa cuál) es siempre más fuerte que el otro. Lo que lleva a imaginar cuál de los contendientes resultará ganador en la desigual lucha.

En algún momento de la historia las cosas cambiaron. Aunque es imposible saber cómo hizo el débil para convencer al fuerte de que solucionaran sus conflictos por medio de la palabra y no con el brazo armado, lo cierto es que la razón de la fuerza fue sustituida por la fuerza de la razón.

De allí en más se posibilitó el diálogo y, con él, la realización de los medios autocompositivos que operan directamente (desistimiento, allanamiento y transacción) o con la ayuda de un tercero particular (actuando como amigable componedor o como mediador) para disolver el conflicto.

Cuando la autocomposición –directa o indirecta– no era posible, sólo quedaba al pretendiente, como única alternativa final, el proceso judicial ante una autoridad (el jefe de la tribu o del clan, el pretor, el señor feudal, el rey, el juez, etc.).

Y ello generó otro diseño de enjuiciamiento que suplió el uso de la fuerza bruta:

Sistema acusatorio de enjuiciamiento

La idea de proceso, concebido entonces como medio pacífico de debate dialéctico, fue uno de los grandes inventos de la antigüedad, tal vez más importante que el de la rueda, pues posibilitó que el hombre trabajara en paz...

Lo notable del invento consistió en que el duelo –en el cual prevalecía la pura fuerza– seguía existiendo, ya que otra vez se presentaban a pelear dos sujetos antagónicos. Sólo que ahora la discusión se efectuaba dialogal y cuasi dialécticamente ante un tercero que la regulaba y dirigía en carácter de autoridad y que, por ser precisamente un tercero,

a) no era pretendiente ni resistente (es decir, ostentaba la cualidad de impartial, quesignifica no ser parte),

b) no tenía interés personal en el resultado del conflicto (cualidad de imparcial)

c) y no se encontraba en situación de obediencia debida respecto de alguna de las partes en conflicto (cualidad de independencia).

La igualdad es meramente jurídica y de oportunidades, no real. Pero al asegurar esta paridad entre los contendientes, se logró importantísimo hito en la historia de la humanidad: el de la definitiva pacificación de la convivencia social.

Desde ese momento incierto en la historia de la humanidad en el cual se implantó el diseño triangular para mostrar el método de discusión, los conflictos se resolvieron de forma pacífica, hasta que se enseñoreó en la sociedad otro sistema, producto de avatares históricos imposibles de desconocer si se pretende comprender cabalmente el fenómeno en estudio.

Por sus características, la solución triangular se conoce como sistema acusatorio en el cual el enjuiciamiento comienza sólo por acusación o demanda y que es un claro método de discusión entre dos antagonistas.

Método acusatorio de debate

Es un método bilateral en el cual dos sujetos desiguales discuten pacíficamente en igualdad jurídica asegurada por un tercero imparcial que actúa al efecto en carácter de autoridad, dirigiendo y regulando el debate para sentenciar la pretensión discutida.

Es valor entendido por la doctrina mayoritaria que un proceso se enrola en el sistema dispositivo cuando las partes son dueñas absolutas del impulso procesal (por tanto, ellas son quienes deciden cuándo activar o paralizar la marcha del proceso) y son las que fijan términos exactos del litigio a resolver afirmando y reconociendo o negando los hechos presentados a juzgamiento, las que aportan el material necesario para confirmar las afirmaciones, las que pueden ponerle fin al pleito en la oportunidad y por los medios que deseen.

Tal cual se ve, priva en la especie una filosofía liberal que tiene al propio particular como centro y destinatario del sistema. Como natural consecuencia de ello, el juez actuante en el litigio carece de todo poder impulsorio, debe aceptar como ciertos los hechos admitidos por las partes así como conformarse con los medios de confirmación que ellas aportan y debe resolver ajustándose estrictamente a lo que es materia de controversia en función de lo que fue afirmado y negado en las etapas respectivas (2).

Este antiguo sistema de procesamiento es el único que se adecua cabalmente con la idea lógica que ya se ha dado del proceso, como fenómeno jurídico irrepetible que une a tres sujetos en una relación dinámica. Pero este sistema no sólo se aplicó al litigio puramente civil en el pasado remoto: existen noticias que muestran a este fenómeno respecto de la materia penal en las antiguas repúblicas de Grecia y en la misma Roma, en la época de los Comicios.

Y es que la primitiva concepción del juicio penal exigía que fuera iniciado por un acusador (ya que prevalecía el interés particular del ofendido y sus parientes) quien actuaba contra el reo ante la persona que oficiaba como juzgador.

Tanto es así que lo que hoy podría llamarse proceso penal común fue acusatorio desde antes del siglo XII en numerosos países de Europa. Cabe recordar que el sistema dispositivo (en lo civil) o acusatorio (en lo penal) se presenta históricamente con los siguientes rasgos:

• el proceso sólo puede ser iniciado por el particular interesado. Nunca por el juez;

• el impulso procesal sólo es dado por las partes. Nunca por el juez;

• el juicio es público salvo casos excepcionales;

• existe paridad absoluta de derechos e igualdad de instancias entre actor (o acusador) y demandado (o reo)

• y el juez es un tercero que, como tal, es impartíal (no parte), imparcial (no interesado personalmente en el resultado del litigio) e independiente (no recibe órdenes) de los contradictores. Por tanto, el juez es persona distinta de la del acusador;

• no preocupa ni interesa al juez la búsqueda denodada y a todo trance de la verdad real sino que, mucho más modesta pero realistamente, procura lograr el mantenimiento de la paz social fijando hechos litigiosos para adecuar a ellos una norma jurídica, tutelando así el cumplimiento del mandato de la ley;

• nadie intenta lograr la confesión del demandado o imputado, pues su declaración es un medio de defensa y no de prueba, por lo que se prohíbe su provocación (absolución de posiciones o declaración indagatoria);

• correlativamente exige que, cuando la parte desea declarar espontáneamente, lo haga sin mentir. Por tanto, castiga la falacia (3);

• se prohíbe la tortura;

• el imputado sabe siempre de qué se lo acusa

• y quién lo acusa

• y quiénes son los testigos de cargo; etc.

Todo ello muestra en su máximo grado la garantía de la plena libertad civil para el demandado (o reo).

Sistema inquisitivo de enjuiciamiento

Antecedentes

Con las nuevas tareas encomendadas por el Concilio de Letrán (1215) a la organización episcopal inquisitorial creada por Decreto Ad abolendum para que cesaran de una vez y drásticamente las recurrentes herejías que abundaban en la época, el sistema conocido como medio de discusión se convirtió con el tiempo en método de investigación.

El sistema operó por medio de frailes que indagaban buscando pecadores a fin de lograr de ellos su confesión (4) y el consiguiente arrepentimiento con el firme propósito de no volver a pecar.

Andando el tiempo, el papado logró tener notable injerencia en los gobiernos seculares a quienes disputó el ejercicio del poder civil, momento en el cual se decidió convertir en delitos eclesiales a algunas actividades que eran meros pecados, generándose la inquisición papal o inquisición medieval.

A este efecto se utilizó el método ya conocido por la inquisición episcopal: nuevamente se procuró obtener la confesión y el arrepentimiento pues, a la postre, se buscaba la reconciliación del pecador con la Iglesia. Sólo que ahora era por medio de la tortura, para ayudar al alma a arrancar el pecado de su seno, y la condena por herejía se acompañaba con la orden de absoluta expropiación de los bienes del condenado.

Ahora aparece un método de enjuiciamiento alejado en su estructura de aquél que la pacificación de los pueblos supo conquistar. Ese método era practicado por la Inquisición, pasó a la historia con el nombre de sistema inquisitorio (opuesto a acusatorio) o inquisitivo (opuesto a dispositivo). Así se lo conoce hasta hoy, veamos en qué consistía.

El pretendiente, convertido en acusador de alguien (a quien llamaré resistente para mantener la sinonimia de los vocablos utilizados) le imputaba la comisión de un delito. Esa imputación –he aquí la perversa novedad del sistema– la hacía ante él mismo como encargado de juzgarla.

Por cierto, si el acusador era quien afirmaba (comenzando así con el desarrollo de la serie procedimental) resultaba elemental que sería el encargado de probarla. Sólo que por sí y ante sí, para juzgar la imputación después de haberse convencido de la verdad de la propia imputación...

Por obvias razones, este método de enjuiciamiento no podía hacerse en público. De allí que las características propias del método eran:

• el juicio se hacía por escrito y en absoluto secreto;

• el juez era la misma persona que el acusador y, por tanto, el que iniciaba los procedimientos, bien porque a él mismo se le ocurría (así su actividad comenzó a ser oficiosa o propia de su oficio) o porque admitía una denuncia nominada o anónima (ello quedó escondido en la idea del accionar oficioso);

• como el mismo acusador debía juzgar su propia acusación, a fin de no tener cargos de conciencia (que, a su turno, debía confesar para no vivir en pecado) buscó la prueba de sus afirmaciones, tratando por todos los medios de que el resultado coincidiera con lo acaecido en el plano de la realidad social;

• para ello, comenzó la búsqueda de la verdad real;

• y se creyó que sólo era factible encontrarla con la confesión; de ahí que ella se convirtió de pronto y para siempre en la reina de las pruebas (la probatio probatissima);

• y para ayudar a lograrla, se instrumentó y reguló la tortura.

La idea de opresión aparece clara: tanta es la desigualdad entre pretendiente y resistente, producto de hacer coincidir en una misma persona los papeles de acusador y juzgador. Es como un clavo que intenta penetrar en el cuerpo del acusado.

Este sistema se utilizó en diversas partes del mundo por más de 500 años, y hoy domina el enjuiciamiento penal en varios países de América y su influencia se ha extendido al enjuiciamiento civil, donde se tolera con agrado la actuación oficiosa de los jueces, particularmente en materia probatoria.

Descripción del sistema inquisitivo

Es un método de enjuiciamiento unilateral donde la autoridad –actuando como pretendiente– se coloca en el papel de investigador, de acusador y juzgador. De tal modo, y conforme a lo que ya se ha visto al recordar cómo se amplió paulatinamente el método con el correr de los siglos, puede decirse que sus características son:

• el propio juez comienza, oficiosamente o por denuncia, las actuaciones del caso y se preocupa por hacer adelantar el juicio mediante el puntual ejercicio del impulso procesal;

• el mismo juez se encarga de investigar y buscar las pruebas que le puedan resultar aceptables para lograr el convencimiento de la rectitud de su acusación y, así, poder dormir en paz sin sufrir el peso de un cargo de conciencia por eventuales injusticias cometidas (cuando hay parte interesada también en la producción de alguna prueba, la actividad se cumple igual mediante el ejercicio de las denominadas medidas para mejor proveer);

• el mismo juez que investigó, imputó y probó la imputación es quien juzga;

• ya no interesa que el juicio sea escrito u oral, secreto o público. En rigor, el sistema pasa por el papel preponderante que el juez ejerce durante el proceso, para poder cumplir el compromiso que tiene con la verdad y la justicia.

Incompatibilidad de ambos sistemas

En algún momento de la historia se intentó construir un tercer sistema: el mixto, producto de la mezcla de los dos conocidos. Con él operó tanto el enjuiciamiento penal como el civil, produciendo al menos en América una crisis judicial de gran magnitud que hoy no encuentra solución.

Y es que la mezcla de métodos antagónicos resulta imposible. Esto es así, pues los sistemas acusatorio e inquisitorio son filosófica, ideológica, moral y jurídicamente incompatibles.

Esto resulta de meridiana claridad en América, donde el sistema acusatorio es el adoptado por todas las constituciones del siglo xix (la mayoría vigente hasta hoy con sus paradigmas originales), en tanto que el sistema inquisitorio es el contenido en las leyes procedimentales, que ostentan obviamente un rango jurídico menor. De donde surge clara su inconstitucionalidad.

En otras palabras: la Constitución instrumenta el diseño triangular, en el cual el juez puede actuar con imparcialidad. En cambio, la ley adopta el diseño vertical, en el que el juez no puede actuar con imparcialidad por mucha que sea su buena fe y voluntad.

Cuando afirmo esto ante jueces antiguos (5) me desmienten afirmando que siempre han sido imparciales, aludiendo con el vocablo a su falta de interés personal, mediato o inmediato, en el resultado de los asuntos que procesan y juzgan. Pero creo que pecan por defecto pues la imparcialidad es algo más que carecer de interés.

Imparcialidad judicial

Se debe recordar qué se entiende por principios procesales. El punto de partida debe ser visto en función de lo que se pretende hallar o lograr al llegar (en el derecho privado esto se llama causa eficiente y causa fin).

Si el legislador procesal desea regular un medio pacífico de debate dialéctico entre dos antagonistas en pie de igualdad (6) ante un tercero que heterocompondrá el litigio (7), formular los principios necesarios para lograrlo implica tanto como trazar las líneas directivas fundamentales que deben ser respetadas para lograr el mínimo de coherencia que supone todo sistema.

Así concebidos, los principios procesales son sólo dos: la igualdad de las partes litigantes y la imparcialidad del juzgador. Veamos cada uno de ellos.

1) Principio de igualdad de las partes

Todo proceso supone la presencia de dos sujetos (carácter dual del concepto de parte) que mantienen posiciones antagónicas respecto de una misma cuestión (pretensión y resistencia).Ya se acepta doctrinalmente que si ello no ocurre se está ante un simple procedimiento y no ante un proceso. (…)

2) El principio de imparcialidad del juzgador

De mayor importancia que el anterior es éste --pues lo condiciona en su existencia-- que indica que el tercero que actúa en calidad de autoridad para procesar y sentenciar el litigio debe ostentar claramente ese carácter: para ello, no ha de estar colocado en la posición de parte (impartialidad) ya que nadie puede ser actor o acusador y juez al mismo tiempo (8); debe carecer de todo interés subjetivo, inmediato o mediato, en la solución del litigio (imparcialidad) y debe poder actuar sin subordinación jerárquica respecto de las dos partes (independencia). (…)

La cualidad de impartiales realmente definitoria de la actuación que al juez le cabe en un debido proceso ajustado a normas constitucionales y, particularmente, a lo que le toca hacer en materia de pruebas.

En efecto, si el juez es un verdadero tercero en el proceso (en situación de clara ajenidad o de neutralidad) respecto de las partes procesales, es obvio que no debe hacer ni puede aceptarse bajo pretexto alguno que haga lo que constituye esencial tarea de toda la parte procesal: introducir hechos en el proceso mediante su afirmación en la demanda o en la contestación, negar la existencia de los hechos afirmados, probar los hechos negados, alegar acerca de ellos, etc.

Pero hay más, la palabra imparcialidad significa varias cosas a la falta de interés que comúnmente se menciona en orden a definir la cotidiana labor de un juez. Por ejemplo,

• ausencia de prejuicios de todo tipo (particularmente raciales o religiosos);

• independencia de cualquier opinión y, consecuentemente, tener oídos sordos ante sugerencia o persuasión de parte interesada que pueda influir en su ánimo;

• no identificación con alguna ideología determinada;

• completa ajenidad frente a la posibilidad de dádiva o soborno; y a la influencia de amistad, odio, sentimiento caritativo, haraganería, deseos de lucimiento personal, figuración periodística, etc.,

• también es no involucrarse personal ni emocionalmente en el meollo del asunto litigioso

• y evitar toda participación en la investigación de los hechos o en la formación de los elementos de convicción,

• así como fallar según su propio conocimiento privado del asunto.

• Tampoco debe tener temor al qué dirán ni al apartamiento fundado de los precedentes judiciales, etcétera.

Así, la tarea de ser imparcial es difícil, pues exige absoluta y aséptica (9) neutralidad (10) que debe ser practicada en todo supuesto justiciable con todas las calidades que el vocablo involucra (11).

Conclusión

El juez del sistema inquisitivo, igual que el del sistema mixto (donde todo está teñido de inquisitorial por el predominio de la figura del juez sobre las partes) no es ni puede ser sujeto imparcial en los términos de esta cualidad.

Por el contrario, ese figura aparece diáfana en el sistema acusatorio, en el cual el juez es un verdadero tercero que, como tal, no suple a las partes ni hace lo que a ellas les corresponde hacer en todo proceso: afirmar, pretender y probar los hechos afirmados para convencer al juzgador de su existencia.

En todo proceso inquisitorial se privilegia al Estado en detrimento del individuo, por el predominio de la figura del juez totalitario: por eso es que, en su esencia, es método de investigación.

En cambio, en el acusatorio predomina la figura de las partes, a cuyo servicio se pone el Estado (por medio del juez) para que ellas puedan debatir en paridad. Así, en su esencia, es método de discusión.

Notas

1. Entendido como la coexistencia en el plano de la realidad social de una pretensión y de una resistencia acerca de un mismo bien de la vida.

2. Por tanto, si las partes aceptan de consuno un hecho y, así, tal hecho está fuera del litigio, el juez debe aceptarlo aunque no le guste y le conste que no coincide con lo acaecido en el plano de la realidad social.

3. No como ocurre en los países de América, en los que la declaración ante el juez muestra una suerte de divertido deporte de las partes procesales, en absurda posición de descarada mentira. Esto se hace por indebida interpretación de la garantía constitucional que establece que nadie está obligado a declarar en contra de sí mismo...

4. Hablo de la confesión como sacramento religioso, que consiste en la declaración de los pecados cometidos que hace el penitente a su confesor, con arrepentimiento del pecado cometido y el propósito de no volver a pecar.

5. Colegas de toda una vida, ya que he sido magistrado judicial del sistema inquisitorial por más de 30 años.

6. Para descartar el uso de la fuerza.

7. Si es que no se disuelve por alguna de las vías posibles de autocomposición.

8. Por eso es que en el sistema inquisitivo no puede hablarse con propiedad de una imparcialidad judicial en razón de que el juez es, al mismo tiempo, el acusador, es juez y parte. Idéntica reflexión cabe hacer respecto del juez de lo civil dentro del sistema que le permite subrogar a la parte procesal en la tarea de confirmar.

9. Si bien asepsia significa ausencia de materia de descomposición o de gérmenes que producen infecciones o enfermedades, por extensión aséptico es quien no muestra emoción ni sentimientos.

10. Es la actitud o comportamiento del que no se inclina por ninguna de las dos partes que intervienen en un enfrentamiento ni las beneficia ayudando a forzar la solución pretendida por una de ellas.

11. Insisto en esto por cuanto los jueces del sistema inquisitivo sostienen siempre --y con absoluta buena fe-- que actúan con una imparcialidad funcional que nada tiene que ver con la imparcialidad personal o espiritual que, de existir, no empañan a aquélla. Frase similar se lee en Los miserables, dicha por el inspector Javert para justificar su tenaz persecución al desgraciado Jean Valjean, cuando el policía descubre que no es así, se suicida.

Es profesor de Derecho Procesal, Rosario, Argentina, 2007.

Tomado de: campus.academiadederecho.org

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6 7
8 9 10 11 12 13 14
22 23 24 25 26 27 28
29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia