La Gaceta Jurídica

La influencia en la abogacía

Nuevas tecnologías

La informática en la profesión del Derecho  y en los servicios jurídicos alcanza cada vez mayores espacios.

La informática en la profesión del Derecho y en los servicios jurídicos alcanza cada vez mayores espacios. Foto: ejusticialatinoamerica.wordpress.com

La Razón Digital / Fernando J. Biurrun Abad

00:00 / 19 de agosto de 2015

La profesión de abogado puede ser identificada con elementos clásicos y tradicionales, su imagen está unida a grandes volúmenes en los despachos de abogados y de mantener un formalismo muy clásico (léase vestimenta en pleitos, salas de justicia, etc.).

En los últimos años esta imagen clasicista está sufriendo una transformación vertiginosa, donde las nuevas tecnologías han influido de manera radical en el ejercicio de la profesión.

La forma de tratar los asuntos jurídicos, la documentación, la gestión de los asuntos, las relaciones con los clientes, la comunicación con la administración de justicia, la gestión del despacho, la presencia en medios y el marketing de la firma se han visto influenciados por la aparición y consolidación de nuevas herramientas informáticas.

Los despachos del siglo XXI no se conciben sin la informática, la evolución de los profesionales ha sido vertiginosa y me atrevería a decir que la profesión de abogado ha pasado a ser una de las más tecnológicas en el comienzo de este siglo.

La documentación jurídica

Una de las primeras herramientas en cambiar la profesión fue la aparición de bases de datos jurídicas a finales de los años 80. Si bien durante los primeros años se consultaba a través de disco compacto (cd), a mitades de los 90 pasaron, dado el aumento progresivo del volumen de la información a disco dvd y al albor del nuevo siglo a ser on-line, a través de internet.

Las bases de datos jurídicas tuvieron muchos beneficios que los abogados supimos ver: aumentaba nuestra competitividad y nuestra productividad. El acceso a la información jurídica era mucho más rápido y las posibilidades de encontrar la sentencia o la norma que mejor solución diera a nuestro asunto nos hacía estar mejor posicionados.

El tiempo empezó a ser valorado como herramienta diferencial. La facturación de las editoriales jurídicas en esos años se transformó considerablemente. De tener el papel un peso del 100% sobre su facturación a mediados de los 80, este medio ha pasado a ser entre el 5% y 10% en beneficio de los productos informáticos.

Además, durante los últimos años han aparecido muchísimas webs, institucionales o privadas, con gran número de contenido jurídico, desde las que sirven con legislación y jurisprudencia, hasta las que analizan asuntos jurídicos y las que publican artículos doc- trinarles y de opinión.

El libro electrónico

Si bien el éxito de las bases de datos jurídicas fue arrollador, no lo ha sido tanto la presencia del libro electrónico en los despachos de abogados. Recuerdo alguna prueba piloto con lectores de Sony en 1992, pero que nunca tuvo éxito. El problema no estaba en los libros ni en los contenidos, al igual que sucede con el resto de los libros, sino que radicaba en la falta de un soporte exitoso que garantizara la presencia electrónica del libro.

Desde el lanzamiento del iPad en 2010, la presencia de contenidos jurídicos, que tradicionalmente se comercializaba como libros físicos, ha cambiado.

A través de las tablets podemos consultar códigos normativos e, incluso, libros doctrinales. Así podemos llevar nuestras estanterías de libros de consulta en nuestra tablet o, través de la tablet, vía internet, podemos consultar fondos inmensos de libros jurídicos.

La gestión de asuntos jurídicos

Conforme las máquinas de escribir fueron perdiendo su utilidad y los ordenadores se impusieron en el trabajo, los abogados comenzábamos a tener un problema de orden y de archivo. Los expedientes no solo se archivan físicamente, sino también electrónicamente. La gestión de los asuntos pasó a tener carpetas virtuales y apareció un sinfín de programas de gestión de despachos.

Básicamente, si un abogado tenía un hijo o un sobrino que había estudiado informática, se fabricaba su primer programa de gestión. Si le iba bien, trataba de venderlo a sus compañeros juristas, directamente o a través del Colegio de Abogados. Así nacieron las primeras empresas del software de gestión de despachos, algunas se han consolidado con éxito.

Con ello, la productividad aumentaba y se podía  gestionar la agenda, la facturación y el control de los asuntos que entraban en nuestro despacho. No obstante, había una barrera cultural. Los programas de gestión del despacho “obligan” a establecer un proceso unificado conforme a un modelo establecido. El caos en el trabajo de muchos profesionales llevó a que en algunos despachos colectivos la implantación de modelos uniformes no tuviera éxito.

La gestión documental y del conocimiento

Uno de los beneficios que tenía una buena gestión de asuntos era la accesibilidad al conocimiento, a los documentos de todos los profesionales que participan del despacho. El valor de la información generada por el propio despacho supera, con creces, los innumerables productos de formularios y modelos que ofrecen las editoriales jurídicas.

Así surgió la necesidad de digitalizar los archivos del despacho y clasificarlos con un software de gestión de asuntos jurídicos. La existencia de una copia digital facilita el acceso a la información generada por el propio despacho, a la experiencia realizada y, en suma, a fortalecer el conocimiento colectivo.

También, grandes despachos crearon el área de gestión del conocimiento, al que le correspondía gestionar la biblioteca del despacho e informar de las novedades a todos los miembros.

La comunicación con la administración de justicia

En paralelo, se realiza la informatización en la administración de justicia y surge la necesidad de comunicar a abogados y tribunales. Aquí se abre un mundo sin límites desde la presentación de documentos con firma electrónica a los tribunales, los procedimientos electrónicos en sedes judiciales (como cualquier tribunal), la posibilidad que acceso a toda la docu- mentación de un pleito, demanda, escritos de las partes, del tribunal, videos, sentencias, etc.

Embrionaria en muchos países, avanzada en otros, así la tecnología empieza a estar presente en salas de justicia, videoconferencias, abogados y jueces con portátiles y tablets, simuladores de accidentes virtuales, grabación de las vistas.

El cliente: el Marketing jurídico

Este proceso de informatización alcanza su éxito cuando se incorpora al cliente. A través de extranet se facilita a los clientes conocer el status de sus expedientes y estar informado permanentemente.

La comunicación por diferentes medios –correos electrónicos, webs corporativas, blogs profesionales, presencia en redes sociales– permite interactuar con los clientes actuales o potenciales. Muchos despachos han superado las webs corporativas para ofrecer servicios on line de consultas, formación, etc. Hay despachos que permiten descargar una aplicación específica para tabletas.

Asimismo, son innumerables las webs que han aparecido en el mundo ofreciendo directorios de abogados que facilitan la conexión con clientes. El posicionamiento de los despachos en dichas webs cobra una importancia, más cuando algunas de ellas establecen rankings públicos de los despachos.

La gestión de la marca

En suma, la imagen de marca de los despachos no solo ha ido creciendo por las interminables fusiones de las grandes firmas. El prestigio del abogado es una clave importantísima para la captación de clientes.

La gestión de la idea de marca ha ido en aumento cuanto más se han liberalizado las normas de publicidad de los colegios de abogados. Internet ha creado importantes mecanismos de notoriedad, web corporativa, blogs jurídicos, presencia en redes sociales, etc. Si no se han subido aún al tren de la tecnología, no duden en hacerlo ya. La esencia de nuestro saber es lo que no ha cambiado.

Es abogado, exprofesor asociado de la Universidad de Navarra, España.

Tomado de: revistalawyer.com

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