La Gaceta Jurídica

Una introducción a la sociología del Derecho

(Parte final)

Foto: introduccionalestudiodelderechounivia.wordpress.com

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Henry Trujillo

00:00 / 14 de octubre de 2015

Derecho irracional formal

Weber entendía que podíamos hablar de un Derecho formalizado, aunque no racional por carecer de sistematicidad, en el caso del Derecho “primitivo”, revelado por oráculos, aplicado ritualmente. Se trataría de un Derecho muy vinculado a cuestiones mágicas en el contexto de sociedades poco diferenciadas (“primitivas”).

Weber decía que se trataba de un Derecho formal por la alta ritualización del procedimiento, que inhibía la toma en consideración de las circunstancias en que habían ocurrido los hechos sobre los que se decidía.

Derecho irracional material

Esta es la forma de Derecho más típica de sociedades tradicionales, pero todavía sin el gran desarrollo civilizatorio que podemos encontrar en algunos de los grandes imperios de la antigüedad. Se trataría, como ejemplo típico, de la “justicia del cadí”.

El cadí era el juez en el imperio otomano que aplicaba justicia caso a caso, según principios morales, sentido político, etc. No es un Derecho racional en el sentido de que no hay una organización explícita de sus principios y disposiciones (aunque en muchos casos existe una base de sistematicidad por el solo hecho de existir un texto sagrado que sirve de fuente).

Es un Derecho material porque sus principios y reglas no son estrictamente jurídicos, en el sentido de codificados, sino que están basados en el sentido común, la moral o los programas políticos.

Derecho racional formal

El ejemplo claro es el Derecho positivo moderno. Para Weber, este derecho –por lo menos en la forma en que lo conoció él, en el último cuarto del siglo XIX europeo– es la más alta expresión de racionalización (está organizado como un sistema donde las decisiones concretas se desprenden por vía deductiva de los principios básicos establecidos explícitamente) y de formalización (idealmente, el Derecho está separado de la moral, la religión y la ideología).

Recuérdese que para Weber esta forma jurídica era la más adecuada para el desarrollo del capitalismo, por la alta calculabilidad y seguridad que podía ofrecer a una economía que requería previsibilidad para poder desarrollarse.

Dos aspectos básicos definen (sin perjuicio de otros) el Derecho formal racional, que la decisión jurídica aplica un precepto abstracto a un caso concreto y que todo caso puede ser encuadrado en el Derecho positivo. Para Weber es el grado más alto de racionalidad metódica. Es un producto específico de la civilización occidental y manifiesta el proceso de racionalización típico de occidente.

Derecho racional material

Se trataría de un Derecho cuyos principios básicos están determinados por ideologías políticas, la moral o la religión. Aunque puede suponerse que este tipo es opuesto al anterior, Weber admitía que también era compatible con altos grados de previsibilidad y calculabilidad, porque, al ser conocidos los principios sobre los que se administra el Derecho, se puede prever las decisiones aun cuando los principios tengan origen moral o religioso.

De hecho, Weber era consciente de que el Derecho anglosajón (el common law) era un Derecho racional material y, obviamente, eso no había impedido el desarrollo de una economía racional.

La tensión entre formalidad y materialidad del Derecho es uno de los aspectos más interesantes de observar en el Derecho moderno. Por ejemplo, la materialización de ciertos segmentos del Derecho es un fenómeno habitual en la sociedad contemporánea que responde a la necesidad de cumplir criterios de justicia y equidad en casos concretos.

La aparición de “estatutos del trabajador” desde la década del 30 en Europa y otras partes manifiestan la necesidad de apertura del Derecho (1). Un derecho totalmente formalizado no tendría contacto con la realidad. Siempre es necesario que existan principios materiales (de origen moral o que respondan a filosofías políticas), esto impide una total formalización. Pero, además, en circunstancias de cam- bios acelerados y profundos, la tendencia a la materialización se hace más evidente.

Para Weber era posible indicar relaciones de adecuación aproximadas entre estos tipos de Derecho y las formas de dominación.

Existe, sin embargo, una dificultad al vincular el Derecho racional material con algún tipo de dominación de forma específica. Existen sociedades tradicionales que sistematizan su Derecho sobre una base material (en general civilizaciones complejas, como la antigua Roma) y sociedades con dominación racional cuyo Derecho es también de base material (como Inglaterra y el common law).

En realidad, su fundamento tiene esa dificultad por cuanto los tipos ideales, recuérdese, nunca se dan de forma pura. En realidad deben ser tomados como modelos que, al compararlos con la realidad, permiten realizar hipótesis productivas para entender mejor los procesos sociales.

En este caso, la dificultad de vincular el Derecho racional de base material con un tipo de dominación en especial se explica porque el grado de racionalidad o de formalización vs materialización responde a las presiones a que se ven sometidos los sistemas jurídicos frente a los cambios históricos.

Así, cuando una sociedad se vuelve más compleja, como ocurre con las tradicionales que se desarrollan, el Derecho se vuelve más y más sistemático, por lo tanto, más “racional”. Esto es porque la multiplicación de intercambios económicos, en especial comerciales, requiere una regulación que sea previsible y conocida.

Por otra parte, Weber entendía que a estos factores “externos” que llevaban a sistematizar el Derecho había que sumarles factores “internos”. El principal era el tipo de operador jurídico: en dominaciones de tipo carismático, el operador es también alguien dotado de carisma, que tiene mandato en base a la creencia en su inspiración divina o en virtud de su sabiduría extraordinaria.

En sociedades tradicionales no complejas, el Derecho está ligado a la ritualidad religiosa y, en muchos casos, es administrado por magos o chamanes. En todos estos casos la aplicación del Derecho es una función compartida con otras (religiosas, políticas).

Cuando las sociedades se hacen más complejas se hace necesario un Derecho más sistematizado y esto, a su vez, requiere que existan operadores especializados exclusivamente en la administración jurídica: los “notables jurídicos” u “honoratiores”.

Esto tiene varias consecuencias a largo plazo: separación de norma religiosa y jurídica, consolidación de un cuerpo de disposiciones exclusivamente jurídicas y, eventualmente, su codificación, desarrollo de la doctrina, en tanto arte de interpretación de las disposiciones jurídicas, en especial, señala Weber, desarrollo de una profesión jurídica autónoma, con sus propios intereses corporativos.

Justamente, el desarrollo de un cuerpo profesional de intérpretes del Derecho impulsa la formalización y sistematización de las normas jurídicas (no como causa única, sino como factor importante, se entiende). Esto es porque los profesionales desarrollan técnicas, principios y procedimientos de interpretación generales que pueden aplicarse a muchos casos distintos. Además, requieren enseñanza profesional, lo que lleva al desarrollo de escuelas especializadas. En el caso de Europa continental, el desarrollo de la enseñanza especializada del derecho impulsó la formalización, reflejada en las codificaciones del siglo XIX.

Como ya hemos dicho, Weber encontraba afinidades estructurales entre capitalismo racional, Derecho racional formal (o material) y dominación legal racional. Pero se abstuvo de proponer que existieran relaciones causales fijas entre estos fenómenos. Él pensaba que la racionalización jurídica es un aspecto particular de la tendencia general de racionalización (económica, política, en el arte, la ciencia, etc.), característica del Occidente moderno.

Esta racionalización es paralela a la racionalización religiosa que se manifiesta como secularización y que tiene un anverso particular en la cultura: el desencantamiento. Weber veía esto con cierto pesimismo. Por eso escribía en sus últimos años:

“El destino de nuestra época se caracteriza por una racionalización e intelectualización y, sobre todo, por la pérdida de religiosidad del mundo. Precisamente los valores últimos y más sublimes han desaparecido de la vida pública y se han recluido en el reino trascendente de la vida mística o en la fraternidad de las relaciones fraternales inmediatas” (Weber, 2003:475).

Es decir que la racionalización de la sociedad –incluyendo la del Derecho– tenía como contrapartida una sociedad donde los orientaciones racionales con arreglo a fines (es decir, instrumentales) se expandían y abarcaban cada vez más esferas de la vida social. Posiblemente pueda entenderse esa observación como un anticipo notable de muchos fenómenos que vemos en nuestra vida cotidiana, eso explica por qué estos conceptos de Weber siguen útiles a casi un siglo de su muerte.

Bibliografía

Errandonea, Alfredo (1983). Perspectiva sociológica del derecho. Conferencia dictada en el Centro Rioplatense de Estudios Jurídicos y Sociales el 9 de abril de 1983.

Mayhew, L. (1969). Sociología del Derecho. En Parsons, T. (comp). La sociología norteamericana contemporánea. Paidós, Buenos Aires.

Weber, Max. Economía y Sociedad. T 1, cp. I.

Weber, Max. Economía y Sociedad.  T1, cp. III: Los tipos de dominación.

Weber, Max. Economía y sociedad. T1. Economía y orden jurídico.

Weber, Max. Historia Económica General. Cp. IV. México, FCE, 1978.

Weber, Max. Política y ciencia (En: Obras selectas), Distal, Buenos Aires, 2003.

Berger, Peter y Luckmann, Thomas (1972). La construcción social de la realidad. Amorrortu, Buenos Aires.

Becker, Howard (1971). Los extraños. Sociología de la desviación. Editorial Tiempo Contemporáneo, Buenos Aires.

Castel, Robert (2006). La metamorfosis de la cuestión social. Paidós, Buenos Aires.

Fariñas, María José. La sociología del derecho de Max Weber. Civitas, Madrid, 1991.

Nota

1. Robert Castel describe, para el caso de Francia, la constitución de trabajador como un “miembro de un colectivo dotado de un estatuto social más allá de la dimensión puramente individual del contrato de trabajo” a partir de la ley de 1919, aunque ésta no llegó a hacerse totalmente efectiva hasta la década del treinta (Castel, 2006: 340-341).

Es escritor, sociólogo y profesor uruguayo, hoy está considerado uno de los mayores exponentes de la novela policial y la novela negra de la literatura rioplatense.

Tomado de: fder.edu.uy

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