La Gaceta Jurídica

La lucha intelectual por la reivindicación indígena

Textos e ideologías

La reivindicación indígena actual es resultado de una lucha de años de activistas e intelectuales.

La reivindicación indígena actual es resultado de una lucha de años de activistas e intelectuales. Foto: cantovivo.wordpress.com

Amelia Peña Aguilar

00:00 / 21 de febrero de 2014

Las reivindicaciones indígenas de ésta época son producto de las luchas; por un lado la lucha activista de las naciones y etnias y, por otro, la lucha teórica de los intelectuales.

Los primeros interesados en comprender la racionalidad indígena fueron cronistas como Garcilaso de la Vega en su escrito “Comentarios Reales sobre los Incas”, también está el libro de Dick Ibarra Grasso “Pueblos Indígenas de Bolivia” y el trabajo de Emeterio Villamil de Rada “La lengua de Adán y el Hombre de Tihuanacu”.

Entre 1880 y 1910 muchos autores bolivianos han tratado de entender la economía indígena, unos analizando su tipología física, otros su psicología.

El estudioso José Núñez del Prado, con respecto a esta época, percibe que casi todas las interpretaciones dedican su esfuerzo a asuntos superestructurales, sean organizativos, políticos o de poder, abarcando religiosidad, ritualidad y costumbres culturales, todas importantes y significativas para entender la ancestralidad e indigenidad.

Gabriel René Moreno (1836-1908), quien en “Últimos días coloniales en el Alto Perú”, en “Narraciones Históricas” o en “Matanzas de Yánez” habla de la inferioridad de los indígenas chiquitanos y, como sabemos, el concepto que tiene de quechuas y aymaras es depredador.

Otro autor boliviano es Alcides Arguedas, quien, en su libro “Pueblo Enfermo” de 1909, mostró el medio físico opuesto al desarrollo del país, también habló de la psicología de la raza indígena y su pensamiento heredado de la Colonia dominante en las élites republicanas.

En 1910, Franz Tamayo, en “Creación de la Pedagogía Nacional”, respondió a las posiciones anteriores dándole otro rumbo a la lectura sobre el indio y su rol en la vida nacional y, a pesar de la crítica que recibió por haberse enfocado a partir del término raza, éste libro no ha sido superado en muchos aspectos que hasta el día de hoy son progresistas.

Raza, Estado y ayllu

El alma de la raza como base, pero con el objetivo de darle un carácter nacional a todo lo que se nos ha dado desde Europa, hace hincapié en que la raza debe saber qué pensar de sí misma, que no debería tener duda racial ya que esto le llevaría a una crisis que la haría perecer, por lo que se debería buscar una conciencia nacional, despertar las energías de la raza, más como un sentimiento que un concepto.

Tamayo también comparó al cholo letrado de las ciudades con un parásito para el Estado y la comunidad, reflexionó el abandono del Estado hacia el indio, quien era el depositario de la energía nacional.

Bautista Saavedra también exaltó al indio en 1913 con su libro “El Ayllu. Estudios Sociológicos”, él creía que en el ayllu aymara los lazos de parentesco se habrían sustituido paulatinamente por vínculos de solidaridad agrícola, que la cooperación agrícola ha debido desaparecer en el ayllu por la relajación de los lazos consanguíneos y por la amplificación social y territorial del clan.

Jaime Mendoza, en su libro de 1953 “El Macizo Boliviano”, habla de la raza aymara como una superposición de una fuerte raza de tipo mongoloideo sobre otra anterior, que acabó por ser englobada en la avalancha étnica invasora e hizo notar que, con su superior cultura e idioma, el vencido se impuso al vencedor, comunicándole su propia alma –el alma de la raza– que ha sabido dar a la lengua un especial carácter.

Pueblos y dominios

También escribió “El macizo de Charcas”, sobre charcas, los chichas, los Yura en Potosí y los de Tarabuco en Chuquisaca. Posteriormente estudió a los araonas de los ríos Beni, Madre de Dios y Orthon y al Chaco boreal.

Tristán Marof escribió en 1934 “La Justicia del Inca” y “La tragedia del Altiplano” donde explica que los aymaras, quienes nunca fueron sumisos, tuvieron que ser bordeados por los quichuas para ser controlados, de ahí que provincias como Muñecas y Apolo, entre otras, hablan quichua y el centro aymara es la actual La Paz.

José Antonio Arce planteaba que las características de la economía incaica eran la propiedad colectiva de la tierra cultivable, de aguas, pasto y bosque; la cooperación común en el trabajo y la apropiación individual de las cosechas y los frutos. Mencionó la división de clases sociales en el Incario por la forma de trabajo y el consumo.

Un hito en el debate fue marcado por Elizardo Pérez, Carlos Salazar Mostajo y Avelino Siñani con su experiencia en la Escuela Ayllu de Warisata, quienes analizaron la sociedad incaica y su función en la historia de Bolivia que subsiste como expresión oral y colectiva y que, en un país cuya mayoría es indígena, los sistemas educativos deberían ser para grupos aborígenes con fines de formación de una cultura indoamericana.

Sin embargo, el primer clásico y pionero que sentó bases conceptuales sobre la coloniedad, las naciones, el Estado multinacional fue Alejandro Ovando Sanz en sus obras “Historia Económica de Bolivia”, de 1982, “El Tributo Indígena en las Finanzas Bolivianas del Siglo XIX”, “La Ley Agraria Fundamental”, “Luminoso Destino de los Pueblos Indígenas”, de 1986, y “Sobre el Problema Nacional y Colonial de Bolivia”, de 1959. Después fue Zabaleta quien utilizó sus avances para hablar del abigarramiento del país.

Nación y Estado

Ovando fue el primero en preguntarse si existían una nación aymara, una quechua o yuracaré desde el concepto de raza de D’Orbigny, cuyas características eran la identidad física general y el idioma, mientras que para Ovando, además, contaban con una historia, un territorio, una economía y una psicología comunes.

Por eso, para Ovando, Bolivia que, además tiene una estructura demográfica especial, no es un Estado Nacional, sino un Estado Complejo de composición abigarrada desde el punto de vista nacional, compuesto por grupos étnicos, tribus, nacionalidades y una nación o estado de nacionalidad; en síntesis, un Estado multinacional con una nación boliviana.

Fausto Reynaga, en 1952, escribió “Tierra y Libertad. La Revolución Nacional y el Indio”, donde reflejó su pensamiento indianista e incorporó el concepto de Comunismo Incaico. La liberación india era darle tierra y libertad al indio, haciendo que éste se incorpore a la vida civil de la nación.

Años después organizó el Partido Indio Boliviano, que reivindicaba la sociedad ancestral sin hambre, pobreza ni sufrimiento, donde todos trabajaban en perfecta armonía. Si queríamos comunismo, no debería ser europeo, sino aymara. También fue pionero en hablar de las dos bolivias, la europea opresora, esclavista y explotadora y la mestiza.

Manifiestos y posiciones

Luego vino el katarismo cuya primera salida pública fue en 1973, en su Manifiesto de Tiwanacu; el segundo manifiesto fue emitido el 2 de agosto de 1977 donde reivindica el papel de Katari, Amaru y los indios en la liberación de América.

El papel de la csutcb (Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia) fue crucial desde 1983, cuando tuvo lugar su II Congreso donde se reivindican la identidad cultural, no racial. En 1984 propuso la Ley Agraria Fundamental, donde se visualizó un estado plurinacional por primera vez.

También es importante el papel del “Mallku”, jefe político del Ejército Guerrillero Túpac Katari (egtk), quien también formó el grupo mip (Movimiento Indio Pachakuti) e introdujo los conceptos de retorno al ayllu y al Kollasuyo.

Otro katarista importante es Genaro Flores Santos, cuyo libro de referencia es “Tupak Katari Vive y Vuelve Carajo”, de 1988, donde habla de la ignorancia de Colón al llamarnos indios y de la lucha de Katari, en cuyo programa buscaba realizar la guerra en todo el Tawantinsuyu, reivindicar la sociedad comunitaria, liquidar la cultura europea, revitalizar el aymara, quiswa, prohibir el cristianismo, también habla de Zárate “el Temible Willka” y su papel en la Guerra Federal. Piensa que la izquierda utilizó la wiphala para distraer y engañar al indio pero que también es enemiga.

Todas estas referencias, que son apenas un punteo, le dan razón a “Huracán” Ramírez cuando dice “no les debemos nada”, ya que toda reivindicación que hoy gozan las naciones del Estado Plurinacional no es nada más que el producto de una lucha constante y continua, que aún no ha terminado.

Fuente: Núñez del Prado, José. Economías indígenas, estados del arte desde Bolivia y la economía política.

Es economista, egresada en Derecho y diplomada en Pedagogía para la educación superior y en Diplomacia Cultural de los Pueblos.

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